Las renovables y el coche eléctrico contienen las emisiones mundiales de CO₂ del sector energético

La Agencia Internacional de la Energía prevé que el dióxido de carbono crezca algo menos del 1% en 2022 y marque un nuevo récord

Antigua central de carbón de Pego, en Portugal, cuyo cierre se produjo en 2021.
Antigua central de carbón de Pego, en Portugal, cuyo cierre se produjo en 2021.PATRICIA DE MELO MOREIRA (AFP)

Tras el enorme rebote de las emisiones de dióxido de carbono (CO₂) que expulsó el sistema energético mundial en 2021 —con un incremento del 6%— , muchos analistas esperaban otro gran incremento este año espoleado por las tensiones en el sector causadas por la guerra en Ucrania. Pero la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha hecho público este miércoles un primer análisis y sus previsiones son que aunque seguirán incrementándose, el crecimiento será “un poco menos del 1%”. Esta agencia apunta directamente a la “fuerte expansión de las energías renovables y de los vehículos eléctricos”, que evitan “un aumento mucho más acusado”.

El CO₂ es el principal gas de efecto invernadero y su acumulación en la atmósfera está detrás del proceso de calentamiento que sufre el planeta y que lleva a un incremento de las temperaturas medias y de los fenómenos extremos. Por eso, reducir las emisiones de este gas está en el centro de las políticas climáticas internacionales. A su vez, el sector energético —incluyendo la producción de electricidad, el transporte y los procesos industriales— es el principal emisor de todos, con más de dos tercios del total mundial.

Que el incremento de las emisiones de dióxido de carbono ligadas a la energía sea más moderado de lo esperado no quita para que vuelvan a marcar un récord histórico. Nunca este sector había emitido tanto CO₂, lo que no sitúa al planeta en la senda para que el calentamiento se quede dentro de los límites de seguridad; para eso hace falta que caigan drásticamente. Pero el análisis elaborado por la AIE en el que se avanzan las previsiones para este año tiene un tono optimista. “Estas emisiones de CO₂ están en camino de aumentar en cerca de 300 millones de toneladas en 2022″, lo que implica una subida “mucho menor” que la del pasado ejercicio, cuando se rozó un incremento de 2.000 millones “como resultado de la rápida recuperación mundial de la crisis económica provocada por la pandemia”. Los principales responsables de ese casi 1% de aumento previsto para 2022 son el incremento de la generación de energía y el sector de la aviación, “ya que los viajes aéreos se recuperan de los mínimos de la pandemia”.

Este año las previsiones más sombrías apuntaban a una subida parecida debido a la guerra en Ucrania. “Aunque la crisis energética provocada por la invasión rusa de Ucrania ha impulsado la demanda mundial de carbón en 2022 al hacer que el gas natural sea mucho más caro, el aumento relativamente pequeño de las emisiones del sector del carbón se ha visto superado considerablemente por la expansión de las energías renovables”. La AIE también reconoce que la guerra ha impactado en las expectativas de crecimiento económico, especialmente en Europa.

Pero, aun así, esta agencia se muestra moderadamente optimista debido a que la intensidad de CO₂ del suministro de energía —la cantidad de emisiones que se producen para generar la energía— mejorará ligeramente en 2022, con lo que se reanuda “una tendencia de años de mejora constante que se vio interrumpida el año pasado por la recuperación económica” tras la crisis de covid. “La mejora esperada de este año contrasta con lo que sucedió después de la crisis financiera mundial de 2008, que vio fuertes deterioros en la intensidad de CO₂ del suministro de energía durante varios años después del shock económico”, aclara la AIE. Y sus analistas apuntan a las renovables y a los coches eléctricos. Un ejemplo: sin el avance que se está produciendo en ambos casos “el aumento de las emisiones globales de CO₂ este año sería mucho mayor, más del triple, hasta alcanzar cerca de 1.000 millones de toneladas”.

“La crisis energética mundial desencadenada por la invasión rusa de Ucrania ha provocado una lucha de muchos países para utilizar otras fuentes de energía para reemplazar los suministros de gas natural que Rusia ha retenido del mercado. La noticia alentadora es que la energía solar y eólica están llenando gran parte del vacío, y el aumento del carbón parece ser relativamente pequeño y temporal”, ha sostenido a través de un comunicado el director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol. “Esto significa que las emisiones de CO₂ están creciendo mucho menos rápido este año de lo que algunas personas temían, y que las acciones políticas de los gobiernos están impulsando cambios estructurales reales en la economía energética”, ha añadido.

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Europa y China

Por regiones, la AIE prevé que las emisiones de la Unión Europea caerán este año a pesar de un aumento del uso del carbón. “Se espera que el aumento en el uso de carbón en Europa sea temporal, con una sólida cartera de nuevos proyectos renovables”, añade el análisis de la agencia. En China, la previsión es que las emisiones se mantengan planas este año, debido a “un crecimiento económico más débil, los impactos de la sequía en la energía hidroeléctrica y los importantes despliegues de energía solar y eólica”.

Además de por la guerra y la sequía histórica en una parte importante del hemisferio extratropical, el incremento en el uso del carbón y el petróleo este año también se ha visto impulsado por los problemas del sector nuclear. “El suministro mundial de electricidad de bajas emisiones ha sufrido un revés debido a una serie de interrupciones en las plantas de energía nuclear”, explica la AIE. “Esto se ha debido en gran medida a que más de la mitad de la flota de reactores nucleares de Francia estuvo fuera de servicio durante parte del año”, añade.

No basta con crecer menos

Pero, aunque se pueda considerar una buena noticia el moderado incremento de las emisiones, no basta con eso si se quiere que el calentamiento se quede dentro de los márgenes de seguridad que establece la ciencia. El calentamiento global debido a los gases de efecto invernadero de origen antropogénico está ya en unos 1,1 grados Celsius respecto a los niveles preindustriales. Y el Acuerdo de París establece que se debe quedar entre los 1,5 y los 2 grados. Para ello, los Gobiernos de todos los países deben presentar planes climáticos ante la ONU que lleven a que las emisiones globales sean cercanas a cero a partir de la segunda mitad de siglo.

La primera parada en esa ruta es 2030, cuando las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero deberán reducirse en un 43% respecto a los niveles de 2019, según el último informe del IPCC. En estos momentos, los planes de todos los países llevarán a una reducción de aproximadamente el 7% en 2030, según un análisis realizado por el Instituto de Recursos Mundiales (WRI, sus siglas en inglés) presentado este miércoles. Por eso no basta con que el crecimiento de las emisiones se modere, se necesitan recortes drásticos durante esta década decisiva. Según los últimos cálculos de la ONU, los planes de los países pueden llevar a un incremento que ronde los tres grados, con lo que se multiplicarían los fenómenos extremos.

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Sobre la firma

Manuel Planelles

Periodista especializado en información sobre cambio climático, medio ambiente y energía. Ha cubierto las negociaciones climáticas más importantes de los últimos años. Antes trabajó en la redacción de Andalucía de EL PAÍS y ejerció como corresponsal en Córdoba. Ha colaborado en otros medios como la Cadena Ser y 20 minutos.

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