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Un trato por amor al arte

La artista Lidia Toga crea una pieza de vídeo para la canción 'Animales vertebrados' de Christina Rosenvinge con la que tiene un particular acuerdo

El día que Christina Rosenvinge entró en casa de Lidia Toga, poco después de conocerla, no quiso irse de allí con la manos vacías. Lo cierto es que el piso de 40 metros cuadrados que Toga ocupa en el madrileño barrio de Malasaña despierta una extraña avaricia. Abarrotado de los dibujos que produce casi de manera automática, de muñecos descabezados o de pequeños escenarios de cuento para adultos, provoca en el visitante el deseo de ser parte del conjunto o al menos poseer un fragmento. Después de intentar comprarle una obra o hacer un encargo lo que Christina Rosenvinge se llevó de la casa fue un trato. "Ella me enseñaría a tocar una canción al piano y yo haría algo para ella" dice Toga.

El acuerdo se acaba de cumplir con ciertas variaciones. Como en un cuento circular, a Rosenvinge la obra de la artista le sugirió una canción, Animales vertebrados, y Lidia comenzó a hacer una pieza de video (que no un videoclip) sobre ella. El proceso culmina ahora y el resultado es una historia de unos pocos minutos en la que la voz narradora es la de Christina y los protagonistas son los dibujos de Lidia.

La pieza está realizada con una técnica llamada stop motion que consiste en aparentar movimiento capturando fotografías de objetos estáticos en diferentes posiciones y proyectándolas sucesivamente. Le llevó un año de mucho trabajo por puro amor al arte con la colaboración, también desinteresada, de un ejército de amigos que hicieron fotos, prestaron materiales y manejaron a los "actores". "Los buscaba baratos, buenos y manejables, así que decidí dibujarlos. A la larga no han resultado tan baratos porque ahora siguen viviendo conmigo y ya no trabajan", dice Toga de sus sufridos intérpretes. La única persona que aparece en la grabación es la propia Rosenvinge. "Me tuvo siete horas saltando sobre un piano de cartón pero fue bonito estar perdida entre las notas". El video se estrenó el mes pasado en la exposición colectiva S/T , comisariada por Cristina Vicario, como parte de una instalación en la que el espectador tenía que encerrarse en un armario forrado de elementos de la pieza para verla en la intimidad y sentirse un poco dentro de ella.

Para Rosenvinge, Lidia Toga define una generación nueva que usa los elementos de su infancia. La artista añade otra característica más prosaica sobre los creadores de su edad: lo complicado que les resulta vivir del arte. Aunque el vídeo de Animales vertebrados está al margen de esta atmósfera de desaliento. "Es algo para mí. Algo que hice porque quería. La gente que me ayudó venía a casa como el que va a clase de plástica y luego se quedaba a comer". La cantante recoge esta observación de la artista y la pone como ejemplo de un mundo que se desarrolla en paralelo a la crisis y en el que nada tiene que ver con el dinero. Algo refrescante desde la perspectiva de toda una carrera en el mundo del espectáculo. "En el show business te encuentras con falta de ilusión y nostalgia del pasado. Cada vez que quieres hacer algo nuevo hay alguien que te dice que no por razones que tienen 20 años de antigüedad".

Las dos mujeres hablan de esta criatura que tiene un poco de cada una. Son muy distintas y no pasan desapercibidas. La más joven parece querer hundirse en la silla de pura timidez pero sus comentarios son enérgicos y socarrones. La mayor es una rockera a la que a veces le sale la vena maternal -"tienes que promocionarte", le espeta en un tono de tierna reprimenda a la artista que ya es también amiga-. "Lo de Lidia era un secreto de unos pocos que ahora se está extendiendo", añade Rosenvinge que dice sentirse privilegiada de ser un personaje más dentro del universo dibujado de la artista, en el que entró justamente, sin trampas, a través de un trato justo.