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El feminismo místico de ‘El amor brujo’

La Fura dels Baus lleva a los Teatros del Canal la obra más universal de Manuel de Falla

Un momento de la representación. Ver fotogalería
Un momento de la representación.

La historia de El amor brujo, pieza de la que acabamos de celebrar el centenario, suele asociarse a un ambiente místico y gitano, de tintes ancestrales y raíz folclórica. Pero si se ahonda un poco más en la obra del compositor Manuel de Falla, como ha hecho la compañía La Fura dels Baus, se encuentra una reivindicación de la mujer libre, valiente e independiente. La mujer que se reconstruye a sí misma de sus escombros en la alegoría de una cueva mágica. Por ello en esta versión, que ahora llega a los Teatros del Canal, se reivindica el papel de la verdadera autora del libreto, María de la O Lejárraga, un espíritu luchador y reivindicativo de mujer adelantada a su tiempo.

Esta versión del centenario, estrenada en el pasado Festival de Música y Danza de Granada, llega ahora a Madrid con las ventajas de usar una sala a cubierto como la de los Teatros del Canal. El espacio ha facilitado un montaje de grandes estructuras en el que se usan lanzallamas y 2.000 litros de agua —los bomberos han tenido que dar el visto bueno a la seguridad—. Las llamas, por ejemplo, se crean a partir del uso de un polen de Nepal que se usa para “generar un fuego mágico”.

Uno de los puntos principales de esta revisión de la obra más universal de Manuel de Falla está no en su música sino en el libreto. A pesar de que el texto se ha firmado tradicionalmente a Gregorio Martínez Sierra, en realidad fue escrito por su mujer, María de la O Lejárraga —defensora de los derechos de la mujer y diputada por Granada del partido socialista en el Congreso en 1933.

Una mujer anulada

Lejárraga retrata en esta obra a una mujer anulada que se libera del infierno en el que vive sin ayuda de nadie. “Es la historia de maltrato a una mujer anulada —aquí representada por la cantaora sevillana Esperanza Fernández—. Esta mujer se va a una cueva a curarse de sus males, donde dicen que vive una bruja. Pero la bruja no está, y se da cuenta de que la bruja tiene que ser ella. Se libera y consigue que vuelva el espectro que la atormenta, para decirle que ahora será ella la que decida si perdonarlo o no”, cuenta Carlus Padrissa, uno de los directores artísticos de La Fura.

Encargado de los mandos de la Orquesta de la Comunidad de Madrid —en formación de orquesta de cámara, como indicó Falla en su versión de la obra de 1915— estará Manuel Coves, dirigiendo las páginas de El amor brujo, que aquí se hilvanan con fragmentos de otras obras de Falla como La vida breve, Noches en los jardines de España o El sombrero de tres picos. “Musicalmente es bastante compleja, porque estamos acostumbrados al alcance sinfónico de la versión de 1925. Aquí, con la orquesta expuesta, es más fácil mostrar todos esos cambios que usa Falla en la música para adecuarse a lo que está pasando en escena”, cuenta el director.

Además, a la música y la puesta en escena hay que sumar las filmaciones de José Val del Omar. Estas grabaciones son un actor más de la obra. “Val del Omar se compró una cámara y empezó a filmar a los brujos que viven en las cuevas de Granada. Aquí están el agua que baila de la Alhambra y el fuego, ambos reflejados en las grabaciones de Val del Omar, realizadas en la época en que Falla hizo su obra”, explica Padrissa.

La coreografía elegida también es atípica. Aquí no se espera un cuerpo de baile de medidas de patronaje; el joven Pol Jiménez, con tan solo 18 años, es el encargado de coordinar a bailarines muy jóvenes. “Hijos del pueblo, cuyos cuerpos no se corresponden con los clichés del 90-60-90”, define Padrissa.

La versión de El amor brujo, de La Fura dels Baus se presenta los días 6, 7 y 8 de mayo en los Teatros del Canal. Entradas: de 40 a 90 euros.

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