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De Mozart a Chuck Norris

La orquesta Camerata Musicalis ofrece espectáculos de música divulgativos en el Teatro Nuevo Apolo

Actuación del grupo Camerata Musicalis en el Teatro Apolo.
Actuación del grupo Camerata Musicalis en el Teatro Apolo. EL PAÍS

¿Qué tiene que ver Chuck Norris con Mozart? ¿Y la actriz Meg Ryan con Beethoven? La obra ¿Por qué es especial? de la orquesta Camerata Musicalis tiene todas las respuestas. Un proyecto de música clásica y divulgación que mediante la cultura popular, la actualidad y un fino sentido del humor apuesta por acercar al público sinfonías históricas de autores clásicos como Schumann o Chaikovski.

La agrupación ofrece este espectáculo en el Teatro Nuevo Apolo (Plaza Tirso de Molina, 1; desde 12 euros) el mediodía del primer domingo de cada mes hasta junio. “El objetivo es tratar de acercar la música clásica a todos los públicos; romper las barreras, el miedo o el desinterés por este género”, explica Edgar Martín, director y fundador de la orquesta. El espectáculo que dirige se divide en dos partes: en la primera media hora disertan sobre el autor y la sinfonía que se van a interpretar: “Explicamos el contexto en el que fue compuesta, la vida del compositor y los detalles técnicos de la obra para crear complicidad con el público”, cuenta. En la segunda parte, tras un descanso, entre 25 y 60 músicos interpretan la sinfonía.

El proyecto lleva rodando desde 2015 por la red de teatros de la Comunidad, llenando auditorios como el Cofidis Alcázar o el Teatro de la Luz Philips Gran Vía y no cuenta con ninguna ayuda económica, aunque cada show supone “unos 6.000 euros” de desembolso. “No estamos acostumbrados a la divulgación de la música clásica, pero haciendo bromas o paralelismos con personajes de la cultura popular la gente la entiende mejor. Lo que hacemos está a medio camino entre El Conciertazo y lo que hace el violinista Ara Malikian; tratamos que no resulte un tostón, pero con rigor”, dice. Uno de los inspiradores de esta iniciativa fue el músico y compositor Leonard Bersntein, que en los años sesenta ofrecía conciertos para jóvenes al frente de la Orquesta Filarmónica de Nueva York, divulgando conceptos musicales como la melodía o el contrapunto. Martín también señala al pianista inglés James Rhodes: “Es el camino que tenemos que llevar todos para llenar los auditorios”.

El conjunto se prepara en la escuela Progreso Musical y cada producción les lleva unos seis ensayos. Allí buscan referencias sonoras que puedan relacionar con los clásicos. Por ejemplo: una melodía del cuarto movimiento de la quinta sinfonía de Bethoveen que tiene “cierto parecido” con la banda sonora de la película E.T., el extraterrestre. “Explicamos la relación y tocamos las dos melodías, de modo que el público lo entiende mejor y quitamos formalismos en las explicaciones, pero siempre con rigor en la interpretación”, sentencia.

David Simal toca la viola en el proyecto desde hace tres años: “Tratamos de que el público incremente su conocimiento y su apreciación musical”, señala. La meta es que puedan “apreciar obras maestras pasando un buen rato”. A Pablo Moreno, violonchelista de la orquesta, le sedujo la parte divulgativa: “Mientras me formaba en el conservatorio eché en falta saber de dónde proceden ciertas referencias musicales y qué relación tienen con la vida del compositor”. En el próximo show (7 de enero) interpretarán Concierto de Reyes para un público infantil.