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La justicia absuelve Canalejas

El arquitecto del macroproyecto, Carlos Lamela, estaba acusado de un delito contra el patrimonio. 600 personas trabajan para terminar las obras el próximo verano

Carlos Lamela pasea por los pasillos del Centro Canalejas

Los 600 obreros que trabajan en el Centro Canalejas, junto a la Puerta del Sol de Madrid, van a tener que apretar bien el paso para terminar el próximo verano este gigantesco complejo que albergará un centro comercial de 16.000 metros cuadrados, el primer hotel de la cadena canadiense Four Seasons en España, con 200 habitaciones, y 22 viviendas de lujo. Desde luego, el enorme ruido y la constante actividad que se percibía en el interior de la obra el pasado lunes indicaba que lo están intentando; una vez finalizados los trabajos, la apertura de los espacios, al menos de la galería, está prevista para finales de 2019.

Iniciada hace algo más de cuatro años, se trata probablemente de la operación urbanística en marcha más importante de la ciudad, por su ubicación en pleno centro y por su envergadura: se han unido siete edificios históricos, dos de ellos declarados bien de interés cultural (BIC), con un coste de 530 millones de euros, según publicó el mes pasado Cinco Días; y el proyecto incluye la reordenación del tráfico y la ampliación de las aceras del entorno. Pero también lo es por la polémica que le ha perseguido, entre acusaciones de pelotazo (tras varios cambios de accionariado, los promotores son OHL y Mohari, sociedad controlada por Mark Scheinberg, cofundador de Poker Stars) y de atentado arquitectónico; grupos de activistas como Madrid Ciudadanía y Patrimonio protestaron amargamente por las rebajas de protección de los inmuebles que facilitaron la operación.

Además, la Fiscalía delegada de Medio Ambiente de Madrid llegó a acusar al arquitecto principal del proyecto, Carlos Lamela, de un delito contra el patrimonio histórico, por el que solicitaba dos años y tres meses de cárcel y cuatro años de inhabilitación para ejercer su profesión. Sin embargo, un juzgado de lo penal de Madrid le ha absuelto en una sentencia del pasado 31 de octubre que no ha sido recurrida y ya es, por lo tanto, firme. El propio Lamela, junto a otra de las responsables del proyecto, la arquitecta Ana Guasp, señalaban el lunes al techo de la planta baja del complejo de Canalejas para explicar lo que se considera la primera crujía de un edificio —es el espacio entre la fachada y la primera línea de pilares o muros de carga—, un concepto arquitectónico que, en este caso, era la clave del juicio.

Ese espacio no se podía alterar durante las obras en los edificios de Canalejas, 1 y Alcalá, 14, conocido como La Equitativa (antiguas sedes del Banco Central y del Banco Español de Crédito) porque está protegido y el fiscal acusaba a Lamela, principalmente, por haber sustituido la mayor parte de la primera línea de pilares y parte del entrevigado, al considerar que pertenece a esa crujía exterior. Sin embargo, Lamela y otros peritos y testigos defendían que, sobre todo los pilares, quedaban fuera, entre otras cosas, porque “la crujía es un espacio, por lo que nunca puede incluir” elementos materiales; lo que se protege, aseguraban, son las dimensiones y disposición del espacio.

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Vistas desde la terraza del restaurante que ocupará una parte de la azotea del complejo.

Y esa es la tesis que ha prevalecido en la sentencia, que afirma: las “actuaciones no han posibilitado ninguna alteración de la ordenación del espacio que la primera crujía, como espacio inmediatamente adyacente a la fachada (que es el elemento fundamental y central de protección)”. De ese modo, concluye: “La prueba practicada a instancias de la defensa del acusado, en particular las periciales, evacuadas por peritos de la más alta especialización y amplia experiencia, pero incluyendo también [...] de altos funcionarios que intervinieron en todo el proceso administrativo, permite descartar dicha grave alteración [necesaria para que se produzca un delito contra el patrimonio]”.

Lamela y Guasp insisten en los esfuerzos hechos para conjugar en un diseño tan complejo lo clásico y lo moderno, conservando y restaurando cientos de elementos históricos —desde las ventanas a picaportes y capiteles tallados—, “más allá” de lo que les exigía la norma, aseguran. Por ejemplo, la fenomenal puerta acorazada de 15 toneladas que adorna una parte del centro comercial. Muchos de los elementos históricos y artísticos han tenido que ser llevados a restaurar a talleres especializados, aunque algunos de ellos ya están de vuelta, como los mostradores, barandillas y capiteles del antiguo patio de operaciones de la sede histórica del Banco Español de Crédito, que se convertirá en el vestíbulo del hotel. O varios ornamentos de las paredes la suite presidencial, que incluirá, también restaurado, el antiguo despacho de Mario Conde en su época como presidente de Banesto entre 1987 y 1993.

Para la asociación Madrid Ciudadanía y Patrimonio, sin embargo, el problema de este proyecto va más allá del cumplimiento estricto de la norma, pues su queja es precisamente que las administraciones redujeron excesivamente la protección de los edificios, reduciéndola casi únicamente a las fachadas. “La arquitectura tiene sentido en su totalidad. Las fachadas tienen un significado en correspondencia con lo que hay dentro”, decía en 2013 el arquitecto Vicente Patón Jiménez, presidente de la asociación hasta su fallecimiento en junio de 2016.

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El antiguo patio de operaciones del Banco Español de Crédito se convertirá en el vestíbulo de entrada del hotel.

Lamela y su equipo, por su parte, se han defendido asegurando que han buscado siempre el equilibrio entre “clásico y contemporáneo”, teniendo en cuenta, además, que los interiores estaban muy alterados después de haber sufrido numerosas reformas de muy distinta entidad en sus originales del siglo XIX y principios del XX.

Los resultados definitivos no se verán, en todo caso, hasta que terminen las obras y se abra al público, lo que ocurrirá, previsiblemente a finales de 2019. De momento, ya están reservados 16 de 22 apartamentos de lujo —incluido el ático, con un precio de 10 millones de euros— y se ha avanzado que la galería tendrá con 45 tiendas —entre otras, de moda, alta joyería y perfumería— y 17 restaurantes.

Pero las obras más van allá de los edificios y se prolongarán todavía más en el tiempo. Por un lado, ya han comenzado, fruto de acuerdo entre los promotores y Metro, las actuaciones de mejora de los accesos a la estación de Sevilla; terminarán la próxima primavera. Además, de acuerdo con el Ayuntamiento, la empresa pagará la mejora del aparcamiento subterráneo existente en Sevilla y construirá una infraestructura, también subterránea, para distintos usos, como carga y descarga y estacionamiento de taxis, policía, y servicios de urgencia. Por su parte, el Consistorio comenzará en septiembre del año que viene las obras para reordenar el tráfico de toda la zona, reubicar las paradas de autobuses y ensanchar las aceras de las calles de los alrededores, incluidas la Carrera de San Jerónimo, Sevilla y Alcalá. Estos trabajos durarán ocho meses.

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