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OPINIÓN i

Regreso a la escena internacional

Pedro Sánchez se ha encontrado con una baza inesperada: las elecciones generales le han convertido en el primer partido socialdemócrata europeo

Sánchez, Merkel y Macron, en octubre pasado.
Sánchez, Merkel y Macron, en octubre pasado.

Felipe González y José María Aznar fueron dos presidentes con vocación exterior. La política internacional les atrapó tanto que acabaron perdiendo de vista la realidad del país. José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy fueron presidentes de estar por casa. Zapatero se estrenó desafiando a Estados Unidos. Retiró las tropas de Irak y ya no lo quedaron fuerzas para más. Apenas volvió a salir al exterior. Rajoy, fiel a su principio rector —”No hay alternativa”— hizo de comparsa en la política europea hasta desaparecer totalmente de la escena con la eclosión del conflicto catalán.

Pedro Sánchez, desde el primer día se ha sentido atraído por la llamada del mundo. Felipe González se movió siempre en la órbita alemana. No olvidemos que fue la socialdemocracia de Willy Brandt su gran valedora cuando irrumpió en la política española en la transición. Y que Francia nunca fue amable con él, entre otras razones por la influencia de Carrillo en los medios de comunicación y en la izquierda francesa. El PSF estaba convencido de que el sistema de partidos de la futura democracia española respondería al modelo italiano: una democracia cristiana y un partido comunista fuertes. Y se se equivocaron de pleno. Con el referéndum de la OTAN, González rompió además con el antiamericanismo tan extendido en la izquierda de la época. Y no sólo en ella: el franquismo era profundamente antiamericano a pesar de que los Estados Unidos le salvaron la vida. José Maria Aznar se entregó con entusiasmo al servicio del presidente Bush, abriendo con ello una profunda brecha en Europa al erigirse en portavoz continental de los intereses americanos en tiempos de la guerra de Irak. Por aquellas fechas, Javier Solana decía que, en estas situaciones, lo mejor que puede hacer es España es lo mismo que Francia —siempre a la greña con los americanos— pero un poco menos. Aznar hizo lo contrario. Y, como reacción, los españoles fueron campeones del mundo de la movilización contra la guerra de Irak.

El gobierno de España vuelve a la escena internacional rompiendo el tabú, alineándose con Francia

Con Sánchez, el gobierno vuelve a la escena internacional. Y lo hace, rompiendo el tabú: alineándose con Francia. Por fin. Europa vive una nueva coyuntura política en la que Sánchez se maneja bien por su similitud con lo ocurrido en España en el período en que ha forjado su carrera. Las elecciones europeas han acabado con el monopolio del poder que compartían populares y socialistas. Y se ha abierto el juego. Sánchez se ha encontrado con una baza inesperada: las elecciones generales le han convertido en el primer partido socialdemócrata europeo. Y con un aliado: el presidente Macron, muy tocado por la crisis de los chalecos amarillos, aunque sin una alternativa real que la amenace, porque Marine Le Pen, la única que se le sube a las barbas, siempre tendrá el límite del vacío republicano.

Macron necesita ser reconocido como estadista a escala europea. Desde que llegó pregona la reforma de las instituciones de la Unión. Pero una y otra vez ha chocado con el muro Angela Merkel. El nuevo parlamento le ha abierto una pista para intentar el despegue. Y Sánchez ha estado al quite para colocarse como pieza clave de la legislatura que comienza. Los liberales miran a los socialistas. La victoria de Timmermans en Holanda permite creer que el regreso de la socialdemocracia no es sólo un capricho ibérico. Y el ascenso de los verdes abre espacio para ampliar los contrapesos a la hegemonía germánica. Angela Merkel está al final de su carrera. Y probablemente su salida deje un vacío en la política alemana. Hay por tanto una ventana de oportunidad. Y por esta vía quiere penetrar el tamdem Macron-Sánchez.

En Europa se ha acabado el monopolio del poder entre populares y socialistas. Y se ha abierto el juego

De Macron a Tsypras. Frans Timmermans, aspirante a presidir la Comisión Europea, ve la posibilidad de construir una gran alianza progresista europea. Y, en este contexto, algo fantasioso, el crecimiento de los verdes da pistas para aquellos que a la izquierda de la socialdemocracia malviven a la búsqueda del proyecto emancipador perdido. La sociedad sostenible como nuevo horizonte de progreso.

Con lo cual, la política europea de Sánchez suma también en clave interior. Coloca a Ciudadanos en situación incómoda, porque la potencial nueva mayoría europea no está por concesiones a Vox y compañía; normaliza la alianza socialista con lo que queda de Podemos; y avisa a los independentistas sobre los límites —confirmados esta misma semana— de su creencia en que en Europa encontrarán la salvación.

 

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