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Clásica y pasteles para celiacos

El compositor madrileño es un enamorado de la oferta cultural de la capital y disfruta de los viajes en metro gracias a los músicos

El compositor Jaime Altozano, en la pastelería Celicioso.
El compositor Jaime Altozano, en la pastelería Celicioso.

1. Celicioso. Soy celiaco y cuando era pequeño no conocí locales que ofrecieran exclusivamente productos sin gluten, y mucho menos con tartas, galletas o magdalenas. Esta pastelería maravillosa tiene incluso pan y sirven una tarta de plátano, dulce de leche y mascarpone exquisita. (Hortaleza, 3).

2. Teatro Real. Me fascina la parte que no se ve. Tiene cinco plantas subterráneas enormes donde trabajan escultores, pintores o sastres que preparan la puesta en escena de varias óperas a la vez. Me recuerda al banco de Gringotts de Harry Potter, pero con artistas en vez de dinero. (Plaza de Isabel II, s/n).

3. Parque Juan Carlos I. En mi adolescencia vivía en Ciudad Lineal y salía a correr con mi amigo Alex los cinco kilómetros que hay hasta el parque con la intención de seguir dentro, pero como llegábamos molidos solíamos pasear y charlar. Lo recuerdo con nostalgia ya que durante años también fui a montar en bici con mi padre. (Logroño, 36).

4. Lago del Retiro. Aquí viví el mayor fenómeno social no político que he visto en mi vida. Fue la fiebre del videojuego de realidad aumentada Pokémon GO. En el parque había pokemon que aparecían cada mucho y durante muy poco tiempo en diferentes esquinas y llegué a ver a miles de chavales corriendo de un lado a otro. La gracia del lago es que podías encontrar pokemon acuáticos. Era casi un lugar de culto en el que alguna vez me vi jugando con el móvil.

5. Teatro Nuevo Apolo. Es el heredero del Teatro Apolo, que cerró sus puertas para ser derruido en 1929. Conserva la misma decoración y tienen iniciativas variopintas. Hace poco vi a la orquesta Camerata Musicalis interpretar parte de zarzuela con la que se inauguró el primer Apolo. Lo que estaba escuchando era lo mismo que escuchaba la gente en 1873. Te hace sentir parte de la historia. (Plaza Tirso de Molina, 1).

6. Restaurante Da Nicola. Italiano con carta para celiacos. En este local probé por primera vez una pizza que no hubiera hecho en casa. También fue la primera vez que entré en un restaurante moderno; soy fan del diseño utilitario y tenían gafas graduadas, paredes tratadas acústicamente o cartas en braille. (Plaza Mostenses, 11).

7. Auditorio Nacional. Voy a menudo y ofrece más propuestas culturales de las que pueda parecer. Estuve en el concierto ¡Solo Música!, que duraba todo el día y en el que cinco orquestas interpretaron nueve novenas sinfonías, como la de Schubert, Haydn o Mozart. Terminaron en el patio con la obra Música para los reales fuegos artificiales y fuegos artificiales. Una propuesta diferente de presentar música clásica de sin perder la esencia. (Príncipe de Vergara, 146).

8. Museos Geológicos al aire libre de Colmenar Viejo. Dos centros con rocas prehistóricas que te hacen reflexionar sobre el pasado de manera muy sutil. Dentro de millones de años habrá alguien observando objetos que nos resultan cotidianos con los mismos ojos que observé esas rocas. Tienen un aire más artístico que natural.

9. Metro de Madrid. Me intriga la relación que tiene con los músicos que hay en los túneles. La música está viva y puedes escuchar una melodía que te emocione y que te transporte a otro lugar. Me refiero a los músicos que están en estático no a los que entran al vagón y te ponen un altavoz a 90 decibelios.

10. Escuela Creativa de Música. Aquí estudié producción musical y en sus paneles puedes encontrar muchas iniciativas interesantes y propuestas para formar grupos. La Sonrisa de Julia, una banda que me gusta mucho, nació en este centro. Además, tiene una situación privilegiada en Malasaña. (Palma, 35).

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