Queda tanta vida por descubrir en este planeta como la ya conocida
Unas 16.000 nuevas especies son descritas cada año, pero la mayoría de animales y plantas son catalogados como amenazados nada más hallarlos


Carl Linneo, el científico sueco que dedicó toda su vida a contar los seres vivos conocidos en su época (murió en 1778), clasificó unas 12.000 especies. Solo en 2017, fueron descritas 17.044. Y la ciencia lleva descubriendo y describiendo cifras similares al menos desde hace una década. En contra de lo que se creía, el ritmo de catalogación de nuevas especies no se está frenando, sino que se está acelerando en casi todos los grupos taxonómicos en lo que está organizada la vida. Más aún, según un estudio publicado en Science Advances, en la Tierra queda tanta por descubrir como la que ya se conoce. Lo malo es que buena parte de los nuevos organismos son catalogados como en peligro de extinción nada más ser descubiertos.
Linneo fue el que ideó el sistema binomial para catalogar a todos los seres vivos conocidos. Siguiendo su taxonomía, los seres humanos somos Homo sapiens. La primera, en mayúscula inicial, indica el género al que pertenece la segunda, la especie. Por encima hay más categorías, simplificando y en orden ascendente, las principales son: familia (Homínidos), orden (Primates) clase (Mamíferos), filo (Cordados), reino (Animales) y dominio (Eukaryota). Los siglos XVIII y XIX son los de las grandes expediciones científicas de Alexander von Humboldt, Celestino Mutis, Charles Darwin, o los llamados apóstoles de Linneo, que fueron llenando el catálogo creado por el científico sueco. Para inicios del siglo XX, buena parte de la ciencia creía que no quedaba mucha más vida por descubrir. Pero se equivocaban.
“Estimamos que entre 2000 y 2020 fueron descritas un promedio de 27 nuevas especies de mamíferos al año, junto con 336 peces de aletas radiadas [los actinopterigios, la principal clase de peces], 16 tiburones y rayas, 133 anfibios, 129 lagartos y serpientes y cuatro aves”, resume el biólogo de la Universidad de Arizona y autor sénior del estudio, John Wiens, en un correo. Y eso solo dentro del reino Animalia. Junto a un grupo de colegas, Wiens escudriñó y analizó las principales bases de datos taxonómicas, en particular The Catalogue of Life, considerada la biblia de la taxonomía.

Al rebuscar en el pasado, Wiens y demás comprobaron que, en efecto, en los primeros años del siglo XX se alcanzó la mayor ratio de especies descritas, con 1912 como su cima. Dos años después llegó la 1ª Guerra Mundial y la ciencia se dedicó a otros menesteres que buscar animales o plantas. El otro gran retroceso se produjo con la 2ª Guerra Mundial. Pero desde entonces, el ritmo de descubrimiento y descripción de nuevas especies no dejó de recuperarse y ya en 2008, se catalogaron más que en aquel 1912. Desde entonces, el ritmo se ha acelerado aún más hasta alcanzar una media de 16.000 desde 2015.
Wiens recuerda que descubrir no es lo mismo que describir. “La secuencia de eventos es que primero se descubre una nueva especie y luego se describe formalmente (es decir, se le asigna un género y un nombre de especie formales en un artículo científico publicado)”, explica, dándola a conocer de forma oficial. “Por lo tanto, se han descubierto todas las especies descritas, pero no todas las especies descubiertas se han descrito”, recuerda. En muchas ocasiones, una especie puede tardar décadas en pasar del descubrimiento a la descripción formal.
Hecha la aclaración, Wiens destaca que, entre los animales, “el número de nuevas especies anuales ha disminuido considerablemente en aves [desde inicios de este siglo], pero ha aumentado en anfibios, lagartos y serpientes y se mantuvo similar a lo largo del tiempo en mamíferos, peces con aletas radiadas, tiburones y rayas”.
La mayoría de las especies descritas en lo que va de siglo XXI son artrópodos (10.000 de 16.000 especies nuevas al año), en especial insectos, que ellos solos ya suponen en torno a 6.000 anuales. Como recuerda el biólogo estadounidense, “esto es lo que cabría esperar, dado que la mayoría de las especies conocidas son animales, con un predominio de artrópodos entre los animales y de insectos entre los artrópodos”. Este es uno de los patrones que han observado, que se descubren más especies de los grupos más abundantes ya en el catálogo.

