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Colau exige al aeropuerto y al puerto zonas de bajas emisiones

Las dos infraestructuras son uno de los motores de la ciudad, tienen proyectos de ampliación sobre la mesa y también son señaladas por entidades vecinales y ecologistas

El crucero 'Harmony of the seas', el año pasado en Barcelona.
El crucero 'Harmony of the seas', el año pasado en Barcelona.

Mientras se prepara para restringir el tráfico a los coches contaminantes a partir del 1 de enero de 2020, el gobierno de la alcaldesa Ada Colau ha exigido esta semana al puerto y al aeropuerto de Barcelona que preparen también zonas de bajas emisiones para reducir la contaminación de la que son responsables. Las dos infraestructuras son uno de los motores de la ciudad, tienen proyectos de ampliación sobre la mesa y también son señaladas por entidades vecinales, ecologistas y la plataforma de activistas ZeroPort. Puerto y aeropuerto responden que tienen sus propios planes de mejora ambiental.

La empresa pública que gestiona los aeropuertos, Aena, responde que tiene un plan para reducir el impacto ambiental de sus instalaciones, mientras recuerda que son las aerolíneas quienes deben velar por las emisiones de sus aeronaves. El Puerto de Barcelona, por su parte, admite que la actividad portuaria es responsable del 7,6% de la contaminación de NO2 y del 1,5% de PM10 en la ciudad y pone en valor su plan de mejora de la calidad del aire en las instalaciones.

El Consistorio no se cansa de repetir que no bastará con la Zona de Bajas Emisiones (ZBE) para luchar contra la contaminación y mejorar la salud de los barceloneses. Y defiende un paquete de medidas combinadas: la restricción de vehículos, la extensión de la red de carriles bici, las supermanzanas, la creación de nuevas zonas verdes, la protección de entornos escolares. Y mira más allá: “Necesitamos que el Puerto y el Aeropuerto también presenten su Zona de Bajas Emisiones, porque la reducción de las emisiones de la ciudad no puede recaer solo en la circulación de los vehículos. A la reducción de contaminantes deben sumarse los barcos y aviones que llegan a la ciudad”, afirmó esta semana la teniente de alcalde Ecología, Movilidad y Urbanismo, Janet Sanz.

La declaración más contundente sobre estas infraestructuras la hizo Colau en julio pasado, cuando planteó “limitar” su actividad. La ciudad acababa de vivir un episodio de alta contaminación y la alcaldesa se disponía a reunir a entidades, ONG y partidos para preparar la declaración de emergencia climática. La alcaldesa planteó durante una visita al barco Rainbow Warrior de Greenpeace “poner límites y ser responsables en un cambio de paradigma de cómo se utilizan estas infraestructuras, la presencia de cruceros, la cuestión energética, la capacidad del aeropuerto”. “No se puede hablar de ampliaciones indefinidas porque hay un límite en nuestra ciudad y en todas las grandes infraestructuras que rodean la ciudad metropolitana”, afirmó Colau defendiendo que Barcelona debe ser “valiente y ambiciosa y hacerlo de la mano del resto de administraciones”. En octubre, en la reunión de la red de ciudades por el clima C40, la alcaldesa propuso limitar los vuelos en trayectos cortos, que pueden cubrirse en tren, para luchar contra la contaminación.

Fuentes de Aena aluden a su plan para reducir el impacto ambiental de la actividad en su red de instalaciones, de la que Barcelona es la segunda en tráfico, tras Madrid-Barajas. El aeródromo barcelonés cerrará 2020 superando los 50 millones de pasajeros y constatará la tendencia al alza que viene registrando la instalación: en el año 2000 no se llegaba a los 20 millones de pasajeros y una década más tarde, en 2010, se cerró el año por debajo de los 30 millones de clientes.

Aena apunta que la huella ambiental de los aviones es responsabilidad de la estrategia “verde” de cada compañía, convertida en una herramienta más de marketing y fidelización. IAG, uno de los gigantes del aire —controla British Airways, Iberia y Vueling—, anunció recientemente un mayor compromiso para anular gradualmente su huella de emisiones de CO2, hasta llegar al cero en 2050. Invertirá en combustibles sostenibles y renovará su flota con aeronaves menos contaminantes.

El Eixample, ¿zona de ultra bajas emisiones?

El grupo municipal de Esquerra en el Ayuntamiento de Barcelona consiguió el jueves pasado el apoyo unánime en el pleno del distrito del Eixample a su propuesta de implantar una Zona de Ultra Bajas Emisiones (ZUBE) en estos barrios del centro de Barcelona.

ERC no concretó su propuesta, pero en Londres, la primera ciudad europea en poner en marcha una restricción tan estricta, el área afecta al centro, donde solo pueden entrar los vehículos con estándares mínimos de emisiones, y el resto tiene que pagar 14 euros si quiere circular.

De puertas hacia adentro, Aena alega que trabaja para mitigar el impacto que genera su negocio y apunta que en 2050 todos los aeropuertos tendrán que reducir a cero sus emisiones de carbono. El año que viene, el consumo eléctrico de toda la red aeroportuaria va a ser 100% de origen renovable y para 2026 tiene que estar desplegado un plan de instalación de paneles solares para lograr la autogeneración eléctrica de las instalaciones.

En el caso del puerto, su plan de mejora de la calidad del aire, aprobado en 2016 y actualmente en revisión, incluye, según fuentes de la autoridad portuaria, la “apuesta por el gas natural licuado como combustible alternativo para barcos, maquinaria de terminal y camiones y semanalmente acoge el primer crucero del mundo propulsado con este gas, AIDAnova”. El puerto destinará además 60 millones de euros a electrificar los muelles durante los próximos ocho años, instalará placas fotovoltaicas en las terminales y se ha adherido a la iniciativa internacional de puertos World Ports Climate Action Plan. Las mismas fuentes recuerdan también que opera ferris “cero emisiones”, o que ha incorporado coches eléctricos en la flota de las instalaciones. Por último, indican que en enero entrará en vigor la IMO 2020, una nueva norma internacional que reduce la presencia de azufre en el fuel marítimo.

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