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Aquí estudian los artesanos del siglo XXI

Unos 1.400 alumnos al año aprenden joyería, cerámica, diseño y escultura en las escuelas de arte de la Comunidad

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Dos alumnas de orfebrería en la Escuela de Arte 3, uno de los centros artísticos de la Comunidad de Madrid.

Los artesanos siguen muy vivos en Madrid. Cada año, unos 1.400 alumnos aprenden oficios como esmaltes artísticos, joyería de arte, técnicas escultóricas en madera o piedra, artes aplicadas al libro y orfebrería, entre otros muchos. Muchos profesionales que se quedaron en paro durante la crisis miraron hacia estos estudios como forma de reciclarse, y en la actualidad los cursan desde jóvenes hasta jubilados. La Comunidad de Madrid es titular de cuatro escuelas de artes plásticas y diseño —con unos 150 profesores— agrupadas por las temáticas de joyería, escultura y muro, cerámica y diseño. [Mira aquí la fotogalería]

“Mantenemos procedimientos artesanales que, sin nosotros, se perderían. Deberían ser patrimonio nacional”, explica Antonio Valle, director de la Escuela de Arte 3, especializada en joyería, donde los métodos más tradicionales se mezclan con las técnicas más novedosas y diseños con impresoras D. En este centro reciben enseñanza unos 130 alumnos, mientras que en el de cerámica son 109; en el de escultura y muro, 247; y en el de diseño, 881. En total, 1.367 estudiantes a artesanos. Las cifras repuntaron con la crisis (1.527 alumnos en 2013) y desde entonces fluctúan cada año a año, siempre en el entorno de los 1.400.

Aquí estudian los artesanos del siglo XXI

Valle, de 61 años, lleva una década al frente de la Escuela de Arte 3, situada junto al histórico Instituto San Isidro (La Latina). El también profesor muestra las tres plantas donde enseñan sus distintos ciclos formativos. En el taller de Orfebrería imparte clase Lola Solascasas, de 57 años, 20 de ellos como profesora. “En este taller elaboramos regalos, menaje, orfebrería artística, relieves y hasta joyería”, explica. En su caso, la vinculación con la escuela es grande. “Fui alumna aquí, luego trabajé en el gremio de joyeros y más tarde comencé a dar clases”. ¿Qué tipo de alumnos apuestan por ser los artesanos del siglo XXI? “Hay gente muy variada, algunos se apuntan por curiosidad, mientras otros vienen del Bachillerato de Artes, y con la crisis vino mucha gente de Arquitectura, porque había mucho paro”. Valle tercia: “Efectivamente, con la crisis aumentaron los alumnos, porque mucha gente que estaba en paro se apuntó a estos estudios como una forma de salida.

La alumna Beatriz García en el módulo de Procesos y técnicas de orfebrería.
La alumna Beatriz García en el módulo de Procesos y técnicas de orfebrería.

¿Y para qué sirve ser artesano hoy? “Es más fácil buscarse la vida con un oficio como este que con muchos otros estudios, puedes trabajar como diseñador, diseñar para una empresa, realizar encargos, e incluso abrir tu propio taller”, dice Solascasas, quien destaca que en este trabajo artesano “cada vez hay más mujeres”. Es el caso de Olaya Fernández, de 35 años, que está aprendiendo orfebrería: “Empecé estudiando diseño, pero con la crisis tuve que cambiar de trabajo. Siempre me había gustado la bisutería, y quería aprender el oficio. Además, puse en marcha mi propia marca de joyería, Ópalo”, cuenta. Así, durante los dos próximos años aprenderá técnicas de orfebrería para trabajar con piezas grandes y pequeñas. “Te enseñan lo que se puede hacer y lo que no y te dan mucha seguridad para hacer todo tipo de joyas”, añade.

