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La buena salud de los cineclubs catalanes

El cine independiente y de autor atrae a más de 84.000 espectadores en salas no comerciales de toda Cataluña

Proyeccion en el Festival Gollut 2016 de Ribes de Rreser.
Proyeccion en el Festival Gollut 2016 de Ribes de Rreser.

En una época de crisis, de cierre de decenas de salas de cine en y de una práctica escandalosa —e impune— del pirateo, la salud del cineclubismo se manifiesta de hierro. Es más, en los últimos años han surgido nuevas entidades y asociaciones dispersas por toda Cataluña que programan cine de autor e independiente. El año pasado los 48 cineclubs existentes recibieron más de 84.000 espectadores, un siete por ciento más que el año anterior.

Los hay muy antiguos, como los de Granollers, Valls, Manresa, Sabadell y Vic, todos ellos de la década de los 50. La siguiente también fue de apertura de unos cuantos, entre ellos el de Vilafranca del Penedès, Calella, Malgrat de Mar y La Seu d'Urgell. Los 70, 80 y 90, por el contrario, no fueron de apertura de muchos cineclubs. Hasta el inicio del milenio, en el que el fenómeno resurgió con fuerza y se crearon 15, como los de Vidreres, Molins de Rei o LLoret. En lo que va de década se han abierto cuatro más. “El resurgir del cineclubismo tiene mucho que ver con la crisis del cine y el cierre de muchas salas en localidades medianas y pequeñas. La fórmula del cineclub parte de voluntarios y de una estructura más sencilla y menos costosa que una sala de cine comercial aunque también se tiene que pagar a las distribuidoras. Se podría decir que hay un poco de acto reivindicativo de la sociedad que no se resigna a no poder ver buen cine y en buenas condiciones”, explica Pablo Sancho, presidente de la Federación Catalana de Cineclubs y responsable del de Vilafranca del Penedès.

La capital del Penedès se quedó sin salas de cine comercial hace cuatro años y la sala que existía se abría una vez a la semana para la exhibición de las películas del cineclub y en los fines de semana se programan títulos más de circuito comercial. “Ha sido la opción de muchas ciudades pequeñas, compartir las salas comerciales que habían cerrado en una programación de sustitución que alterna las películas de cineclub con otras”, añade. Esa combinación es la que se hace también en Ribes de Freser (Ripollès).

Los que no tienen una sala de cine convocan las sesiones en diferentes espacios. A veces es un equipamiento municipal, otras en teatros, como ocurre en Vic donde se programa cine de autor e independiente tres veces a la semana. Aunque lo más frecuente es una o dos sesiones. El año pasado se realizaron más de 1.300 sesiones, la gran mayoría, un 64%, en versión original subtitulada. Una opción de cine que ha aumentado un 9% respecto a 2014. Lo mismo ocurre con el cine catalán —producción catalana o subtitulado en ese idioma—que el año pasado ocupó 300 sesiones. “Estamos muy satisfechos porque tenemos una ocupación de 66 personas por sesión, muy por encima de lo que tienen las salas comerciales”, puntualiza el presidente de la Federación. Las estadísticas de la entidad avalan el optimismo: en 2011 los espectadores fueron 70.000 y el año pasado sobrepasaron los 84.000.

A una sesión de un cineclub pueden ir los socios de la entidad de que se trate que pagan una cuota anual o cualquier espectador, que abonará tres o cuatro euros. Es un cine que cuenta con cierta ayuda pública, especialmente de la administración local por el papel cultural que asumen. El año pasado cada cineclub recibió una media de 3.609 euros de subvención para el funcionamiento.

Muchas veces no solo se trata del visionado de la película y los espectadores pueden mantener un debate con algún invitado relacionado con la cinta que se ha exhibido. “Es más que ver una película, es un acontecimiento que reúne a las personas aficionadas al cine de autor e independiente”, comenta Sancho que aclara que la edad media del cineclubista está en torno a los 40 . En 2015 se exhibieron 440 películas en los cineclubs catalanes como Magical Girl, Nightcrawler, La sal de la tierra, Les costures de la pell, Boyhood, Relatos Salvajes, Camino a la escuela, Pride, Mandarinas o Un món que no ès el nostre, entre otras. Las salas de cineclub diseminadas por todo el territorio son el equivalente a los Verdi o a los Renoir de la capital catalana que, además, cuenta con la Filmoteca de Cataluña con la que la Federación de Cineclubs tiene acuerdos de colaboración. Es en la Filmoteca donde se celebrará a partir del próximo martes la III Setmana del cineclubisme català.