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La presión independentista fuerza la dimisión del jefe de los Mossos

Albert Batlle había sido cuestionado por su escasa implicación con el referéndum del 1 de octubre

Albert Batlle
Albert Batlle, saluda a Carles Puigdemont, en una imagen del año pasado.

La presión del independentismo para cerrar filas en torno al referéndum forzó este lunes la dimisión del jefe de los Mossos d’Esquadra, Albert Batlle, nombrado hace poco más de tres años. Durante este tiempo, cuando era preguntado por el proceso secesionista, Batlle respondía que la policía autonómica cumpliría la ley y que, llegado el caso y si un juez lo ordenase, detendrían a la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, o al presidente de la Generalitat. Desde hace más de cinco meses, la CUP y otras formaciones independentistas venían reclamando la cabeza de Batlle por su perfil moderado.

Batlle será sustituido en el cargo por Pere Soler, un independentista convencido que no se ha privado de mostrar su adhesión al secesionismo y al referéndum anunciado para el 1 de octubre. Lo nombrará este martes el Gobierno catalán en su reunión semanal. Del currículum de Soler destaca que fue director de Servicios Penitenciarios de la Generalitat, al igual que Batlle. Su cuenta de Twitter está repleta de apuntes que no dejan lugar a la duda. “Espero que nos vayamos ya, porque me dais pena todos los españoles”, escribió el 23 de octubre de 2016 en una respuesta a un tuit del PSOE.

La crítica constante que se le hacía al ya exdirector de los Mossos para reclamar su relevo era su “escasa implicación” para facilitar el referéndum. O, lo que es lo mismo, que no anunciara que la policía autonómica iba a colaborar con la causa independentista. “La policía no es de nadie, es de todos. No es de un partido ni de un Gobierno”, defendió el día de su toma de posesión.

En los más de tres años al frente del cuerpo policial, Batlle concedió muy pocas entrevistas. La última fue el pasado 18 de febrero a TVE en Cataluña y volvió a insistir en sus planteamientos. “Nosotros lo que tenemos que hacer es cumplir la ley. La policía tiene una dependencia jerárquica del Departamento de Interior y una dependencia funcional, como cuerpo judicial, de la fiscalía y los jueces”, aseguró.

Santamaría: “Deben asumir su fracaso”

“Cuando la gente moderada, que ponía realismo político, se tiene que ir de la Generalitat, Puigdemont y Junqueras pueden hacer dos cosas: o asumir su fracaso ahora o asumirlo el 1 de octubre”, aseguró este lunes la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, para referirse a la dimisión de Albert Batlle.

En su opinión, la renuncia deja en evidencia la “gravísima” dinámica de la Generalitat, porque cualquier persona que respeta la ley y quiere cumplir con su obligación, se ve obligada a dimitir, subrayó. Lo que haría cualquier Gobierno sensato es analizar la “deriva” a la que se está llevando a mucha gente moderada, añadió.

Los cambios de la semana pasada en el Gobierno catalán, que alcanzaron al departamento de Interior, situaron a Batlle en el punto de mira de sus críticos y este mismo domingo, Reagrupament, un partido asociado al PDeCAT, exigió ya su cabeza para garantizar el referéndum.

Este lunes ha dimitido del cargo argumentando “motivos políticos” y volvió a mostrar su convencimiento de que la policía catalana seguirá perseverando en la defensa de la seguridad y el bienestar de los ciudadanos “y lo hará como siempre, con escrupuloso respeto y sujeción a la ley”.

Albert Batlle llegó a la dirección de los Mossos d’Esquadra en junio de 2014, cuando el consejero de Interior era Ramon Espadaler, de Unió Democràtica. Artur Mas no había dado aún el volantazo definitivo hacia la independencia ni había roto con el partido que lideraba Josep Antoni Duran Lleida, por lo que el nombramiento de Batlle no causó recelos.

El nuevo director de la policía catalana, además, podía exhibir una dilatada trayectoria institucional: 20 años de concejal y teniente alcalde de Deportes del Ayuntamiento de Barcelona por el PSC; siete años como director de prisiones de la Generalitat en los dos Gobiernos tripartitos, en los que construyó más cárceles que en 23 años de pujolismo, y más de dos años como director adjunto de la Oficina Antifraude de Cataluña.

Jordi Jané sustituyó a Espadaler al frente de Interior pero Batlle continuó en su puesto: ambos acabaron logrando que se reuniera la Junta de Seguridad de Cataluña, después de más de ocho años sin hacerlo, que se convocaran 500 plazas de mossos y que este cuerpo fuese aceptado en los foros antiterroristas. La marcha de Batlle cierra una etapa en la que ha conseguido mejorar la imagen del cuerpo y ha acabado con las continuas denuncias por excesos policiales y malos tratos que caracterizaron el mandato de otros consejeros.

El relevo de Jané, con un perfil moderado dentro del independentismo, por Joaquim Forn, un secesionista confeso, ha sido la puntilla que ha acabado con Batlle, de 64 años y militante socialista desde 1974.

“La dimisión de Albert Batlle confirma una deriva radical peligrosa. Los servidores públicos se van a golpe de dogmatismo”, escribió ayer en Twitter el primer secretario del PSC, Miquel Iceta. Por su parte, la portavoz de Unidos Podemos en el Congreso, Irene Montero, achacó la dimisión a la “persecución política, económica, judicial y policial” del PP. La coordinadora general del PDeCAT, Marta Pascal, explicó que su partido ve con “normalidad y naturalidad” la dimisión del director de los Mossos y defendió que el nuevo consejero de Interior haga su equipo

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