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OPINIÓN

Más pragmático, más austero

La feria está cada año mejor, más profesionalizada, con mejores piezas, comentaba una prestigiosa galerista de la feria en una entrevista a un periódico extranjero. La escuchaba y pensaba que probablemente tenía razón. Como ella, los profesionales siguen apostando por una feria que, tras muchas dudas, empieza a encontrar su lugar. Y lo encuentra en medio de una crisis que tal vez acabe por transformar ese mundo de arte que durante décadas, entre el exceso, ha jugado —a ratos— a epatar.

Me parece un Arco más pragmático y casi más austero, con propuestas que buscan más a un público interesado que llamar la atención de los medios, como ocurría otros años con algunas de las piezas imposibles cuyo único valor era el escándalo. En esta edición cuesta encontrar esa pieza-escándalo —aunque alguna hay, claro— delante de la cual todos los medios se paraban solo porque era llamativa, noticia. Hay pocas de esas piezas y estaba a punto de decir que menos mal. Este año se puede uno tropezar con piezas de culto, especiales, delicadas, combativas, grandes piezas... pero es raro encontrar la curiosidad más allá del valor de la propia obra. La excepción es, tal vez, la pieza de Wilfredo Prieto Un millón de dólares, expuesta en la galería Nogueras Blanchard. Un billete de dólar aparece reflejado entres dos espejos —reflejos infinitos, un millón— y está custodiado, debido el valor de la obra —indicada por el título— por un guardia de seguridad. Es un trabajo interesante en el que el artista trata de desenmascarar las contradicciones del mercado: el millón, virtual, está ahí.

Parece un milagro que en medio de la situación actual Arco siga adelante

Hay piezas para todos los gustos. Desde trabajos de artistas de culto como los Marcel Dzaama de la galería Helga de Alvear, con sus juegos y provocaciones a los espectadores, siempre listo para que lleguemos a sus imágenes infantiles tras las cuales se camufla un mundo perverso y fascinante; hasta unas piezas contundentes de Ai Weiwei en Ivory Press, excelente ocasión para ver trabajos de uno de los artistas más reconocidos internacionalmente; pasando por la delicada Ana Sacerdote, una constructivista argentina de la galería Jorge Mara de más de 80 años que jamás había expuesto hasta fecha reciente; o el artista Sánchez Castillo, cuyas obras —relatos sobre el franquismo— arrebataban muchas miradas en varias galerías de la feria. Ah, y los Chema Madoz de Moriarty, que siempre me sorprenden cuando los veo.

Se echaban de menos algunas galerías de América Latina: una pena. Parece que la apuesta europea es más clara. Los Solo Projects menos sorprendentes que el años pasado y las galerías más jóvenes como siempre, con un poco para todos los gustos, desiguales. Aunque al final me parece tal milagro que en medio de esta situación tan complicada siga adelante Arco, que he decidido apuntarme a la militancia de la galerista y decir que todo va bien y va a ir aún mejor. Creo que la baza del poder en esta coyuntura es deprimirnos para tener más control sobre nosotros con los miedos y las amenazas continuas. La cosa está en no dejar que lo consigan. Y levantar Arco con energía es un modo de que no lo consigan .