En el aula cercana explican la técnica de los esmaltes artísticos al fuego sobre metales, una técnica que permite obtener colores “eternos e inmutables”: “No es como el plástico, que se va con los años, estos colores aguantan 4.000 años”, dice Antonio Valle. En el centro del taller hay un cuadriculado armario donde reposan botes llenos de vidrio triturado de todos los colores. Luego se coloca sobre una plancha de metal y se mete en un horno de alta temperatura (hasta 1.200 grados), que forjará un pigmento indeleble. Con esta técnica se puede lograr esmaltar anillos y joyas, pero también cuadros, adornos y figuras. El director del centro muestra orgulloso las creaciones de sus alumnos. Esta técnica tuvo cierta importancia en Francia con el art nouveau, mientras que en España, tiene su culmen en el monasterio de Santo Domingo de Silos. Curiosamente, en Francia estos estudios desaparecieron, mientras que aquí se mantienen.

“Forja”, “remache”, “articulación con chavela” o “cierre con doble púa” son algunas de las habilidades que Esther Martín, de 50 años, se afana en mostrar a los estudiantes que asisten a su taller de Procesos y técnicas de joyería. “Les intento explicar todas las técnicas posibles, que son la base para luego poder hacer diseños más complejos”, señala Martín. Una de las alumnas es Beatriz García, de 25 años: “Estudié Bachillerato de Artes y ahí enseñan escultura, pero normalmente a hacer cosas gigantes, y a mí me llama la atención lo más pequeño. Por eso decidí estudiar aquí”, cuenta. En el futuro, quizá se dedique a la joyería.

Antonio Valle, director de la Escuela de Arte 3, junto a varias piezas de esmaltes artísticos.
Antonio Valle, director de la Escuela de Arte 3, junto a varias piezas de esmaltes artísticos.

Moldes de plastilina

En el aula de Modelado y maquetismo se trabaja primero con plastilina y cera, con la que hacen moldes que luego trasladan su forma a la escayola, que a su vez servirá de base para echar ahí el metal y meterlo al horno. Clementine, Carolinne y Marianne, de 19 a 21 años, son tres alumnas francesas que realizan un Erasmus durante un mes en esta escuela. “Es una experiencia muy interesante”, dice la primera, mientras las otras dos asienten. “Los estudiantes extranjeros nos dan más trabajo, pero aprenden muchísimo”, dice Valle.

No todas las técnicas proceden de los oficios gremiales tradicionales. En Modelado y Prototipado diseñan piezas por ordenador que luego crean impresoras en 3D. “Algunas impresoras sacan modelos en plástico y son más normales, pero tenemos una impresora muy puntera que crea modelos con resina, un material que se va solidificando a medida que el cañón da golpes de luz. Esto nos permite crear piezas muy sutiles”, señala Félix Poza, de 51 años y profesor de esta asignatura. “Así podemos hacer una joyería muy compleja, de gran precisión, con la que antes no podíamos ni soñar”, añade. El director de la escuela apunta: “Aquí impartimos un conocimiento artesanal, pero también estos procedimientos industriales que son lo más novedoso”.

Una puntera impresora 3D con resina.
Una puntera impresora 3D con resina.

¿Sobrevivirán estos estudios? “Si la administración pone de su parte, seguro que sí. Pedimos que los cursos duren cuatro años en lugar de dos, para permitir a los alumnos una mayor especialización”. Por ahora, han conseguido resistir y superar la barrera de los 15 alumnos por clase, mínimo exigido por la administración.

Para acceder a estos estudios es necesario o bien proceder del Bachillerato de Artes, de algunos títulos superiores artísticos o de las carreras de Ingeniería Técnica o Arquitectura, cuyos alumnos entran directamente, o tener cualquier título de Bachillerato y realizar una prueba de acceso. Las creaciones de los alumnos suelen mostrarse en exposiciones temporales en el museo del Traje, de Artes Decorativas… Además, hacen jornadas de puertas abiertas (que anuncian en su web) y cursos gratuitos para que los jóvenes —y no tan jóvenes— se animen a probar y les pique el gusanillo. Quién sabe dónde pueden estar los artesanos del mañana.

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