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OPINIÓN

La derecha se retrata

Se dice que en España no hay extrema derecha. La hay. Y está integrada en los partidos de la derecha

Intervención del secretario general de Ciudadanos en el Congreso, José Manuel Villegas.
Intervención del secretario general de Ciudadanos en el Congreso, José Manuel Villegas.

Parece que por fin llega la exhumación de Franco. Con cuarenta años de retraso se salda una anomalía histórica: que un dictador tenga un Mausoleo en un país democrático. El Congreso decidió el jueves sacarle del Valle de los Caídos. ¿Por qué ha costado tanto tiempo conseguir la reparación de esta ofensa a la memoria democrática? El resultado de la votación nos pone sobre la pista: 172 votos a favor, 164 abstenciones y 2 votos en contra, a los que concedo el beneficio de la duda, dado que sus autores dijeron que había sido por error. A estas alturas, los diputados de la derecha —PP y Ciudadanos— no han sido capaces de comprometer su voto en este elemental gesto de dignidad democrática. Los diputados conservadores siguen cargando con un temor reverencial al dictador y al franquismo. Cuarenta años después no se atreven a expresar el rechazo y la desaprobación de la dictadura, convencidos de que la estela del franquismo todavía sobrevuela el espíritu de una parte de la sociedad. No estoy seguro de que la abstención tenga premio: irritará a los irredentos y sonrojará a muchos demócratas.

En un debate de tanto nivel simbólico, que afecta a los principios de la democracia, la banalidad de las explicaciones de la derecha es insultante. Argumentar que no era una decisión urgente, es buscar una excusa ridícula para no declarar las verdaderas razones del voto. No hay coartada: si no se ha hecho antes es por la sistemática oposición de la derecha. Y había que aprovechar la oportunidad, antes de que vuelva.

Eludir la cuestión de fondo, apelando a las debilidades e impotencias del gobierno es una frivolidad. La oposición tiene todos los días del año para sacar los colores al presidente Sánchez y a los suyos. Pero precisamente el jueves era otra cosa: reparar un retraso que no tiene justificación alguna. ¿Que el PSOE busca en ello dividendos de imagen? ¿Y qué busca la derecha con su abstención si no quedar bien ante los que siguen llevando puesto el velo de la dictadura?

Con todo, lo más sorprendente es la posición de Ciudadanos, un partido joven, nacido muchos años después de la muerte de Franco, sin raíces genealógicas con el franquismo y que en su fase inicial exhibía el liberalismo como bandera. Del PP conocemos la historia, su filiación directa con los herederos del franquismo. Aznar consiguió la unificación de todas las sensibilidades de la derecha en un solo partido, lo que significó que su electorado incorporaba desde la extrema derecha hasta la derecha liberal, pasando por toda la gama de colores del azul. Y por tanto era necesario ser cuidadoso con tan amplio espectro. De ahí el discurso fantasma del PP que pretendía la absolución de la dictadura como fundamento de la concordia. Ciudadanos no tiene estos antecedentes. Pero a medida que, a caballo de la cuestión catalana, ha ido recortando espacio a un PP envejecido y desgastado, la pelea entre derechas se ha desplazado del centro al extremo. Y Ciudadanos ha mutado rápidamente al iliberalismo autoritario. La abstención del jueves es expresión de este giro.

De este episodio, dos conclusiones. Primera, no se puede descalificar a la ligera a aquellos que siguen viendo elementos de la herencia del franquismo en el desarrollo del régimen del 78. Al contrario, hay que seguir vigilando. Segunda, no se puede seguir ignorando la pervivencia de un cierto franquismo sociológico. Ocultar su existencia es negar la realidad.

Se dice que en España no hay extrema derecha. La hay. Y está integrada en los partidos de la derecha, los que no han querido votar contra Franco. Y es bueno que sea así mientras éstos quieran y sean capaces de neutralizarla. Pero es muy peligroso, en la actual deriva nacional autoritaria que vive Europa, ver como Ciudadanos y PP en pleno desplazamiento hacia su derecha, practican el apaciguamiento en un tema de tanto poder simbólico. Cualquier día nos podemos encontrar con la gran mutación. Como hemos visto con el voto del Parlamento europeo: Orban está cerca.

Dicen que recuperar la memoria del franquismo puede dividir a la sociedad. Me quedo con las palabras del historiador Ian Gibson en la Ser: “Sacar a Franco del Valle de los Caídos es un paso inmenso hacia adelante que, digan lo que digan algunas minorías, va a facilitar la concordia en este país”.