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La pasarela gris de los políticos

'Política y moda. La imagen del poder', es un libro que pone en el banquillo a los políticos

Gobierna con uniforme y está muy lejos de la moda de la calle

Varios expertos analizan el vestuario y la apariencia de los personajes públicos

Ilustración de Fernando Vicente Ampliar foto
Ilustración de Fernando Vicente

Los políticos españoles gobiernan con uniforme: un traje, y la mayoría de las veces mal llevado. El Parlamento no solo no es ninguna pasarela sino que sigue muy de lejos la moda de la calle. Si los políticos no se quitan su uniforme, el de las políticas todavía no está definido del todo. Aquí no se presta tanta atención a esta faceta de la imagen política como en otros países, aunque se hacen progresos. ¿Se preocupa la clase política lo suficiente por su ropa? ¿Qué debe decir el atuendo de un político?

“Tiene que ser coherente, serio, dar cercanía y seguridad al que la lleva. Esto es lo que debe buscar el estilismo gubernamental, todo equilibrado para que el político resulte creíble” explica Patrycia Centeno, periodista y autora del libro Política y Moda. La imagen del poder (Península) y directora de la web del mismo nombre (http://www.politicaymoda.com/), donde analiza lo que se ponen nuestros próceres. Para ella, un político no debería ir jamás vestido a la moda, "porque la moda es un sistema con caducidad y un político no puede permitirse caducar cada seis meses. Su objetivo es perdurar en el cargo y en el tiempo”.

También es importante por su función de representación, recuerda el asesor de comunicación política Antoni Gutiérrez-Rubí. Los políticos en el Parlamento "son nuestros representantes y presentarse con dignidad es una cuestión de respeto democrático. Nadie votaría a un político sucio o con ropas desgarradas”. Cada año Gutiérrez-Rubí hace un repaso de lo que ha dado la temporada política en cuestión de vestuario (http://www.gutierrez-rubi.es/2012/01/02/la-moda-politica-de-2011/).

Coinciden los expertos en que los políticos españoles no están muy allá en cuestiones de vestuario. "Su imagen es mejorable y deberían valorarse un poco más y proyectar una imagen mejor. Potenciar sus puntos fuertes y minimizar los débiles”, recomienda Montse Guals, de la asesoría de imagen personal Qué me pongo (http://www.quemepongo.es/). Mientras que en otros países se hace política por y para los medios y se pone especial cuidado en este aspecto, aquí suele ser tarea del gabinete de comunicación de los partidos y tampoco se esmeran demasiado en cuidar la indumentaria, quizás con excepción de las campañas electorales. Aunque sí se han notado mejoras a este respecto cuando José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy accedieron a la presidencia. “A Zapatero, cuando llegó a presidente, se le hicieron ciertos retoques: ajustar los hombros de la americana, adoptar el uso de camisa blanca o azul, cambiar las corbatas que llevaba, que a veces lucía con motivos infantiles, o sustituir los mocasines por los zapatos de cordones”, observa la estilista.

“Creo que estamos obcecados con el traje y la corbata”, dice Centeno, “el uniforme político se creó que en siglo XIX y ha habido pocas variaciones. Para ellos representa un escudo y no permiten que haya más variaciones, exceptuando que cada verano se plantea el debate corbata sí o corbata no. Pero existen más alternativas”. Por lo demás, no todos los trajes son iguales. “Hay un traje ideal para cada silueta, más o menos estructurados”, explica Guals. “Importa el color, el grosor de la solapa y su combinación con la corbata, etcétera. Y ahí se ve mucha falta de armonía entre la clase política”.

El atuendo de la mujer política todavía no está completamente definido. “El uniforme político femenino hay que construirlo de nuevo”, sentencia Centeno. "El del hombre fue creado para ellos cuando nadie imaginaba que la mujer iba a entrar en política. ¿Qué hace la mujer? O se viste imitando la vestimenta de sus colegas masculinos o se feminiza, las dos opciones no eximen de juicio, siempre van a recibir críticas”. La candidata socialista francesa en 2007, Ségolène Royal, hizo mucho por modernizar la imagen de las políticas, en opinión de Centeno, proponiendo que era posible optar al gobierno siendo guapa y femenina. En el otro lado podría citarse a Angela Merkel, que, según Guals, “debería mejorar mucho su imagen. Tiene un aspecto muy masculino pero tiene que entender que también se puede ejercer el poder con un look femenino”.

