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Marco Müller se marcha

El director del festival se despide tras dirigir la Mostra durante ocho ediciones

El momento de la noche ha sido la despedida de Marco Müller, quien se ha tomado la libertad de despedirse justo después de haber entregado el León de Oro a su amigo Aleksander Sokurov. El director de La Mostra, de negro riguroso, esbozó un discurso que sonó como el adiós que todo el mundo temía... al menos en Venecia. El italosuizo dio las gracias a su equipo y afirmó que "sois vosotros los que tenéis que juzgar el balance de mis últimos cuatro años" mientras Paolo Baratta, presidente de la Biennale, le miraba con cara de póquer desde una de las esquinas de la Sala Grande del Lido de Venecia.

Müller, que llegó a Venecia en 2004 ha conseguido que el festival sobreviviera al gigantismo de Cannes, el cambio de fechas de Toronto (que ahora se solapa al certamen italiano) y a la llegada, cargado de millones, del festival de Roma. Precisamente esto último es lo que más temen los responsables del certamen de la ciudad de los canales: que Müller se mude a la capital de Italia para armar allí la marimorena con más recursos y respaldo político (algo que La Mostra jamás ha tenido).

Del futuro se hablará a partir del lunes pero el director, un señor algo intrigante (como han tenido oportunidad de comprobar la gente de Sky, una poderosa cadena que después de traer a Kate Winslet al certamen fue vetada de los actos oficiales del festival) y que tiene tantos partidarios como detractores, puede irse habiendo dejado a los críticos el mejor festival de la última década, con no menos de media docena de películas de gran calado (Cronenberg, Polanski, Clooney, Soderbergh, etc) y un montón de estrellas pisando el Lido. No son pocos los que creen que este golpe de fuerza ha querido ser un corte de mangas a sus enemigo y un hasta luego... que no un adiós.