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EXPOSICIONES

Una mirada artística a la locura

Una exposición en la Sala de Arte Joven aborda la psiquiatría de forma crítica

Fotograma de 'La cerrada de mujeres', vídeo de 1974-1975.
Fotograma de 'La cerrada de mujeres', vídeo de 1974-1975.

"A ver si te mando un día un libro de artículos míos de psiquiatría. Se llama 'Apuntes para una psiquiatría destructiva", le decía el poeta Leopoldo María Panero (que pasó cuatro décadas en centros psiquiátricos hasta su muerte en 2014) a Fernando Sánchez Dragó en una entrevista televisiva en 1999. El libro, que se sepa, no existe, pero 18 años después da nombre a una exposición en la Sala de Arte Joven (C/ Avenida de América, 13) que ofrece una mirada crítica a la psiquiatría.

La muestra, inaugurada este jueves, consiste en una decena de instalaciones, fotografías y piezas de videoarte basadas en material, bien actual, bien del periodo entre la última década del franquismo y el inicio de la democracia, en el que se fraguó la reforma psiquiátrica que puso fin a los manicomios en España con la Ley de Sanidad de 1986. Un diálogo temporal que pretende "reabrir el debate sobre la enfermedad mental y su representación" sin caer en el mito romántico -vehiculado por decenas de novelas y películas- de conectar arte y locura, explicó en la presentación de la muestra su comisario, Alfredo Aracil. "Se trata de mirar el pasado para imaginar un futuro más allá del presente hipermedicalizado en el que estamos. El último capitalismo ha generado otro tipo de confinamiento en espacios y, ahora, los manicomios están dentro de nosotros y las camisas de fuerza son químicas", asegura Aracil, uno de los ganadores de la última edición de ‘Se busca comisario', una iniciativa de la Comunidad de Madrid de apoyo a la creación emergente.

El derecho a la tristeza o a la diferencia, la dificultad de categorizar locura y cordura o el imaginario de lo patológico son algunos de los temas que vertebran los trabajos de la exposición, que podrá visitarse hasta el 21 de mayo y va acompañada de una mesa redonda y un taller. Es el caso de los dibujos de personajes como esqueletos que efectuó el pintor jerezano Carlos González Ragel, fallecido en 1969 en el sanatorio psiquiátrico de Ciempozuelos. Una iconografía, la de los los rostros chupados y las miradas huecas, que comparte con las imágenes, expuestas al lado, del vídeo que tomó Carlos Osorio entre 1974 y 1975 en la Cerrada de Mujeres, como se denominaba al hospital psiquiátrico de Oviedo.

Noemí Iglesias aporta una instalación que contiene el dossier de un paciente que recibía 18 medicamentos al día en Grecia en 2007. Enfrente, una doble columna alberga las muestras de orina que se fue haciendo la propia artista tras ir tomando, uno a uno, la mayoría de esos fármacos. "Hay un proceso de enajenación, de reproducir en mi propio cuerpo todo lo que él pasó y hacer un control exhaustivo. Es, en cierto modo, vivir su vida a través de la mía", explicó Iglesias en la presentación.

La rara troupe, un colectivo articulado en torno al MUSAC de León, ofrece por su parte un vídeo, a ratos lúdico, con el que pretende retratar la patología mental desde una dimensión estética. Precisamente, buscar "un imaginario común" de la locura y "recuperar lo comunitario y lo asambleario" son dos de las recetas que propone Aracil para "enfocar el malestar de manera política". "Culpamos a lo biológico, cuando perder el trabajo o no llegar a fin de mes tienen una carga psíquica que hay que combatir de forma política. El último capitalismo convierte en enfermo al que no es capaz de producir. A lo mejor no necesitamos tantos psiquiatras y sí mejores sindicatos", concluye.

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