Opinión
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El suelo pegajoso

La crisis y el cambio de modelo laboral han estropeado el ascensor social

Un hombre busca comida en los contenedores de un restaurante.
Un hombre busca comida en los contenedores de un restaurante.Carles Ribas

La idea de que el futuro de nuestros hijos será mejor se ha quebrado. En España esta era una idea muy potente porque esa había sido la regla de las últimas décadas. A partir de los años sesenta del siglo pasado, el ascensor social había subido muy deprisa. El salto de una generación a otra había sido espectacular, hasta el punto de que muchos de los profesionales que hoy ocupan puestos de responsabilidad en todos los ámbitos económicos e institucionales pertenecen a la primera generación de universitarios de sus familias.

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Pero con la crisis económica, el ascensor social no solo se ha parado, sino que según el Defensor del Pueblo, ha empezado a descender. En un informe presentado en marzo, Francisco Fernández Marugán observa que en los últimos años el perímetro de la exclusión social se ha ampliado. El informe constata que entre 2008 y 2015 se ha producido en España una transferencia de rentas desde las capas inferior y media hacia las altas, de manera que la población con rentas inferiores es ahora mucho más pobre y eso no es consecuencia del azar sino de “políticas que han actuado como corrosivo” de los mecanismos que hacían funcionar el ascensor social. El Defensor augura “una fractura social irreconciliable” si no se propicia un giro en las políticas económicas y de redistribución de la riqueza. No es una situación meramente coyuntural. Con la crisis se ha agravado y acelerado una tendencia que ya venía de antes y que permanece con la recuperación.

Ahora la OCDE confirma que nuestro suelo se ha vuelto mucho más pegajoso. Con esta expresión, “suelo pegajoso”, los expertos se refieren a la dificultad de las personas que se encuentran en peores condiciones sociales para salir de la pobreza o mejorar su situación. Las desventajas de nacimiento lastran las posibilidades de ascenso social, de manera que si no se interviene con políticas sociales los más pobres seguirán arrastrando los pies por mucho que se esfuercen en desengancharse.

El fracaso educativo y la elevada tasa de paro son los dos grandes factores que, según la OCDE, impiden en España la ascensión social. Ambos actúan como el desencadenante de una cascada de efectos a largo plazo. Y hace especial énfasis en los déficits educativos. España es el país con mayor tasa de abandono escolar de la Unión Europea: el 19,9% en 2015. La mayor parte de ese abandono se concentra en los hijos de familias con menor renta. En la sociedad del conocimiento, la falta de competencia técnica y habilidades para el aprendizaje permanente pueden convertirse en una condena inapelable de exclusión social. El informe de la OCDE indica además que el 69% de los hijos de padres con educación elevada tienen estudios superiores, mientras que solo van a la universidad el 22% de los hijos de familias con estudios básicos.

Las diferencias que impiden la igualdad de oportunidades empiezan en la cuna, por eso activistas sociales como Enric Canet, impulsor del Casal dels Infants del Raval, insisten tanto en que se ha de garantizar la escolarización universal de 0 a 3 años. Y en que se han de aplicar medidas de atención personalizada a los alumnos en riesgo de fracaso escolar. Pero difícilmente se logrará el rescate educativo sin un rescate social. El último informe de la organización Save the Children advierte de que la pobreza infantil, en lugar de disminuir, ha aumentado en los últimos años. Que en Cataluña haya en estos momentos 350.000 menores en situación de pobreza —uno de cada cuatro niños— indica la gravedad del problema.

El paro y la precariedad laboral son el otro gran factor que tira del ascensor social hacia abajo. El paro refuerza la precariedad porque muchas empresas se aprovechan de la gran disponibilidad de jóvenes bien formados y con ansia de trabajar para imponerles condiciones que no se habrían atrevido ni siquiera a proponer a sus padres en tiempos de fortaleza sindical. Las sucesivas reformas laborales y la creciente desregulación del modelo productivo han dejado en la intemperie a toda una generación. Si eso ocurre con los mejor formados, qué no ocurrirá con los que tengan carencias formativas.

Muchos jóvenes han empezado a asumir que es posible que tengan que vivir peor y con menos derechos que sus padres. Y eso crea mucho malestar. En los hijos y en los padres. Que el ascensor social se pare tendrá consecuencias. Y no serán positivas.

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