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El antindependentismo rompe su silencio

Caceroladas contra Puigdemont y manifestaciones contra el referéndum dan voz a una mayoría que rechaza el ‘procés’

Una manifestación por la unidad de España a su paso por la Jefatura Superior de Policía de Barcelona.

La convocatoria llegó el miércoles por móvil: “Cacerolada a Puigdemont. Hoy a las 21 horas durante su discurso en TV3”. Desde el pasado 20 de septiembre, cuando se produjeron las detenciones y hubo registros para intentar frenar la celebración del referéndum soberanista ilegal, hay ciudadanos que salen cada noche a su balcón cacerola en mano para hacer ruido. Algunas de esas movilizaciones, como la que se produjo la noche del 1 de octubre tras las cargas policiales en los colegios electorales, fueron muy sonoras. La del miércoles se sintió en el municipio socialista de L’Hospitalet, en el municipio obrero de Sant Adrià de Besòs de Barcelona, o en Sant Antoni, en el centro de la capital catalana. Pero, esta vez, era distinta.

Una cacerolada convocada y secundada por quienes se han manifestado menos, los contrarios al independentismo, que quisieron rechazar desde sus balcones la declaración televisada de Puigdemont, que confirmaba en un mensaje grabado que seguía con sus planes.

Son ciudadanos que, censo y resultados electorales en mano, formarían parte de una mayoría que no respalda el independentismo catalán. Los favorables a la separación fueron 2.2 millones el 9- N de 2015. El pasado 1 de octubre, según los datos que ofreció la Generalitat, hubo 2..262.424 votos en el referéndum ilegal, sobre un censo de 5,343.358 personas (el 42%). De ellos, 2.020.144 respaldaban la secesión, lo que significa que hubo más de tres millones de personas que, en principio, no lo comparten. Entre ellas, la “mayoría silenciosa” a la que apela la Societat Civil Catalana, la principal organización ciudadana contra el independentismo. El próximo domingo han organizado una manifestación por el centro de Barcelona en la que esperan respaldo numeroso con autobuses venidos desde distintos puntos de España. “Estamos desbordados”, explica su presidente Mariano Gomà. que asegura que han tenido que ampliar el recorrido desde la barcelonesa plaza de Urquinaona.

Su lema es Recuperem el Seny/ Recuperemos la sensatez. “Por primera vez la sociedad catalana silenciosa va a levantar la voz para decir basta, la gente está muy cansada”, señala Gomà.

En los últimos días se están convocando otras manifestaciones que parten de las redes sociales

Según la organización, el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa leerá un texto durante la manifestación. Suman respaldo de otros representantes del mundo de la cultura, como la directora de cine Isabel Coixet, que recientemente escribió un artículo en este periódico titulado Tierra de nadie en el que aseguraba encontrarse “en un lugar silencioso en el que están muchos y en el que no suenan himnos ni gritos ni proclamas, en donde el aire solo mueve banderas blancas”. En su escrito, la cineasta catalana contaba que “dos individuos con banderas esteladas atadas al cuello me han increpado gritándome en la puerta de mi casa llamándome “fascista"..."¡debería darte vergüenza!". Y eso, añadía Coixet, pese a condenar la violencia de las cargas policiales o pedir la dimisión de Rajoy. El problema es que, al tiempo, critica la actuación del Govern.

Lo mismo criticaba el pasado martes en su instituto del municipio barcelonés de Castelldefels María Jesús Izquierdo, una profesora de Matemáticas de 59 años que lleva la mayor parte de su vida en Cataluña y que había asistido, casi sin creerlo, al desalojo de un centenar de alumnos cuyas familias no quisieron secundar el llamado “paro de país” que había convocado la Generalitat y que por la tarde llenó las calles catalanas de manifestantes que marchaban contra la actuación policial del 1 de octubre. “Una compañera me llamó fascista y hitleriana por pedir más orden en el instituto”, aseguraba la docente, que denunciaba que había miedo a hablar frente a profesores independentistas del claustro. “Hemos estado callados mucho tiempo”. Su compañero Jordi Navarro, profesor de Historia, apostillaba junto al centro ese mismo día, que hay ciudadanos en Cataluña que, como ellos, se sienten “huérfanos”. “En Cataluña se ha abierto una grieta que te obliga a elegir entre un lado o el otro o, sino, caerte, y eso está ocurriendo a pasos agigantados”, según este docente.

