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Corrupción en el teatro

La obra '19.30' entra en la maquinaria que los partidos utilizan para ocultar sus delitos económicos

Un diputado del partido en el poder aparece desnudo a las puertas de un local de alterne con un maletín lleno a rebosar de billetes de 500 euros. Su detención pone el peligro una delicada negociación con la oposición. La maquinaria del partido se pone en marcha para que no trascienda a la opinión pública y haga naufragar un asunto de Estado. Un caso más de corrupción política, esta vez imaginaria, sostiene la trama de la obra de teatro 19.30, un thriller escrito por Patxi Amezcua (director y guionista del largometraje 25 kilates, y dirigida por Adolfo Fernández y Ramón Ibarra. 19.30, con los actores Roberto Enríquez, Fernando Cayo y Ana Wagener, se estrena hoy en el Teatro Arriaga, en Bilbao, coproductor del montaje.

La obra de Patxi Amezcua ha sido coproducida por el Arriaga

¿Es oportunista hacer coincidir el estreno de 19.30 con un momento álgido de la corrupción en la actualidad política? Fernández e Ibarra defienden que trabajaban en la historia mucho antes del estallido del caso Gürtel o del procesamiento de Jaume Matas. "Siempre es necesario hablar de un tema de actualidad, más cuando las encuestas dicen que los políticos se han convertido en una de las principales preocupaciones de los ciudadanos", señalan. "Es hablar de la incivilidad dentro de la clase política". Pero no sólo se acercan en la obra a los políticos que traspasan la legalidad por dinero. "La corrupción está en los que se llevan la pasta, pero es también ideológica. Y afecta a los mecanismos que se ponen en marcha en los partidos para ocultarla".

Su lista de referencias en casos de corrupción es larga. Filesa, Roldán, Naseiro, dicen, por citar los primeros que les vienen a la cabeza. "Contamos la corrupción con más gracia que en la realidad", dice Fernández. Su historia es una cuenta atrás, casi en tiempo real, que acaba a las 19.30, la hora en la que se debe firmar el acuerdo que la detención del diputado del maletín pone en riesgo. Es un montaje realista, que con sus dosis de suspense y su lucha contra el tiempo, gira en buena parte alrededor de una gran mesa de reuniones, en una escenografía diseñada por José Ibarrola. Allí salen a relucir todo el cinismo y las mentiras que se pueden poner en marcha para conservar el poder. Ibarra se ha reservado el papel del "distribuidor de los informes". La obra, explican sus directores, quiere contar la historia como observadores de la conducta humana, huyendo de la caricatura de los personajes.