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Reportaje:

The Jayhawks, regreso a la bendita melodía

Gary Louris y Mark Olson hablan de la reagrupación de la banda original con la que sacan nuevo disco y empiezan una gira por España

Los actuales miembros de The Jayhawks.
Los actuales miembros de The Jayhawks. STEVEN COHEN

"El secreto es la melodía". Al otro lado del teléfono Gary Louris, cantante y guitarrista de The Jayhawks, suena convincente desde su casa en la localidad española del Puerto de Santa María. "Siempre fue lo esencial para componer nuestras mejores canciones", añade. Más de 15 años después de hacer brillar con sus melodías imperecederas el universo de la música norteamericana, The Jayhawks han querido retomarlo donde lo dejaron casi sin darse cuenta. El grupo que a principios de los noventa vistió a la musa del folk con la elegancia del pop más exquisito, cuando todo el mundo estaba pendiente del grunge, se ha vuelto a meter en un estudio para grabar su primer disco con la formación original tras la salida en 1995 del también cantante y guitarrista Mark Olson. "Es un álbum de una banda que nunca se ha separado del todo", asegura desde Oslo en conversación telefónica Olson. "Sentíamos como que habíamos parado demasiado pronto de hacer la música que nos gustaba", reconoce Louris.

Grabado en Minneapolis, Mockingbird time (Universal) es el nombre del nuevo disco que verá la luz en España el próximo 6 de septiembre. Para la ocasión, Olson y Louris, que sacaron hace dos años conjuntamente el flojo Ready for the flood mientras intentaban recuperar en los despachos ante su antigua discográfica la potestad del nombre de la banda, se han unido junto a la teclista Karen Grotberg, el baterista Tim O'Reagan y el bajista Marc Perlman, pieza clave de algunas de las mejores canciones en la historia del grupo. Pero antes The Jayhawks comienzan hoy una gira por España con motivo de la presentación del festival Turborock! Oportunidad perfecta para conocer de primera mano algunas de las 12 canciones que han dado forma a un trabajo que guarda en conjunto las mismas señas de identidad que les hicieron célebres, como ese espíritu melancólico arrebatador o la virtud para empastar las voces de Olson y Louris. "Somos las mismas personas de antes pero con la diferencia de haber compartido nueva información y experiencias, tanto por separado como juntos, y eso se refleja en el disco", explica Louris, quien se ha puesto a los mandos de la producción.

Con las referencias de Hollywood town hall y Tomorrow the green grass, los dos discos que sellaron en 1992 y 1995 respectivamente el maravilloso legado de los primeros Jayhawks, Mockinbird time no alcanza categoría maestra pero presenta a una banda con una personalísima vitalidad, que sigue su camino hacia adelante sin dejar de mirar por el retrovisor del pasado que les llevó, a finales del siglo XX, a ser considerados como dignos herederos de The Byrds. "Buscábamos una nueva música pero con el mismo enfoque de siempre", dice Olson. El disco, donde convergen con magnífico afecto cuerdas, teclados y voces, llama la atención por sus texturas de folk británico, con algún coqueteo psicodélico que no desentona como en Closer to your side, High water blues o Guilder Annie. "Es la influencia que más se capta en las nuevas canciones", dice Louris. "Siempre nos gustaron las bandas de la Invasión Británica. No solo los Beatles. Por ejemplo, Dave Clark Five", afirma Olson. Y, entre unos arreglos sobresalientes y algún medio tiempo sin gracia como Black eyed Susan, surgen joyas inspiradoras, marca de la casa Jayhawks. She walks in so many ways se cuela como una brisa de verano para recordar por qué esta banda estadounidense que nunca alcanzó un rotundo éxito comercial está considerada como una de las más influyentes de las últimas dos décadas, por qué, a diferencia de otros, su cancionero de folk-rock se ha conservado como el buen vino que cuanto más envejece mejor sabor guarda.

Enfoque tradicionalista

Formados en Minneapolis a mediados de los ochenta, The Jayhawks empezaron como una banda de bar que emergió en lo que en se dio en llamar escena del country alternativo, una serie de grupos desconocidos al amparo de una generación de formaciones como R.E.M., Rain Parade o The Long Ryders que, a principios de la década presidida por el sintetizador, revitalizó los enfoques tradicionalistas y las guitarras. "Realmente nunca he sabido que significa el country alternativo", afirma Louris. "Nosotros hacíamos música de los Jayhawks. Nunca he creído en las etiquetas. Es para oyentes perezosos", añade. A decir verdad, la banda fundada por Louris y Olson, tras venir ambos de grupos distintos, tenía poco de country y menos de esa actitud de cierta tensión punk tan solicitada en ese ambiente subterráneo. "En Estados Unidos, relacionamos más la música country con el sonido de Nashville y creo que nosotros éramos más del folk", cuenta Olson, quien puntualiza: "Aparte, era una escena muy oscura la que nos precedía. No tenía difusión, pero la gente tomó prestadas ideas de esos grandes grupos. Por ejemplo, Dream Syndicate era una grandísima banda. Pero es que los chicos de Dream Syndicate ya hablaban de Gram Parsons. Gram por sí solo estaba en todas partes, en su música y en la nuestra".