Junto a las nuevas caceroladas contra Puigdemont o la manifestación que convoca oficialmente la Societat Civil catalana, en los últimos días se están convocando otras manifestaciones que parten de las redes sociales y que se acercan más a la idea de las “banderas blancas” que defiende Coixet.

#Parlem/ #Hablemos es el lema de la convocatoria que llama a los ciudadanos a acudir vestidos de blanco a los Ayuntamientos de sus ciudades el próximo sábado. Uno de los organizadores de esta iniciativa —que se mueve ya por Facebook, Twitter y Whatsapp— es el madrileño Guillermo Fernández, alumno de la Universidad Complutense de Madrid que hace una tesis sobre política francesa.

“La iniciativa nace de un grupo de amigos que el lunes por la tarde estábamos hablando de la situación política, preocupados y enfadados con lo que estaba pasando, viéndonos en un callejón sin salida. Ante la irresponsabilidad de los gobernantes, tanto de Puigdemont como de Rajoy, y como pensábamos que ningún partido estaba en condiciones de convocar algo así, nos lanzamos a hacer un llamamiento a la sociedad civil a manifestarse ante los Ayuntamientos”, explica al teléfono. Proponen que en sus concentraciones no se vean banderas de España ni esteladas, ni ambas, como llevaban algunos manifestantes de las movilizaciones del “paro de país” convocado el martes por la Generalitat, u otros que se han acercado estos últimos días a mostrar su respaldo tanto a la Guardia Civil como a la Policía Nacional.

“El blanco es porque queremos que sea algo llamativo, diferente; para evitar que haya banderas de partidos políticos y de otro tipo, que no nos molestan, pero de la que hay sobreabundancia en estos momentos”, reflexiona Fernández. “Es el color que nos puede reunir a todos y es el de la paz, de la concordia y de los folios en blanco, desde los que uno puede empezar a construir y a hablar”, explica este joven de 32 años, aún sorprendido por la respuesta que ha tenido la idea que surgió con un grupo de amigos. “Hemos recibido muchísimos mensajes de gente que está en nuestra situación: cabreo y tristeza al mismo tiempo. Queremos que se hable”, añade. “Los gobernantes tienen mucha prisa. Se están acelerando mucho los acontecimientos. La llamada al diálogo también es una llamada a poner freno, a sentarse y ralentizar los acontecimientos. Las prisas en esto no nos van a ayudar”. Según sus estimaciones, de momento esperan concentraciones en Madrid, Valencia, Sevilla, Málaga, Valladolid, Coruña, Cáceres, León, Bilbao, San Sebastián, Barcelona o Santa Cruz de Tenerife.

Tras las cargas policiales de antidisturbios el domingo, en distintos puntos de Cataluña hubo vecinos que se acercaron a los hoteles donde estaban alojados los agentes de Policía Nacional y de Guardia Civil. A esas movilizaciones han seguido en distitnos puntos de España, la última anoche mismo en Sant Boi de Llobregat, a 15 kilómetros de Barcelona. Otras se han producido en Zaragoza, Burgos o Melilla. Hubo una mujer que les ofreció alojarlos en su casa. “No somos fachas, somos españoles”, proclaman. En Pineda de Mar, antes de que se marcharan los agentes, una vecina defendía en la plaza del pueblo: “Me siento catalana como el primer independentista y no podemos callarnos. ¿De dónde ha salido este odio?”.

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