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'Winter's bone': las chicas son guerreras

La directora Debra Granik llega a los Oscar con una pequeña película a camino entre el 'western' y el drama

Cada año una pequeña película indie, que casi siempre ha calentado motores en Sundance, se cuela en los Oscar con más verdad en sus imágenes que las principales favoritas. Este año el honor le ha tocado a Winter's bone (con cuatro candidaturas), segunda película de Debra Granik (la primera, Down to the bone, permanece inédita en España), la búsqueda de una adolescente, convertida en cabeza de familia, de su padre, recién salido de la cárcel. A ratos un western repleto de yonquis tirados, a ratos un angustioso drama familiar, a ratos una incisiva visión social de la zona de Ozark, en las montañas del Kentucky profundo, al sudeste de Estados Unidos donde viven los hillbillies, lo que en España llamaríamos los paletos pobres.

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Y una película que se incluye en el nuevo género de adolescente luchadora que tan buenos réditos ha dado estas últimas décadas: Juno, Pequeña Miss Sunshine, Valor de ley y, por qué no, Crepúsculo y Alicia en el país de las maravillas. "Lo de la chica fuerte funciona", comenta Granik por teléfono, "porque ellas son más listas que ellos a esas edades, y porque jugamos al concepto niña/mujer". Desde luego, su protagonista, Ree -encarnada por Jennifer Lawrence, candidata al Oscar que ya ha saltado a otra liga tras rodar X-men: first class-, supera miedo y situaciones brutales en pos de salvar la casa en la que vive con su madre impedida y sus dos hermanos. "Para un europeo debe de ser chocante, ¿no? Niños que disparan, que incluso puede que coman ardillas. Es una zona dura, fría, donde los hillbillies sobreviven con muy poco. Yo crecí en Massachussets y Maryland y solo había estado allí antes una vez. En realidad me interesó el libro de Daniel Woodrell. La gente está abandonada por el Estado, que no por las drogas, que han arrasado una generación. Como única salida les queda el ejército, sacrificarse en Irak o Afganistán a cambio de que su familia tengan algo de dinero".

A Granik le atrajo de la novela la supervivencia: "Sufren inviernos muy muy duros y Ree es una chica fuerte, que sobrevive como única muestra de orgullo". Un empuje que le ha llevado a ella y a la película hasta los Oscar: "Somos la película extraña que se ha colado en la carrera. Pero tal vez porque hay una apertura de mentes, que empieza a incluir entre los taquillazos cine auténtico. Nosotros tuvimos la suerte de arrancar con buen pie en Sundance, un festival que, a pesar de lo que oigas, sigue siendo fundamental para pequeñas películas. Ganamos el Gran Premio del Jurado en drama, y con ese galardón empezamos a encontrar distribución, ventas internacionales... a hacernos ver". Y para que la gente recuerde el daño que causa en EE UU la metanfetamina, más conocida como las anfetas o meth, en inglés. "Por supuesto no he hecho un documental, pero sí rodé allí para estar pegada a lo que contaba, y eso incluía mostrar cómo las anfetas han arrasado a la gente". Un trasfondo social y una carrera comercial que recuerda, y mucho, a Frozen river. "Sí, tenemos muchos elementos en común, más allá de la obvia diferencia de edad de las dos protagonistas. Pero es cierto que me siento agradecida con esa comparición: por frialdad, por coraje femenino, por trasfondo social, por tamaño de la producción y porque habla de una América que no suele salir en el cine, Frozen river y Winter's bone son primas hermanas".

Granik no piensa abandonar a las adolescentes guerrilleras en su próximo proyecto: una adaptación de... Pippi Calzaslargas. "Extraño, ¿verdad? [se ríe a carcajadas]. Aún estoy escribiendo. A ver qué sale de ahí, pero hay material muy interesante. Al fin y al cabo es otra chica que rompe moldes".