Otro patrón que destaca es el empequeñecimiento de las nuevas descripciones. Lo que muestran es que a medida que un grupo de organismos se conoce mejor, las nuevas especies que se descubren se vuelven cada vez más pequeñas. Así que no parece probable encontrar una nueva especie de elefante. “¡Pero hay excepciones!“, destaca Wiens. ”Por ejemplo, en 2021 se descubrió una nueva especie de ballena frente a las costas de Florida que mide casi 13 metros de largo”, recuerda.
Wiens se refiere al rorcual de Rice, un cetáceo que fue descubierto en el golfo de México hace cuatro años. En realidad, se trata de una reclasificación. Hasta entonces, los ejemplares avistados se creía que eran rorcuales de Bryde, una especie emparentada. Pero un análisis morfológico en profundidad y, sobre todo, muestras genéticas, permitieron a la investigadora de la NOAA Fisheries (agencia de Estados Unidos para la ciencia y gestión de la vida marina), Patricia Rosel, determinar que era una nueva especie de ballena.
Nada más ser catalogado, el rorcual de Rice ya entró en la categoría de especie en peligro crítico, el paso previo a la extinción, en la nomenclatura de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Solo quedan un centenar de estos cetáceos. Es el patrón más oscuro detectado por este estudio: la mayoría de las nuevas especies de animales y plantas (en otros reinos la historia es otra) ya se encuentran amenazadas nada más ser descubiertas.

Un ejemplo reciente es el de la Thismia selangorensis, una planta del género de las linternas de hadas tan rara que no tiene nombre común. Revelada su existencia a comienzos de diciembre en la revista científica PhytoKeys, es tan endémica que solo crece en un bosque cercano a Kuala Lumpur, la capital de Malasia. Desde 2023, cuando fue detectada, solo han encontrado otros 20 ejemplares, así que ha ido directa a la Lista Roja de la UICN, también en la categoría de especie en peligro crítico de extinción.
“El esfuerzo más importante ahora es dar a conocer esta especie para que el público sepa que existe, aquí mismo, en este pequeño rincón del mundo, y en ningún otro lugar, al menos por ahora”, dijo en una nota la botánica del Instituto de Investigación Forestal de Malasia y coautora de la su descripción, Siti-Munirah Mat Yunoh. “Comprender su presencia es el primer paso para garantizar que esta extraordinaria planta no se pierda antes de que mucha gente sepa siquiera de su existencia”.
Para muchos científicos, la sexta gran extinción está en marcha. Wiens no está de acuerdo. “Creo que hay una profunda crisis de biodiversidad, porque cientos de especies se han extinguido en los últimos 500 años, y miles de especies pueden extinguirse en las próximas décadas debido al cambio climático”, se teme. Pero enseguida añade: “la tasa actual de descripción de especies es mucho mayor que la tasa actual de extinciones de especies conocidas, siendo aproximadamente mil veces mayor cada año”.

De seguir el ritmo de descubrimiento y descripción de nuevas especies, en poco menos de 400 años, casi el mismo tiempo desde que Linneo creara su taxonomía, el número de especies conocidas sobre el planeta se habrá doblado. Ahora, contando todo tipo de bicho viviente (excluidos los virus, sobre los que no hay acuerdo sobre qué son), hay algo menos de 1,9 millones de especies. Para entonces, los investigadores proyectan que habrá unos 3,55 millones.
La gran mayoría de los nuevos descubrimientos vendrá del mundo microscópico, con los hongos doblándose o las bacterias multiplicándose casi por siete, de entre los animales más pequeños o de los pocos rincones del planeta por explorar, como los fondos oceánicos. Pero nada impide volverse a encontrar con una linterna de hadas o una nueva ballena.
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