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'La Dama de Hierro' divide a los británicos también en las pantallas

Mientras la izquierda ve la película como un instrumento de propaganda, los conservadores se quejan al ver en la gran pantalla los años de demencia senil de Tatcher

Margaret Thatcher dividió a los británicos mientras fue primera ministra entre 1979 y 1990 y sigue haciéndolo hoy desde las pantallas con el estreno de The Iron Lady, la Dama de Hierro, la película en la que interpreta a Tatcher en su madurez de gobernante y también en su vejez, dominada por los primeros brotes de demencia.

Mientras la izquierda ve la película como un instrumento de propaganda de los años de Thatcher, un ejercicio del que está ausente la crítica sobre unas políticas de confrontación y división, los conservadores, con el primer ministro David Cameron a la cabeza, se llevan las manos a la cabeza al ver a su héroe político, a su mito del siglo XX, disminuido por la enfermedad.

"Meryl Streep tiene una actuación fantástica. Pero no puedo dejar de preguntarme por qué se ha tenido que hacer ahora. Es más una película sobre el envejecimiento y elementos de la demencia que sobre una extraordinaria primera ministra", ha declarado Cameron. "Creo que es una película que se tenía que haber hecho otro día", ha concluido.

"Meryl Streep seguramente ganará un Oscar por su fantástico retrato", opina la joven diputada Louise Mensch, que en el pasado se declaró admiradora de Thatcher, pero a su juicio en la película "se entra demasiado en la demencia de lady Thatcher y demasiado poco en la historia de su vida, en sus logros", ha declarado a Reuters.

Para Michael Heseltine, rival de la Dama de Hierro y en cierta medida el hombre que provocó su caída, "la señora Thatcher fue una formidable primera ministra y hacer una película sobre su última etapa describiendo los problemas de su avanzada edad me parece de un mal gusto extraordinario". El muy thatcherista Michael Portillo, que con el tiempo se ha convertido al conservadurismo progresista, se ha sentido "incómodo" durante las escenas que reflejan la enfermedad de su héroe.

Y sin embargo, a pesar de todas estas pegas, el historiador y cineasta David Torrance cree que la película, debido a su simplismo y a la presentación aséptica de la obra de gobierno de Thatcher, sin analizar sus pros y sus contras, "se va a convertir en útil propaganda para el Partido Conservador" entre una población joven que no ha conocido a Thatcher directamente.

Torrance subraya en un artículo en CNN que los británicos se van a quedar "horrorizados" por el retrato que Meryl Streep hace de la Thatcher enferma porque "aunque su demencia ha sido mencionada a menudo por la prensa, muy pocos en Reino Unido son directamente conscientes de su alcance". Y afirma que en Estados Unidos no se hubiera aceptado fácilmente que un actor británico hubiera retratado la demencia del presidente Ronald Reagan cuando este aún estaba en vida.