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El lince que recorrió la Península de punta a punta

‘Litio’ ha sido localizado esta semana en el Área Metropolitana de Barcelona tras viajar desde el Algarve portugués

El lince ibérico avistado en el área metropolitana de Barcelona.

Es muy posible que sea el más ibérico de los linces. Porque se ha recorrido la Península de punta a punta hasta terminar en un lugar en el que no se veía un ejemplar de este felino desde hacía un siglo.

Litio, un macho de Lynx pardinus nacido en 2014 en el centro de cría en cautividad de El Acebuche (dentro del espacio natural de Doñana, en Huelva), ha viajado desde el sur de Portugal hasta el Área Metropolitana de Barcelona, donde el martes fue localizado —y fotografiado— por agentes rurales de la Generalitat. Rápidamente, los agentes se pusieron en contacto con los técnicos del programa europeo Life Iberlince, que se encarga de las sueltas de ejemplares de este depredador en peligro de extinción que tras tres lustros de esfuerzos se está recuperando. "Nos mandaron las fotografías que le hicieron", explica Miguel Ángel Simón, responsable del Life Iberlince. Y no costó mucho identificar al lince: era Litio, un macho que no termina de encontrarse a gusto en ningún lugar desde que fue soltado en la naturaleza en 2015. "Le habíamos perdido la pista en 2016", añade Simón.

Cuando el collar de seguimiento GPS dejó de enviar la información a mediados de 2016, Litio estaba en El Algarve portugués, camino de Faro. En estos dos años ha tenido que recorrer cientos de kilómetros —alrededor de un millar en el caso improbable de que los haya cubierto en línea recta— y atravesado caudalosos ríos y concurridas autopistas, que son las únicas fronteras que entienden los animales.

A los responsables del programa Iberlince les intriga la ruta que ha tenido que seguir. Conocerla puede ayudar a diseñar el próximo plan plurianual del Iberlince, que en esta ocasión se centrará en la interconexión entre las poblaciones ya existentes en la Península en las que viven en libertad más de medio millar de ejemplares.

La próxima semana está previsto que los técnicos se desplacen hasta la comarca del Baix Llobregat, donde ha sido localizado Litio, para intentar capturar al ejemplar. Simón y su equipo esperan que el collar GPS sí haya guardado los registros del posicionamiento de estos dos últimos años y se pueda reconstruir la ruta que ha seguido desde El Algarve hasta el Área Metropolitana de Barcelona, donde se encuentra ahora. Esta zona, que agrupa a los 36 municipios más próximos a la capital catalana, no parece a priori el mejor lugar para un lince, principalmente, por la gran cantidad de carreteras y de automóviles —los atropellos son la principal causa de mortalidad en esta amenazada especie—. Pero es el lugar elegido por este inquieto macho.

La de Litio es una historia que, de cuando en cuando, se repite entre los linces ibéricos liberados en la naturaleza sin que se sepa muy bien la razón. No se terminan de adaptar a la zona en la que son introducidos y comienzan a andar. Así le ocurrió, por ejemplo, a Kentaro, que murió atropellado en 2016 cerca de Oporto, en Portugal, tras recorrer 3.000 kilómetros desde los Montes de Toledo donde fue liberado. Estos linces inadaptados terminan por llegar a lugares de la Península en los que hacía muchas décadas que habían desaparecido.

A Litio los agentes medioambientales de la Generalitat lo localizaron el 29 de mayo tras poner en marcha un operativo de búsqueda. Habían recibido varios avisos de particulares. Un vecino aseguró haber visto un "gato gigante", relata Santi Palazón, el biólogo técnico que se está encargando del estudio del ejemplar. El animal, relata Palazón, "está en un atolladero" ahora "porque no puede avanzar ni dar marcha atrás".

Tanto a Palazón como a los responsables del Iberlince les ha llamado la atención el buen estado que presenta el animal. Simón está deseoso de poder analizar también los excrementos del ejemplar para averiguar de qué se ha alimentado en sus dos años de ruta por la Península.

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