En 1986, grabaron su primer trabajo de nombre homónimo al de la banda, que en verano de 2010 el sello Lost Highway reeditó con el título al que se referían algunos fans: The Bunkhouse. Tres años después, entre los cuales un accidente de coche casi acaba con la vida de Louris, publicaron Blue Earth, el disco por el que recibieron una atención local importante y les permitió dar el salto de una discográfica independiente a una grande. El productor George Drakoulias, que también descubrió a los Black Crowes, se los llevó a American Records y surgió la magia en forma de dos álbumes, Hollywood town hall y Tomorrow the green grass. Aquellos chicos del Estado de Minnesota hicieron lo que su paisano Bob Dylan solía decir en algunas entrevistas en los sesenta: "Vengo de Minnesota y allí no hay nada. Lo mejor es escapar y no regresar". Olson lo resume así: "Fue la oportunidad para salir de Minnesota. Por primera vez tuve la oportunidad de ir a Europa. Fuimos 12 veces a Reino Unido en un año". En palabras de Louris: "Esos discos nos pusieron en el mapa. Y fue nuestro momento para establecernos por nosotros mismos".

En plena fiebre grunge, con Nirvana grabando para la MTV y la mayoría de adolescentes queriendo ser Kurt Cobain o Eddie Vedder, el elegante folk-rock de The Jayhawks parecía una anomalía en Estados Unidos comparado con esas guitarras distorsionadas repletas de desencanto. "Era un sonido violento para nosotros", afirma Louris. "La banda nunca podría haber sonado con esas guitarras eléctricas ni esas baterías. El sonido estaba demasiado alto para nosotros", explica Olson. "Podíamos haber intentando poner más rock a nuestro sonido, sonar más fuertes, pero no nos dejamos influir por eso. Nosotros solo queríamos ser nosotros mismos", añade.

La identidad de esos primeros Jayhawks, que ahora vuelven a la carretera con nuevo disco, pasaba por rastrear en la trastienda, donde, al margen de las modas, se encontraban los discos que habían definido la historia del folk norteamericano. "Nos nutríamos de viejos álbumes. Sintonizamos con el 'Sweetheart of the rodeo' de los Byrds o con los Flying Burrito Brothers. Queríamos por todos los medios hacer esa música. Nuestro paisaje se basaba en el bluegrass, country, blues, soul y rock. Era algo realmente divertido y bonito. No pasaba el tiempo para nosotros", cuenta Olson. Pero no estaban solos. En esa estela sonora se encontraban interesantes formaciones como Whiskeytown (donde empezó Ryan Adams), Uncle Tupelo, Cowboy Junkies, Old 97's o Blue Rodeo. Incluso de todo ese espíritu surgió Wilco el mismo año de la publicación de Tomorrow the green grass. Los de Jeff Tweedy consiguieron el éxito que a The Jayhawks siempre se les escapó mientras que, con el cambio de siglo, se creó una absurda e inexistente competencia entre ambas bandas para ver quién era la mejor de la etiqueta americana, derivada del country alternativo anterior. Al final, lo que ha quedado es la obra de unos y otros y ha sido en ambos casos un faro de luz para la última generación de jóvenes. "Nuestra escena existió y sirvió para la que hay ahora con The Fleet Foxes, Band of Horses o Bon Iver. Es música que no se pierde y habrá siempre nuevos testigos para recoger la antorcha", dice Louris.

Pero The Jayhawks ahora son presente. Como en Hollywood town hall y Tomorrow the green grass, Mockingbird time esconde dos caras de una misma moneda: el folk de Olson y el pop de Louris, quien, a pesar de la salida de Olson, demostró una excelente visión musical cuando se hizo cargo del grupo y publicó el sobresaliente Sounds of Lies. "The Jayhawks es la conjunción de ambas simplicidades", se defiende Olson, quien no cree que el grupo sea un clásico en vida: "Somos solamente The Jayhawks. Antes, intentábamos construir algo grande, ver cumplidos nuestros sueños en canciones. Ahora, simplemente, queremos que el sueño no se apague". Louris sentencia: "Pero la música de The Jayhawks será siempre la música de The Jayhawks. No hay una banda que suene como nosotros". De ser así, el secreto ya está confesado: la melodía, la bendita e impecable melodía.

Gira española. Madrid: hoy a las 21.00 h. en sala Heineken / Santander: mañana sábado a las 21.00 h. en Festival In / Alicante: domingo a las 21.00 h. en el Auditorium Palacio de Congresos.