Alarma por la aparición de grandes cantidades de algas en el mar Menor

Si continúan las entradas masivas de nutrientes, que provienen sobre todo de la actividad agrícola, lo más probable es que la situación sea igual o peor que el año pasado, asegura el comité científico que controla el estado de la laguna

Algas que han crecido en el mar Menor debido a su mal estado.
Algas que han crecido en el mar Menor debido a su mal estado.Isabel Rubio

El mar Menor vuelve a pedir auxilio. En esta ocasión, la alarma la ha provocado el rápido crecimiento de unas algas conocidas como cabello de ángel (Chaetomorpha linum) mezcladas con ovas (otro tipo de alga) en varias zonas, incluida La Manga del mar Menor. Esta planta aparece cuando en el agua hay exceso de nitrógeno, que en la laguna lo provocan los vertidos que llegan por diferentes ramblas, cargados de los restos de los fertilizantes que se usan en la agricultura. Las últimas mediciones indican que están entrando “valores elevadísimos” de nitrógeno, en torno a los 21.000 kilos diarios, ha advertido hoy en una rueda de prensa convocada por el Gobierno murciano (PP) Emilio Maria Dolores, presidente del comité científico que vigila la laguna, formado por políticos y expertos. Esta situación alarmante “marca un inicio de eutrofización”, que si no se para hará que, probablemente, “la situación sea igual o peor que la del año pasado”. En agosto de 2021 se produjo una gran mortandad de peces debido a la falta de oxígeno.

La franja de algas detectada en la zona de La Manga se encuentra a unos 100 metros de la costa y ocupa unos dos kilómetros de largo y una media de unos 50 metros de ancho, ha calculado la Plataforma Pacto por el Mar Menor. El Gobierno regional está retirando las algas desde hace más de tres semanas, el único método que existe para evitar que se descompongan en las orillas formando un limo que se desplaza y que, con la aparición del fitoplancton (compuesto de organismos microscópicos), conduce a una disminución del oxígeno. De momento, se han sacado más de 10.000 toneladas de biomasa y de algas.

Isabel Rubio, miembro de la plataforma Pacto por el Mar Menor y autora de un blog sobre biodiversidad de la laguna y el Mediterráneo, cuenta cómo en febrero ya se veían las orillas colmatadas por las mismas algas. Este martes se percató de que la situación se había complicado, cuando observó una franja de color plateado en el mar. “Cogimos un kayak y fuimos a ver qué era y nos encontramos con esto, a mí no me quedan ya palabras para describir el desastre, porque nunca había observado algo así en La Manga. Ha habido otros episodios, pero en la ribera inferior del mar Menor, por Los Alcázares y Lo Pagán, más cerca de donde vierten las ramblas”, indica.

Detalle de las algas que han crecido en la laguna.
Detalle de las algas que han crecido en la laguna.Isabel Rubio

El comité científico apunta como única solución para que el mar Menor no llegue a un punto de no retorno reducir el nivel freático del acuífero que existe en la zona y que está entre 16 y 17 metros por encima del nivel del mar. Esta masa de agua recoge desde hace décadas las filtraciones de las explotaciones agrarias, con los restos de los fertilizantes (nutrientes) que utilizan, algo que no se ha mencionado en la rueda de prensa. La laguna “es un sistema que cuanto más lo estamos alimentando, responde de forma innata consumiendo los nutrientes”. Si a esto se une la radiación solar, se produce más fitoplancton, el agua se vuelve más verde y nacen más macroalgas. De momento, el oxígeno se mantiene en buenos niveles, salvo en dos estaciones situadas en el centro del mar Menor, aunque esta situación no supone, de momento, ningún riesgo para los peces.

Un ecosistema desequilibrado y vulnerable

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Juan Manuel Ruiz, científico del Instituto Oceanográfico de España y experto en la laguna, pone en cuarentena la tesis del Gobierno regional y del comité científico de que solo con actuar en el nivel freático se solucionaría el problema, porque hay que tener en cuenta todos los arrastres de sedimentos que se producen con las lluvias. “Muchos provienen de parcelas agrícolas en las que la forma actual de cultivo provoca una desprotección del suelo”, detalla. Hay que tener en cuenta, añade, que la laguna cambió a partir de 2016 ―cuando colapsó por primera vez, convirtiéndose en una sopa verde― . “Se transformó en un ecosistema desequilibrado y más vulnerable a cualquier perturbación climática o producida por el hombre”. Las algas que han aparecido son “oportunistas y no aparecerían si en el agua no tuvieran nutrientes, aunque subiera la temperatura y la luz al llegar la primavera”, concluye.

Ángel Pérez Ruzafa, miembro del comité científico y participante en la rueda de prensa, ha lanzado un mensaje de “absoluta desesperanza”, porque se “llevan diciendo las mismas cosas seis años” el tiempo que llevan “vinculando la situación de eutrofia con la entrada de nutrientes debido al freático”. Pérez Rufaza ha culpabilizado al Ministerio para la Transición Ecológica de no poner freno al deterioro, porque “las medidas de control de la agricultura son buenas y necesarias, pero no suficientes”. En su opinión, “se han perdido seis años” para poner en marcha la infraestructura que permitiría reconducir el agua, tratarla y que no llegue al mar.

El consejero de Medio Ambiente de Murcia, Antonio Luengo Zapata, también presente en la rueda de prensa, ha cargado contra el Gobierno de España, al que considera responsable de no llevar a cabo “ninguna infraestructura” de las que se necesitan para poner freno a la entrada de agua. “El que quiera sumar, que siga trabajando con nosotros y el que no quiera, que se quite”, ha dicho en referencia al ministerio. También ha recordado que Murcia ofreció al departamento de Teresa Ribera asumir el proyecto del colector norte para recoger el agua de las ramblas y que no entrara al mar Menor, si el Estado no quería hacerlo, y que meses después no han recibido respuesta. Luengo no ha mencionado que los nutrientes tienen su origen en la actividad agrícola del Campo de Cartagena.

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Sobre la firma

Esther Sánchez

Forma parte del equipo de Clima y Medio Ambiente y con anterioridad del suplemento Tierra. Está especializada en biodiversidad con especial preocupación por los conflictos que afectan a la naturaleza y al desarrollo sostenible. Es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense y ha ejercido gran parte de su carrera profesional en EL PAÍS.

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