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"Los fotógrafos de prensa siguen despreciados por la profesión periodística"

El fotohistoriador Publio López Mondéjar es el comisario de la exposición 'El tiempo amarillo' que ofrece, en el Museo del Traje, de Madrid, una mirada a los oficios en la España de los últimos 80 años

De las modistillas de los años veinte a las drag queen, de las mecanógrafas a los empleados de un centro tecnológico de automoción. Trabajos y oficios en la España de los últimos 80 años. Ese es el hilo de la exposición El tiempo amarillo, que acoge el Museo del Traje, en Madrid. Su comisario, el fotohistoriador conquense Publio López Mondéjar, ha elegido las 76 fotos y quiere "reivindicar, también, a los fotógrafos de prensa, que siguen despreciados por la propia profesión periodística", afirma.

"Los fotógrafos han estado siempre menospreciados, incluso por gente de su oficio, por una vanguardia que hoy está en retirada, la de los que no hacían fotos, sino piezas, que querían inventar la realidad, ser artistas", dice López Móndejar. Fotógrafo, una profesión tratada a baquetazos; el proverbial olvido de los reporteros -un hecho que López resalta en toda la conversación-, "explica el que se hayan perdido grandes archivos".

En este largo trecho fotográfico destacan "los trabajos que han definido el desarrollismo", explica López

La muestra se completa con seis breves documentales dirigidos por el prestigioso director de fotografía José Luis López Linares

En la exposición El tiempo amarillo se pueden recordar oficios que han desaparecido o se han transformado, como las telefonistas retratadas por Luis Escobar; o los jóvenes barquilleros, con trajes sucios y gastados, de rostros agotados tras recorrer todo el día las calles de Madrid, fotografiados por Santos Yubero. En la muestra, organizada por el Ministerio de Cultura y Páginas Amarillas -ahora publicadas por Yell Publicidad y que celebra su 40 aniversario-, hay también espacio para el campo, con las lecheras de Pola de Laviana (Asturias), obra de Valentín Vega, o la foto Distribuidora de prensa, en la que una mujer posa con un burrito negro en cuyas alforjas asoman ejemplares de El Ahora, La Libertad, Abc y El Sol.

El desarrollismo

En este largo trecho fotográfico destacan "los trabajos que han definido el desarrollismo", explica López, y las nuevas profesiones: Tatuador del Raval, de Navia, o el musculoso boy de Despedida de soltera, de Rafael Trobat.

López, miembro de la Academia de las Bellas Artes de San Fernando, y la documentalista Lucía Laín han alumbrado una exposición y un catálogo -"trabajos de encargo muy bonitos"- que retratan cómo España "pasó de ser un país subdesarrollado a una nación desarrollada". Las imágenes del medio centenar de fotógrafos seleccionados arrancan en 1923, con una foto de Laporta de un maestro de música que enseña a una niña a tocar el laúd, y llegan hasta 2008, "la nueva sociedad", añade López, con una instantánea de Díaz Burgos de una clase de pilates en un lugar de la provincia de Cuenca.

En la nómina de elegidos para presentar esta España trabajadora están los pioneros, como Francesc Català-Roca o Luis Escobar. Por ambos siente "fascinación" López porque "dejaron el testimonio de una época, hacían de todo". También hay profesionales contemporáneos: Ouka Leele, Isabel Muñoz, Navia, García-Alix, Chema Conesa y Gorka Lejarcegi, de EL PAÍS. "Con estos futbolistas, a ver quién pierde", bromea López, consciente de que la muestra es un festín para los aficionados a la fotografía.

El tiempo amarillo tiene, lógicamente, un velo de nostalgia. "La fotografía es el lenguaje más adecuado para la rememoración, para contarnos lo que pasó, es el lenguaje más creíble porque es muy difícil que una foto mienta", subraya López. "Yo fui periodista antes que fraile y lo que veo en estas imágenes es que los fotógrafos no mentían porque su trabajo se iba a publicar al día siguiente, hacían certificados de presencia".

Falta de pretenciosidad

¿Hay una característica común entre todos ellos? "La falta de pretenciosidad, y la prueba es que antes se intercambiaban las fotos". López Mondéjar cuenta que así hacían, por ejemplo, dos figuras como Alfonso y Baldomero: "Cada uno se ponía en una zona de la plaza de toros y si uno necesitaba la foto para el día siguiente pero la mejor la había hecho el otro, se la cedían". Hoy las cosas han cambiado, "a muchos fotógrafos se les reconoce por su trabajo, tienen un lenguaje reconocible, un sentido de la autoría que no había antes".

El tiempo amarillo ya pudo contemplarse el año pasado en Barcelona y continuará por Sevilla, Zaragoza y Valencia, entre otras ciudades, cuando deje la capital el 31 de mayo.

La muestra se completa con seis breves documentales dirigidos por el prestigioso director de fotografía José Luis López Linares. Los protagonistas son negocios de toda la vida, como la célebre Casa Mira de turrones y dulces, en Madrid, o las Pescaderías Coruñesas, de Evaristo García, un emprendedor que explica los principios de su éxito: "Ser amable con el cliente, no engañar, ser serio y tener palabra. Y una cosa le digo, en esa línea quiero llegar al último día de mi vida". Trabajo y oficio.