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Mijail Chesnokov, experto ruso en cáncer de páncreas: “Existía la posibilidad de que me enviaran al frente”

El bioquímico ha escapado de Rusia y se ha incorporado con un contrato temporal al Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, en Madrid

Russian biochemist Mikhail Chesnokov, photographed in the Spanish National Cancer Research Center, in Madrid, on June 27, 2023
El bioquímico ruso Mijail Chesnokov, fotografiado el 27 de junio en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, en Madrid.Samuel Sánchez

El ruso Mijail Chesnokov podría haber acabado con un fusil de asalto en el frente de guerra en Ucrania, triturado en la batalla de Bajmut como otros miles de soldados de su edad, pero se acaba de incorporar a un centro científico en Madrid para buscar la cura del cáncer de páncreas. Chesnokov, un bioquímico nacido en Moscú hace 35 años, escapó de Rusia en septiembre, tras la decisión del presidente Vladímir Putin de decretar una confusa movilización de cientos de miles de civiles rusos, obligados a combatir en la invasión de Ucrania. “Nunca he tenido un arma en la mano. No sé luchar, soy muy pacífico. Puedo tener un aspecto un poco agresivo, pero es porque me gusta el rock y el heavy metal”, explica Chesnokov con una sonrisa en su nuevo lugar de trabajo, el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), uno de los mejores del mundo en su campo.

El científico recuerda perfectamente el día en el que Putin anunció la “movilización parcial” de cientos de miles de hombres, ante la escasez de soldados profesionales. “Fue el 21 de septiembre. Yo estaba convencido al 95% de que iban a cerrar las fronteras para cualquiera en edad de servir en el Ejército”, rememora Chesnokov. El bioquímico ya había presentado su candidatura al Programa de Contratos Amigos/as del CNIO, una iniciativa financiada por 2.400 donantes para fichar a investigadores prometedores durante dos años. “Me daba pánico ganar una de las plazas y no poder salir de Rusia porque las fronteras estuvieran cerradas. Y además existía la posibilidad de que me reclutaran y me enviaran al frente, aunque era una posibilidad pequeña, porque se supone que intentaban no reclutar a doctores”, expone Chesnokov. “Así que me fui a Kazajistán”.

El bioquímico ruso voló de Moscú a la capital kazaja, Astaná, en pleno caos por la movilización, con colas kilométricas de ciudadanos en edad militar intentando escapar de Rusia. Tras una espera de seis meses, él solo en Kazajistán, Chesnokov logró su sueño: un contrato para trabajar en Madrid con el oncólogo Paco Real, referente internacional en la investigación de los tumores pancreáticos.

El cáncer de páncreas es el más letal de los tumores comunes, con una supervivencia de apenas el 10% a los cinco años del diagnóstico. El equipo de Paco Real descubrió en 2018 que una proteína, la NR5A2, actúa como interruptor de la inflamación del páncreas. Cuando los niveles de la proteína están bajos, se activan los mecanismos inflamatorios y aumenta el riesgo de sufrir un cáncer pancreático. El tumor mata aproximadamente a medio millón de personas al año en el mundo.

Chesnokov concentrará sus fuerzas en investigar la proteína NR5A2 en el CNIO. “El estudio está en sus primeras fases y no sabemos a dónde nos puede conducir. Podríamos llegar a un fármaco eficaz para tratar el cáncer de páncreas. O podríamos encontrar un compuesto útil para prevenir el tumor en pacientes con mayor riesgo. O podría ser un medicamento para curar la pancreatitis y reducir las probabilidades de que se desarrolle el cáncer”, expone.

El bioquímico ruso Mijail Chesnokov, en la puerta del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, en Madrid.
El bioquímico ruso Mijail Chesnokov, en la puerta del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, en Madrid.Samuel Sánchez

El bioquímico subraya que no ofrece su opinión sobre la invasión de Ucrania por razones personales, relacionadas con su familia. Su intención, recalca, es llamar la atención sobre los obstáculos a los que se enfrenta ahora cualquier ciudadano ruso, sea cual sea su postura política. “Tanto el 24 de febrero de 2022 —el inicio de la invasión— como el 21 de septiembre de 2022 —la movilización militar— fueron acontecimientos que cambiaron mi vida. El primero inició mis esfuerzos para empezar a buscar opciones para salir de Rusia, mientras que el segundo me obligó a abandonar el país inmediatamente, sin más preparativos”, señala.

