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OPINIÓN

Banderas, indultos y cargas policiales

Esta Semana Santa ha venido cargada con todos los ingredientes de la rancia España nacional-católica

Los legionarios de la X Bandera del Tercio ‘Alejandro Farnesio’ IV de La Legión, trasladan el Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas
Los legionarios de la X Bandera del Tercio ‘Alejandro Farnesio’ IV de La Legión, trasladan el Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas EFE

No ha faltado de nada. Esta Semana Santa ha venido cargada con todos los ingredientes de la rancia España nacional-católica. El Gobierno del PP ha ninguneado la aconfesionalidad del Estado, lo que no sorprende en un país que ha convertido La saeta de Antonio Machado en himno de cofradías. Cuatro ministros de Mariano Rajoy —Cospedal, Catalá, Méndez de Vigo y Zoido— desayunaron fuerte a las 10 de la mañana del Jueves Santo con el bravo canto de la Legión, Novio de la muerte, que entonaron al paso del Cristo de Mena ante la malagueña iglesia de Santo Domingo.

Ese era el devoto aperitivo de esta Semana Santa en la que, por segundo año consecutivo, la bandera española ha ondeado a media asta desde las 14 horas del Jueves Santo hasta las cero horas y un minuto del Domingo de Resurrección en unidades, bases, centros y acuartelamientos dependientes del Ministerio de Defensa. Los militares también han podido de esta manera dar rienda suelta a su fe y participar de forma “voluntaria” —según el Gobierno— en más de 200 actos religiosos. Mucha energía que podría contagiarse a las autoridades militares competentes para que fueran capaces por fin de imputar, detener o arrestar a alguno de los presuntos participantes en la violación en grupo, sucedida el pasado 12 de diciembre, de una soldado del ejército del aire del cuartel de Bobadilla (Málaga).

En ese lienzo propio de la España más negra, también destaca la petición de Carmen Martínez-Bordiu, nieta del dictador, para ser Duquesa de Franco y Grande de España. En 1975, Juan Carlos I otorgó ese título a la única hija del Generalísimo, “deseando dar una muestra de mi real aprecio a doña Carmen Franco Polo, Marquesa de Villaverde, y en atención a las excepcionales circunstancias y merecimientos que en ella concurren”. Ahora, 43 años después, el Ministerio de Justicia ha decidido dar curso a la petición de la nietísima, según publicó el Boletín Oficial del Estado el pasado Lunes Santo. Como escribió en Twitter el magistrado Joaquim Bosch, portavoz de Juezas y Jueces para la Democracia: “El Ministerio de Justicia tramita la asignación del Ducado de Franco. No me consta que en Alemania las instituciones gestionen ningún Ducado de Hitler. Parece que allí apuestan de verdad por una democracia sin vínculos con una dictadura criminal”.

En esta Semana Santa de mantilla, uniformes y mucho capirote tampoco podían faltar los indultos. El clemente Gobierno movido por “justicia, equidad o utilidad pública” ha concedido el indulto a cinco presos propuestos por las cofradías de Nuestro Padre Jesús El Rico y María Santísima del Amor (Málaga); la del Santo Cristo del Perdón (León); la Real Hermandad de Jesús Nazareno, de Ponferrada; La Pontificia y Real Cofradía y Hermandad de Nuestra Señora de La Soledad y Descendimiento del Señor, de Granada; y, por último, la Hermandad del Santísimo Ecce Homo, de Gandía.

El viacrucis de una realidad que da la medida de cómo el Gobierno respeta la aconfesionalidad constitucional del Estado no estaría completo sin el contraste aportado por el imaginario catalán. La comunidad más laica y descreída de España le da el toque Monty Python, como si de La vida de Brian se tratara, a tan atávico periodo litúrgico. Hay una parte del independentismo que estos días se esfuerza en ensayar una y otra vez la secuencia del escuadrón suicida del Frente del Pueblo Judaico, en la que trece componentes de esa élite se aproximan a la carrera a un Brian crucificado, se detienen frente a él y se apuñalan en el corazón al grito de “así aprenderán esos romanos”.

Empecinados y ensimismados en esa gloriosa escena, corre el calendario, no hay Gobierno y nada avanza. Y antes del Viernes Santo, tal vez confundidos por el espíritu del Triduo Pascual, hubo quien pensó que los Mossos d’Esquadra eran los decorativos manaies del procés, que vistosamente ataviados de romanos acompañan el desfile religioso con sus rítmicos golpes de lanza. Pero las cargas que se han producido por los cortes de carreteras y autopistas, así como por las concentraciones ante las delegaciones del Gobierno central en las capitales catalanas, han despertado de su sueño a quienes tenían tan beatífica y patriótica visión de la policía catalana. La revolució dels somriures ha recibido un trato similar al dispensado por los Mossos a los indignados o a los piquetes de huelga. En nombre de la legalidad. Así es el mundo real. De perseverar, habrá que prepararse para una Pascua repleta de confirmaciones y primeras comuniones auspiciadas por el Gobierno central.