Reportaje:

Licenciados en Payasología

Medio millar de artistas de circo se reúnen estos días en México

Especialistas en diversión. Reyes de la magia y la sonrisa. Narices de plástico y color, mucho color, sin olvidar las flores de plástico que escupen agua o el zapatón que pide a gritos un remiendo. Todo eso, y mucho más, toma las calles de México D.F. estos días por obra y gracia —mucha gracia— de la XIII Convención Internacional de Clowns, una reunión que comenzó en 1994 en demanda de escuelas específicas para ellos.

Medio millar de payasos, magos y otros especialistas del continente americano se congregan hasta hoy en la Ciudad de México con el objetivo confeso de intercambiar conocimientos y profesionalizar un oficio donde cunde el intrusismo ("la gente se pone una nariz y se maquilla y ya es payaso", denuncia el mexicano Tomás Morales, organizador del evento) y que, como otros trabajos y ocupaciones, tampoco es indemne a la crisis.

La llamada Feria de la Risa ha programado conferencias y talleres, así como concursos de maquillaje, lenguaje corporal, magia, mímica, actuación, globoflexia y vestuario, entre otras actividades. Pero el do de pecho más payaso se entona en las calles, entre la gente y, especialmente, los niños.

Ayer, los participantes, "trabajadores de la alegría" procedentes de Nicaragua, Guatemala, Costa Rica, México, Belice, Estados Unidos y El Salvador, marcharon por el centro de la capital mexicana, dejando tremendas huellas de zapatones y un rastro de confetis e ilusión.

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