El investigador ruso cuenta con una mezcla de frustración y humor las peripecias que ha vivido en los últimos años. Chesnokov, doctorado en el Instituto de Carcinogénesis de Moscú, se incorporó a finales de 2019 a la Universidad de Illinois, en Chicago, en el laboratorio de Andrei Gartel, un genetista ruso que se mudó a Estados Unidos tras el colapso de la Unión Soviética. “Mi esposa y yo éramos completamente felices. Y entonces llegó 2020 y la pandemia de covid. Fue desolador, todo cerró”, recuerda. Su pareja, neurocientífica, tuvo que suspender su búsqueda de empleo y encerrarse en casa.

“Y entonces llegaron las protestas del movimiento Black Lives Matter [tras la muerte el 25 de mayo de 2020 de George Floyd, un ciudadano negro asfixiado brutalmente por un policía]”, rememora el bioquímico. “En Chicago había zonas muy afectadas por los disturbios. Yo mismo vi saqueos y varios tiroteos, incluso desde la ventana del laboratorio”, afirma Chesnokov. Sus palabras contrastan con el trino de los pájaros en torno a su nuevo centro de investigación, ubicado en un jardín centenario junto al parque empresarial de las Cuatro Torres, en el norte de Madrid. Chesnokov abandonó Chicago y regresó a Rusia en 2021, con la idea de proseguir su carrera en la Universidad Estatal de Moscú. Y entonces llegó la guerra.

Paco Real recuerda que el bioquímico ruso le escribió por primera vez en 2015, para decirle que estaba interesado en trabajar en su laboratorio. Chesnokov no tenía entonces un currículum especialmente llamativo, pero el oncólogo español detectó otras virtudes. “Hay personas que, cuando hablas con ellas, te das cuenta de la pasión que tienen por la ciencia. Y no hay nada más importante. La inteligencia es importante, pero la pasión es fundamental. Y él tiene tres cosas esenciales: la inteligencia, la pasión y la persistencia”, explica Real. El investigador español, nacido en Barcelona en 1957, emigró en 1981 a Estados Unidos, para trabajar en el Centro Oncológico Memorial Sloan Kettering, en Nueva York. “Yo soy muy sensible a la gente que tiene que emigrar por la razón que sea. Nadie emigra por gusto”, argumenta Real.

Chesnokov todavía está estupefacto por la invasión rusa de Ucrania. “Todo cambió en febrero de 2022. Ya sé que la expresión «todo cambió» suena rimbombante, pero es exactamente lo que ocurrió. Nadie esperaba que un conflicto militar de tal magnitud se iniciara en medio de Europa en pleno siglo XXI”, reflexiona. El bioquímico lamenta el bloqueo a la ciencia rusa y las barreras con las que se topan los científicos que quieren salir de Rusia. “Los países europeos se perjudican a sí mismos, porque rechazan a investigadores rusos potencialmente muy buenos. Y no perjudican a Rusia, porque la mayor parte de sus ingresos procede del gas y del petróleo, no de la ciencia. El bloqueo a los científicos rusos no sirve para nada, solo para destruir las vidas de personas individuales que no tienen la más mínima posibilidad de cambiar nada”, opina Chesnokov. “Esto dificulta mucho que las personas que no están de acuerdo con el Gobierno puedan ir a otro país. Limita sus oportunidades de escapar”, advierte.

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Sobre la firma

Manuel Ansede
Manuel Ansede es periodista científico y antes fue médico de animales. Es cofundador de Materia, la sección de Ciencia de EL PAÍS. Licenciado en Veterinaria en la Universidad Complutense de Madrid, hizo el Máster en Periodismo y Comunicación de la Ciencia, Tecnología, Medioambiente y Salud en la Universidad Carlos III

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