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OBITUARIOS

Elizabeth Connell, brillante soprano sudafricana

Gran especialista en Wagner, su repertorio iba desde Mozart a Britten

La soprano sudafricana Elizabeth Connell interpretando 'Nabucco', de Verdi, en la Ópera de Sidney en 2005
La soprano sudafricana Elizabeth Connell interpretando 'Nabucco', de Verdi, en la Ópera de Sidney en 2005 GETTY

Elizabeth Connell fue una gran soprano, en el sentido musical, humano y físico. Su corpulencia nunca la acomplejó: decía que Maria Callas había perdido el control de su voz cuando adelgazó y ella, que disfrutaba comiendo, jamás perdió el control de sus recursos vocales; de una voz que empezó en la tesitura de mezzosoprano y se reinventó a principios de la década de 1980 saltando a la tesitura de soprano; de una voz que, pese al paso de los años, nunca perdió su primigenia frescura. Gran especialista en Wagner, así como en Verdi y Richard Strauss, su repertorio abarcó desde títulos de Mozart a obras de Britten. Murió el pasado 18 de febrero en Londres a los 65 años víctima de un cáncer de pulmón.

Elizabeth Connell nació el 22 de octubre de 1946 en la ciudad surafricana de Port Elizabeth. En su familia siempre hubo música y ella sintió desde pequeña la necesidad de actuar. Estudió piano, ambicionaba ser concertista, pero el canto se impuso en su camino y a los 19 años ya cantó en una producción estudiantil de Dido y Eneas, de Purcell. Después de graduarse en música en la Universidad de Witwatersrand, en Johanesburgo, se matriculó en la facultad de Geografía para calmar la ansiedad de sus padres, que no veían en el mundo de la música un futuro laboral seguro. Una beca le permitió proseguir en 1970 sus estudios en el London Opera Center, en el Reino Unido, con el checo Otakar Kraus. Y tras ganar en 1972 un concurso pudo debutar oficialmente ese mismo año en el Festival de Wexford, Irlanda, interpretando el personaje de Varvara de la ópera de Janácek Katia Kabanova.

En 1973 cantó en la primera obra que se interpretó en la Ópera de Sidney, Guerra y paz, de Prokófiev, y desde entonces mantuvo una estrecha relación con el conocido teatro lírico de las antípodas. En 1975 su participación en una velada de los Proms de Londres, donde cantó la sinfonía número 8 de Mahler bajo la dirección de Pierre Boulez, catapultó su carrera y pasó de interpretar pequeños papeles en la English National Opera a debutar en el Covent Garden de Londres en I Lombardi de Verdi. A partir de aquí su carrera despegó cantando en los principales teatros de ópera de Europa un repertorio centrado en Wagner, Verdi y Richard Strauss, compositores que han cimentado su prestigio internacional. En 1980 debutó en el Festival de Bayreuth con el personaje de Ortrud de Lohenngrin y el siguiente año el de Bragane de Tristán e Isolda.

Tras su paso por el santuario wagneriano hizo un alto en su carrera y reapareció en 1983 con la tesitura de soprano cantando el personaje de Fiordiligi de Così fan tutte, de Mozart, en la Scala de Milán; Electra en el Festival de Salzburgo; y Norma en la Ópera de Ginebra. Dos años después debutó en el Metropolitan de Nueva York. En España cantó por primera vez en 1984 en el Teatro del Liceo de Barcelona en una representación de la opereta de Johann Strauss El murciélago. En el Teatro Real de Madrid debutó en 2000 con Tristán e Isolda durante una visita de la compañía de la Staatsoper de Berlín capitaneada por Daniel Barenboim. También se la pudo oír en el Teatro Campoamor de Oviedo como Electra, en 2004, y en la temporada de ópera de Las Palmas, en 2009.

Turandot fue la última ópera que cantó, en febrero de 2011 en Praga, y su postrera aparición en público tuvo lugar en Hastings, en Inglaterra, el 27 de noviembre pasado, donde cantó algunas de sus arias de ópera favoritas. Deja un amplio legado discográfico que incluye grabaciones de Guillermo Tell, Los condenados de Franz Schreker, I due foscari de Verdi, la sinfonía número 2 de Mendelssohn o los Gurrelieder de Schönberg.