Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Una gala pensada para el siglo XXI

Las redes sociales y el futuro del cine marcan el arranque del festival de San Sebastián

Una reflexión sobre hacia dónde va el cine, sobre si Internet ayudará o no a las películas, dicho desde una pantalla en un escenario da qué pensar. Juego de espejos del siglo XXI, encima contado por la vicepresidenta de la Academia, Marta Etura, copresentadora con Bárbara Goenaga. Las dos, de la casa, de la ciudad. Gala de redes sociales, gala que reflexionaba sobre el porvenir del cine calificado al inicio de nebuloso, incierto, complicado. Aunque vistas las payasadas de Frances McDormand, no debe de ser tan negro. Un emocionado Juan Diego Botto, presidente del Jurado de Horizontes Latinos, ha recordado el fallecimiento de un maestro de actores, Jordi Dauder. El habitual desfile de estrellas se ha cambiado por un encadenado de vídeos de miembros de la industria española y la lectura de twitters de los espectadores.

El resto ha sido un repaso a las secciones oficiales, paralelismos con el vestuario de Etura y Goenaga, del verde a unos impermeables transparentes con paraguas a juego, chaquetas de cuero e intercambio de idiomas (del euskera al castellano) y colores llamativos en los vestidos (incluido el amarillo prohibido por cualquier actor que se precie) que funcionaban perfectamente. Y guiños al pasado y al presente, como cuando el ciclo American way of death ha sido presentado por una leyenda, Walter Hill, y una directora debutante, Ami Canaan Mann, hija de Michael Mann.

El otro gran ciclo, el dedicado a Jacques Demy, ha sido presentado por sus hijos, el actor y director Mathieu Demy y Rosalie, y a su viuda, la también cineasta Agnès Varda, que ha mostrado su carácter: "Mi hija no va a hablar porque va a decir lo mismo que ya hemos dicho Mathieu y yo". El resto de las secciones han tenido también sus presentadores y sus momentos de gloria, incluida Glenn Close, premio Donostia, a la que han comparado con brisas y huracanes. La gala, con tanta explicación, ha acabado resultando larga y algo tediosa.

Al final, como en una bisagra, han vuelto las reflexiones sobre el mundo del cine con, en este caso, mensajes optimistas, junto con un momento de gloria anual: la entrega del premio FIPRESCI, el de la crítica internacional, al mejor filme del año, que ha recaído en El árbol de la vida, de Terrence Malick. Todo antes de la aparición del jurado de la sección Oficial, capitaneado por Frances McDormand, y de los protagonistas y el equipo técnico de Intruders.