Fervor religioso cubano en una exposición fotográfica colectiva

Ocho artistas narran con imágenes la festividad de San Lázaro, la más importante de la isla, en la muestra '17 Milagroso/Babalú Ayé'

San Lázaro y Babalú Ayé son los dos nombres del mismo ritual que los cubanos celebran puntualmente cada 17 de diciembre en Rincón, un barrio de la ciudad de Santiago de las Vegas. La tradición manda representar a Lázaro o Babalú, patrón de los más desgraciados, como un anciano que se sostiene con muletas, que va vestido con un saco de arpillera y acompañado por un perro escuálido que le lame las heridas. La doble identidad de la figura se proyecta en un culto dual, "donde los elementos africanos y cristianos se fusionaron para crear algo nuevo, distinto, ni puramente africano ni estrictamente católico", explica Jordi Feixa, comisario de la exposición fotográfica colectiva "17 Milagroso/Babalú Ayé" que desde ayer ocupa las salas Frida Khalo y Diego Rivera de la Casa de América .

"Los elementos africanos y cristianos se fusionaron para crear algo nuevo, distinto, ni puramente africano ni estrictamente católico"

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El vídeo de Sergi Agusti, en el microcine de la planta baja, presenta en movimiento las escenas de fe que ocho fotógrafos -juntos (en 2007) y por separado- han convertido en perpetuidades de papel. Una selección de 78 imágenes narra la determinación de unos feligreses que recorren a rastras y durante semanas el trayecto a la ermita de Rincón, con rocas y cadenas amarradas a los pies; la devoción inocente de los niños; el clima de fiesta, tormenta y necesidad en el siempre cinematográfico paisaje del trópico cubano. La exposición -estará abierta al público hasta el 24 de mayo- reúne trabajos de Cristina García Rodero, Pep Bonet, Juan Manuel Díaz Burgos, Miquel Torres, Raúl Ortega, Raúl Cañibano y Alain Pantaleón.

Libertad de expresión total

Bonet, autor intelectual de la iniciativa, hablaba ayer con cariño y satisfacción sobre el resultado del proyecto: "16 ojos ven mas que dos. Hemos conseguido una mirada completa y objetiva de San Lázaro". García Rodero, franqueada por Inma Turbau -flamante directora de la Casa de América- y su colega Alberto García-Alix, coincidía con Bonet al destacar la composición de una muestra forjada a partir de estilos diversos. "Es lo bonito de la fotografía, que admite una infinidad de enfoques", resume la ciudadrealeña, que ha dedicado gran parte de su carrera a fotografiar rituales en España y el mundo.

Imágenes de formato medio contenidas en marcos blancos proporcionan detalles, primeros planos y vistas panorámicas de Babalú Ayé, donde frecuentes charcos de agua y barro funcionan como espejos de la naturaleza y cojines de los peregrinos. La presencia de San Lázaro en la vida cotidiana de los cubanos surge de la intimidad de viviendas a media luz, en imágenes del fotógrafo murciano Díaz Burgos que registran la convivencia del fervor religioso con la pobreza y el deterioro.

Por doquier, los habanos y el ron subrayan el carácter local de la festividad. "Una de las pocas ocasiones donde los isleños pueden expresarse con total libertad", especifica Bonet respecto a un culto popular que tiene el consentimiento del régimen comunista. Católica y africana, la festividad de Babalú Ayé sugiere goce y sacrificio. Las fotografías de "17 Milagroso" reflejan esa singular combinación de la espiritualidad cubana.

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