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De la épica al desencanto: así nos contaron la Gran Guerra

Sara Prieto, profesora de la Universidad de Alicante, premiada por su tesis sobre el periodismo en la Primera Guerra Mundial

Imagen de la Biblioteca Internacional de Documentación Contemporánea (BDIC) que muestra a un soldado francés sosteniendo un cráneo humano en medio de una zona de trincheras devastada por los bombardeos. Ampliar foto
Imagen de la Biblioteca Internacional de Documentación Contemporánea (BDIC) que muestra a un soldado francés sosteniendo un cráneo humano en medio de una zona de trincheras devastada por los bombardeos.

El periodismo convirtió la Primera Guerra Mundial en el arranque del proceso de pérdida de la inocencia de la civilización occidental. Los escritores y periodistas enviados al frente, principalmente anglosajones, empezaron a relatar el conflicto bélico desde la exaltación del heroísmo y la épica militar. Pero poco a poco, las crónicas se fueron empapando del desencanto causado por la crudeza y la barbarie. Esta transición en los textos enviados por los corresponsales británicos y americanos es la que cuenta la profesora de la Universidad de Alicante (UA) Sara Prieto en su libro Reporting the First World War in the Liminal Zone (Ed. Palgrave), que nace de su tesis doctoral y que acaba de recibir el premio Enrique García Díez de Literatura que concede la Asociación Española de Estudios Anglo-Norteamericanos (AEDEAN).

Prieto, profesora ayudante doctor del departamento de Filología Inglesa de la UA, basó su investigación en las crónicas firmadas por escritores como Arthur Conan Doyle, Rudyard Kipling o Edith Wharton, entre otros. E incide en esa zona de nadie, liminal, en que se convirtió la transición entre los primeros años de la Gran Guerra, narrados desde la perspectiva romántica e idealizada de la tradición bélica, y los últimos, en los que imperaron la censura y la propaganda. En medio, quedan unas crónicas “cínicas y desilusionadas, de gran calidad literaria, porque los corresponsales tuvieron que lidiar con la censura” para narrar lo que veían. “Cuentan las consecuencias devastadoras de la guerra para la población civil, la complicada vida en la retaguardia”, explica Prieto. El cambio drástico se produce en unos periodistas “que al principio pensaban que iban a presenciar las grandes batallas de la caballería y se encuentran con una guerra invisible”. Las cargas son masacres, los campos de batallas están llenos de muertos, los uniformes pierden su lustre con el barro y el terror.

La Gran Guerra, cuyo armisticio cumplió cien años el pasado domingo, no es solo el primer conflicto bélico cuestionado por la ciudadanía. También marca el camino de todas las corresponsalías de guerra que se sucederán durante el sangriento siglo XX. Con ella nace el reportaje subjetivo y “partisano, que regresará durante la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial”, explica Prieto. Nacen los “periodistas empotrados”, reporteros invitados por los gobiernos para contar lo que les interesaba. Nace el “turismo de guerra” que practican “los periodistas de países neutrales, como España, que recorren el frente en visitas guiadas”. Nacen “los que van por libre, los que se camuflan como soldados, los que apelan a su fama” para colarse donde nadie quería verlos. Nace la propaganda que luego exprimirán al máximo los dos bandos de la Segunda Guerra Mundial. Y nacen también las fake news. “Los lectores ingleses y norteamericanos comienzan a ver que los periodistas se ponen al servicio del poder y empiezan a cuestionar el funcionamiento de la prensa”, cuenta la profesora de la UA.

Al margen de la tesis publicada en inglés, quedan escritores como Ernest Hemingway y John Dos Passos, “que perpetúan la visión de la Generación Perdida de un cuestionamiento total de la guerra y prolongan su discurso del desencanto durante la posguerra”. En cuanto a los españoles, que no aparecen en este libro, Prieto los divide en dos grupos. “Los que escribieron sobre la guerra, como Carmen de Burgos, Claudia Ametlla o Joan Soler i Pla”, o los que se limitaron a redactar crónicas sobre los aliados, entre los que destacan Ramiro de Maeztu, Valle-Inclán o el monovero Azorín.

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