El ‘caso Oumuamua’

El debate sigue encendido en torno al misterioso objeto que atravesó nuestro sistema solar en el 2017. ¿Asteroide, cometa, o trozo de chatarra extraterrestre?

Recreación de Oumuamua, objeto descubierto en 2017.
Recreación de Oumuamua, objeto descubierto en 2017.ESO / Reuters

El 24 de junio de 1947, el piloto norteamericano Kenneth A. Arnold avistó unos objetos con forma de bumerán que volaban al estilo de un platillo sobre la cordillera de las Cascadas, en Washington.

Un error periodístico convirtió el bumerán en “platillo volante”, quedando así transformada la forma de los ovnis en el imaginario colectivo. A partir de entonces, la literatura ufológica haría el resto a la hora de presentarnos los objetos interestelares como platillos volantes.

Todo esto viene a cuento por la polémica creada en torno al Oumuamua, el misterioso objeto interestelar que atravesó nuestro sistema solar de punta a punta el 19 de octubre del año 2017. Se trataba de un objeto extraño con forma de puro habano que sería descubierto gracias a las observaciones hechas por el telescopio Pan-STARRS. Todo un hallazgo por tratarse del primer objeto interestelar observado por el ser humano.

En un principio se catalogó como un cometa, pero luego se desechó tal registro. Aunque vaporizaba hielo cuando recibía radiación solar, no mostraba cola; carecía de la nube de polvo y gas que envuelve a un cometa. Por ello, al Oumuamua se le registró como un asteroide activo. Con todo, hubo personas poco convencidas con tal catalogación, en primer lugar los ufólogos quienes señalaron el Oumuamua como un elemento de civilizaciones extraterrestres, un curioso “platillo volante” con forma de puro.

El prestigioso Avi Loeb, catedrático de Astrofísica de la Universidad de Harvard, sostiene que se trata de la primera manifestación de vida interestelar

Luego está el prestigioso Avi Loeb, catedrático de Astrofísica de la Universidad de Harvard, quien sostiene que se trata de la primera manifestación de vida interestelar. Tal hipótesis la desarrolla en su libro Extraterrestre (Planeta), recién publicado en castellano.

Se trata de un trabajo que anima uno de los debates científicos más relevantes de las últimas décadas. Para Avi Loeb, el extraño objeto bautizado como Oumuamua no es otra cosa que chatarra cósmica; una pieza construida por civilizaciones que están fuera de nuestro sistema solar. Uno de los detalles de los que se sirve Avi Loeb para afirmar tal cosa es el reflejo de los rayos solares en la superficie del Oumuamua, un reflejo que multiplica su potencia por diez. Para Avi Loeb, esto se debe a la superficie metálica del inusual objeto.

Los científicos refutaron la teoría de Avi Loeb sugiriendo que el Oumuamua no es un despojo de un naufragio interestelar sino uno de los restos de un planeta

Por si fuera poco, hace unas semanas, los científicos refutaron la teoría de Avi Loeb, sugiriendo que el Oumuamua no es un despojo de un naufragio interestelar, sino uno de los restos de un planeta. Por lo tanto, se trataría de un escombro y no de una chatarra, ya que la reflectividad del Oumuamua tiene su causa en el hielo de nitrógeno que compone su superficie, un elemento que se encuentra en Plutón. Por tal asunto, lo más probable es que sea de un planeta similar a Plutón, pero que se encuentra fuera de nuestro sistema solar.

La respuesta de Avi Loeb no se hizo esperar, afirmando que no puede ser hielo de nitrógeno, pues, de ser así, tendría que tener carbono, y el telescopio no captó indicios de carbono en la trayectoria del Oumuamua. Hay que advertir que el nitrógeno y el carbono se forman juntos.

Así están las cosas hasta el momento. La polémica sigue su curso, el debate se enciende y lo que hoy se afirma, mañana se contradice. Mientras tanto, podemos deleitarnos con el magnífico libro de Avi Loeb donde el astrofísico no solo nos presenta por primera vez su teoría acerca del Oumuamua como un resto de “platillo volante”, sino que nos ofrece un didáctico aprendizaje por el Universo desde sus orígenes hasta hoy.

El hacha de piedra es una sección donde Montero Glez, con voluntad de prosa, ejerce su asedio particular a la realidad científica para manifestar que ciencia y arte son formas complementarias de conocimiento.

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