Premios Príncipe de Asturias

Riccardo Muti seduce con Cherubini (y con 'Asturias, patria querida')

El músico italiano, que pronunciará uno de los discursos de la ceremonia de entrega, dirige en Oviedo el 'Réquiem' de su compatriota

Solo hay estos días en Oviedo un hombre capaz de competir en elegancia con Leonard Cohen: Riccardo Muti, Premio Príncipe de Asturias de las Artes "por su trayectoria de dimensión universal vinculada con los mejores teatros del mundo", según el jurado, por su "vocación investigadora y su formación humanística" y por ser capaz de "extraer el espíritu de cada obra a través de las mejores cualidades de las orquestas". Cohen y Muti compiten en elegancia y en silencio. Si ayer un coro interpretó el Aleluya del primero hoy un coro y una orquesta dirigidos por el segundo ha interpretado Asturias, patria querida, una pieza que es algo más que el himno protocolario de una comunidad autónoma.

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Todo lo que se ha oído cantar al canadiense han sido, esta mañana, los primeros compases del Gaudeamus igitur en la Universidad de Oviedo durante la inauguración de una exposición de sus dibujos y grabados. El italiano, por su parte, decidió declinar incluso el tradicional encuentro con la prensa, pero ha 'hablado' esta noche en el Auditorio Príncipe Felipe de la capital asturiana. Allí, sobrio y contundente, ha dirigió el Réquiem en Do menor de Luigi Cherubini, una obra estrenada en 1817 con motivos más monárquicos de lo que parece: conmemorar la muerte en el patíbulo de Luis XVI. El director napolitano la conoce a la perfección, no en vano la grabó hace casi 30 años con los Ambrosian Singers y la Philarmonia Orchestra de Londres. Esta noche le acompañaron el Coro de la Fundación Príncipe de Asturias y la Orquesta Juvenil Luigi Cherubini, una formación fundada por el propio Muti en 2004 y que agrupa a músicos menores de 30 años. Artistas como Claudio Abbado, Kevin Farrell, Gérard Depardieu o Herbie Hancock han colaborado con una orquesta que durante tres años forma a sus miembros, dice su fundador, "libres de las ataduras de la rutia y de la competitividad".

Muti recibió en febrero pasado el premio Grammy al mejor disco clásico y a la mejor actuación coral por su grabación en directo de la Misa de Réquiem, de Verdi con la Orquesta Sinfónica y Coro de Chicago, de la que es titular, y hoy ha demostrado en Oviedo su dominio de la voz humana y de la música funeral. El concierto, presidido por don Felipe y doña Letizia, se abrió con el himno nacional dirigido por el propio Muti, quien, Cherubini mediante, cerró el acto poniendo su batuta al mando del inefable Asturias, patria querida. El jurado que le concedió el premio que recogerá mañana en el Teatro Campoamor destacó su capacidad para "transmitir al público el mensaje intemporal de la música". Aunque no haya abierto la boca estos días públicamente, bastaba con verlo dirigir, con unos increíbles 70 años, dos himnos y una misa de difuntos para comprobar que tenía razón, que el sentido de la música es mucho mayor que su significado.

Riccardo Muti, antes de comenzar el concierto.
Riccardo Muti, antes de comenzar el concierto.FÉLIX ORDÓÑEZ (REUTERS)

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