Caso aparte es el de Amaiur, cuya imagen se aleja muchas veces de lo convencional en política

Las diferencias entre las políticas de derecha y de izquierda se han ido desolviendo en los últimos años, en la era del capitalismo global. ¿Pasa lo mismo con los atuendos estereotipados de la izquierda y la derecha? “El mundo de la trenka se ha superado ya por un estilo más cosmopolita y urbano. Si puede haber diferenciación entre looks más clásicos y otros más contemporáneos, a la moda, pero ni tienen que limitarse lo conservadores a los primeros y los progresistas a los segundos. Eso dependerá de cada persona”, dice Gutiérrez- Rubí. “La izquierda y la derecha en general ya no se reconocen, ya no hay tantas diferencias, porque un día llegaron a la conclusión de que si estaban todos en el centro podían aprovechar más votos, cuando se mimetiza el mensaje y se mimetiza también la imagen”, explica Centeno. La imagen de la derecha se ha ido modernizando, sobre todo después de que el expresidente José María Aznar comenzase a lucir una melena informal. Según Centeno, en las Nuevas Generaciones del PP cada vez se lleva más un estilo chic bohemio, un poco hippie, que busca actualizarse. Pero, agrega, si se compara con las juventudes socialistas, sí que hay algunas diferencias. En personas de más de 50 años el uniforme es más parecido, es una edad en que los cambios tampoco se aceptan tan rápidamente.

Caso aparte es el de Amaiur, cuya imagen se aleja muchas veces de lo convencional en política, prescindiendo de la corbata y utilizando otras prendas como suéteres, camisetas y demás. “Se saltan lo establecido, pero está bien, es ideología de izquierdas, tiene su justificación. Me puede gustar más o menos que vayan al Congreso con tejanos, pero no me parece una incoherencia. No todos tienen que vestir igual, sino que han de ser reconocibles por el electorado”. Las camisetas con mensaje estampado en el pecho también son frecuentes en ciertos sectores de la izquierda, como en el caso de Mònica Oltra, diputada de Compromís en las Cortes Valencianas, aunque no está claro que esto sea lo más recomendable: “Las camisetas con mensaje distraen del discurso. Si leo lo que pone la camiseta puedo dejar de prestar atención al discurso”, afirma Centeno. Una flagrante incoherencia ideológica fue la ocasión en la que la popular María Dolores de Cospedal lució un pañuelo palestino morado en un acto del partido en 2010. Más coherentes con el estado actual de las cosas y su ideología (que no del todo bien) son los ministros del actual gobierno: “Van en plan funeral, pero también el momento acompaña. Dicen los sociólogos que en periodos de depresión económica o guerra lo que buscamos es al padre protector, buscamos vestimentas muy conservadores. En este asunto, el PP lo tiene fácil”.

¿Qué políticos se visten bien? “Es una pregunta difícil, definir qué es vestir bien”, explica Gutiérrez-Rubí:  “Cuando Hugo Chávez se viste con camisas rojas o con un chándal estampado con la bandera venezolana puede que no esté vistiendo bien según nuestro gusto estético, pero sí perfectamente acorde con su movimiento político”. Sin embargo sí hay políticos que, según los expertos, mantienen una buena imagen. Uno de ellos es Josep Antoni Duran i Lleida, portavoz parlamentario de CiU. “No solo porque siempre va impoluto. Viste muy coherente con su ideología de derechas, su imagen también es muy conservadora, pero después se acerca a la gente con elementos de tendencia, las gafas de colores, las corbatas, los tejidos que usa que no son los comunes en política. Lo domina perfectamente, y gana puntos. Aparte de seguro y serio tiene esa cercanía”, dice Centeno. En el plano femenino cabría destacar a la exministra Elena Salgado. “Utilizaba color, bolso, joyas, se maquillaba y nunca se ha oído un comentario sobre su imagen”, explica la periodista, “y si se oía algo era para decir ‘qué correcta va esta mujer siempre’. Nunca guapa o extraordinaria, la palabra era correcta. Ese es el secreto, que la imagen acompañe, nunca eclipse”.

Sobre el presidente estadounidense Barack Obama hay unanimidad: su encanto natural va más allá de su indumentaria y puede resultar elegante incluso en traje de baño saliendo del mar, o remangándose la camisa para agacharse a saludar a una niña, situaciones en las que se le ha visto en los últimos tiempos. Son ejemplos en el que el carisma del personaje va por delante. El verdadero poder es, por ejemplo, el del desaparecido Steve Jobs, que ni siquiera necesitaba vestir formal y proyectaba una imagen poderosa con un jersey negro de cuello vuelto y unos tejanos. “Se nota mucho cuando se viste con algo y no se siente a gusto”, concluye Gutiérrez-Rubí, “la ropa no hay solo que ponérsela, sino vivirla, mimetizarse con ella como si fuese una segunda piel, no como una armadura o un corsé.

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