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Puigdemont declina presidir el PDeCAT para mantener su espacio político

La actual presidenta, Neus Munté, ya ha anunciado que deja el cargo

Puigdemont durante una rueda de prensa en Alemania.
Puigdemont durante una rueda de prensa en Alemania.

Carles Puigdemont ha declinado presidir el PDeCAT tal y como le había propuesto la actual dirección. Era la fórmula que la cúpula propuso, de cara a la asamblea de los próximos días 21 y 22 de julio, para encajar a los críticos con la gestión de Marta Pascal y con el rumbo de la formación. Marcando distancias con su partido, el expresident intenta mantener intacto su margen de maniobra ante la eventual consolidación de una nueva formación independentista.

Al rechazar cualquier compromiso con la dirección del Partit Demòcrata Català, Puigdemont queda con las manos libres para bendecir cualquier otra formación independentista y preservar un potencial electoral que se mostró efectivo en las elecciones del pasado 21 de diciembre. Más allá de que Junts per Catalunya pueda cuajar como partido —en el grupo parlamentario viven intereses muy diversos— ya hay otros intentos, como el Movimiento 1-O, registrado el pasado mayo por el abogado Jordi Ferrés y el historiador Agustí Colomines.

La implantación territorial y la defensa jurídica

La fórmula de panindependentismo que persigue Carles Puigdemont se enfrenta a problemas no sólo de carácter ideológico, como las resistencias de Esquerra Republicana para confluir. También hay limitaciones de orden logístico. El PDeCAT fue el principal músculo financiero de Junts per Catalunya para la pasada campaña electoral. La implantación territorial del partido que lidera Marta Pascal también fue clave en la campaña. Puigdemont también tiene cierto compromiso ético con el PDeCAT, que le paga la defensa jurídica derivada de la causa contra el independentismo que instruye el juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena.

La propuesta a Puigdemont para liderar el PDeCAt surgió de cara a la asamblea que el partido celebrará en tres semanas. Allí,los militantes que se inscriban podrán debatir un total de siete ponencias. Una de ellas aborda la reestructuración y ampliación de la dirección del Partit Demòcrata Català y, si recibe los suficientes apoyos, implicaría una votación para elegir a la cúpula. El texto de la ponencia se refiere específicamente a Puigdemont y los otros exconsejeros presos o huidos de la justicia española en Bélgica, reconoce su liderazgo político y “los invita a asumir las responsabilidades directivas en el PDeCAT que consideren convenientes”.

La negativa de Puigdemont, que adelantó Nació Digital, responde a que el expresidente de la Generalitat transmitió al partido que su situación judicial no le garantiza poder asumir ninguna responsabilidad organizativa. Una excusa que llama la atención si se tiene en cuenta que sí estaba dispuesto a presidir el Govern de manera telemática desde Alemania, donde espera que la justicia de ese país decida sobre su extradición por un supuesto delito de malversación. La cúpula del partido, sin embargo, asegura que Pascal aún tiene previsto viajar para reunirse con Puigdemont y no se descarta nada de momento.

Desde el partido explican que también tienen que ir a las cárceles para conocer si Jordi Turull, Josep Rull y Quim Forn aceptan la invitación. Lo mismo ocurre con el exconsejero Lluís Puig, que está en Bruselas. La ponencia deja abierto el número de vicepresidencias para encajarlos. Entre los cambios organizativos propuestos también está prácticamente doblar el número de representantes tanto en el comité nacional como en la Dirección ejecutiva. “Sumaremos nuestro partido a todo lo que supone Junts per Catalunya”, dice un apartado de la ponencia política.

Los críticos de Pascal han encontrado en Puigdemont un elemento cohesionador y tienen como bandera el alinear al PDeCAT con lo que ha representado Junts per Catalunya. Dentro de la llamada llista del president siempre han existido recelos sobre la manera como el PDeCAT se ha adueñado no solo de la marca —que de hecho le pertenece legalmente— sino de lo que consideran un espíritu renovador de la política, heredero de “las colas de los colegios el 1-O”.

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