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“No tengo un ombligo que contar”

Tiene 69 años, añora la que considera mejor época del cine español, “con productores que eran productores y no sólo financieros”, y cuenta que ahora se lo toma todo con calma. Le encantan la ópera y el cine, viajar y estar con sus amigos. Lee mucho — “la literatura es lo que más me interesa y más respeto”—, hace ejercicio en casa, porque “gimnasio, ni loco”, y disfruta tirado sin hacer nada.

Chávarri, en plan macbeth, pensando a quién asesinar.
Chávarri, en plan macbeth, pensando a quién asesinar.

Pregunta. El Festival de Málaga le da el premio Retrospectiva. ¿Eso es que le consideran ya fuera de juego?

Respuesta. Me consideran retirado, por supuesto. Y si le retiran a uno, uno se retira. Es una mecánica que funciona así.

P. ¿En qué consiste su dique seco?

R. En no parar desde el momento en que he decidido estar en dique seco: doy clases, trabajo en el Microteatro de Madrid, escribo guiones que no sé si se harán algún día o no. Es un dique seco muy cómodo. Si las cosas salen, muy bien. Y si no, también me quedo muy tranquilo, porque soy muy vago.

P. ¿Está ya en la edad de las verduritas al vapor?

R. Qué va. No sabe cómo me pongo de gintonics y de pisco sour. A lo mejor tengo una edad, pero de momento en ese sentido no me entero.

P. Toda una vida trabajando para convertirse en referente por una sola película, El desencanto, sobre la familia Panero.

R. Lo que es referente es la película, no yo. Y los elementos que funcionan en ella son principalmente los Panero. Si se puede llamar carrera a lo que yo he hecho, que he sido siempre un gran dilettante...

P. Que no le patine la modestia.

R. No, si no patina. Pero ha habido siempre un malentendido sobre si yo era un autor o no, y yo nunca me lo he considerado. El desencanto es un encargo, exactamente igual que Las bicicletas son para el verano o Las cosas del querer. El malentendido es que se supone que un director de encargo no sabe hacer una película como El desencanto. Pues yo sabía.

P. Instituto Británico y Colegio del Pilar. Estaba destinado a ser un cachorro con pedigrí.

R. Es que no tengo miuy claro lo que es el pedigrí. Generalmente lo que uno hace es: ¿Tengo esto? Yo quiero hacer lo que me dé la gana. Es un privilegio que te guste el cine y poderte dedicar a hacer películas. Lo de ser pilarista me marcó, pero para mal.

P. ¿Se quedó así desde entonces?

R. Pues sí. Pero ya no noto nada. Ya lo he superado.

P. Ha hecho cine, teatro, zarzuela. ¿Con qué no se atreve?

R. Pues no lo sé. Es que yo generalmente he hecho las cosas porque me las han propuesto. Y si no las había hecho nunca, más motivo para meterme.

P. ¿Iniciativa cero?

R. Es que mis iniciativas han funcionado muy mal. Yo no tengo un ombligo que contar especialmente. A mí me dan una historia y me apetece, puedo aportar algo, pero es una sensación muy subjetiva. No se trata de que tenga que expresar mi yo interior, nunca me ha hecho moverme esa interioridad.

P. Han escrito de usted: “Se sumerge en los laberintos, siempre paradójicos, del alma humana”. Para echar a correr.

R. Completamente [ríe]. Yo creo que no me he sumergido nunca, pero bueno. No, porque soy claustrofóbico. Del alma humana, algo debe haber.

P. Ha dicho que quizá su mejor película es Sus ojos se cerraron, sobre Carlos Gardel. ¿Después de bucear en tantos géneros nos sale tanguista?

R. No, es una película un poco borgiana, sobre la identidad, sobre las profundidades y el desdoblamiento del alma humana. Ni el tango ni la copla me han gustado mucho.

P. Pues entre sus hitos está Las cosas del querer. Copla total.

R. Es que a mí me dicen: hay que hacer copla, y hago copla.

P. ¿Y está más cerca de La bienpagá o de La Zarzamora?

R. Pues lejísimos de las dos. Me parece poesía popular muy buena, pero no forma parte de mi catálogo.

P. “Me parece insoportable relacionarme con el poder”. ¿Jamás iría a merendar con Rajoy?

R. No, no, cuidado. Una cosa es la curiosidad por el poder, que es inmensa y me encanta la política, y otra tener una relación. Ir a merendar un día, sí. Pero si un amigo mío tiene un puesto, instintivamente me aparto.

P. Por si el presidente recoge el guante, ¿qué prefiere, té o café?

R. Me da lo mismo, Yo me intentaría fijar en el personaje. Pero no me va a invitar...

P. Supongo que, con la fobia al poder, no renunciará a ser bisnieto de Antonio Maura, que también fue presidente del Gobierno.

R. Pero eso me coge tan lejos... Se murió en el año 25. También era tío mío Miguel Maura, que era ministro de la República. O sea que en mi familia siempre ha habido una de cal y otra de arena.

P. ¿Y usted está en la cal o en la arena?

R. Yo, en la cal hasta el cuello [risas].