Monstruos para el aeropuerto
El artista Álvaro Soler Arpa expondrá en la T1 sus extravagantes criaturas hechas con esqueletos de animales y trufadas de residuos


Siempre es un placer acercarse al estudio de un artista que parece un gabinete de curiosidades, los almacenes del Barnum's American Museum, los predios de la quimera o la cueva del dragón. Un artista que usa frankensteinianamente huesos de animales, que frecuenta los muladares para arrebatar carcasas a los buitres, que desenterró un caballo en descomposición en el Empordà a fin de hacerse con materia prima y que declara que lo que más le inspira en su trabajo son las patas de las avestruces.
Álvaro Soler Arpa (Girona, 1974) no es —como se ve— un creador al uso, ni son nada corrientes sus extravagantes, monstruosas y misteriosas esculturas que dan fe de un extraordinario interés por la anatomía y la mitología y componen un bestiario de híbridos imposibles tan fantástico como surrealista.
Parte de su última producción, agrupada bajo el título de Vida tóxica. Somos naturaleza en evolución tóxica y en la que el imaginario de Soler Arpa (esa naturaleza "alterada y torturada") se alía con el activismo contra la proliferación de plásticos, se va a exhibir a partir del 15 de febrero, durante tres meses, en el vestíbulo de llegada de la L9 en la Terminal 1 del aeropuerto de Barcelona. Desde luego, esa exposición brindará a los turistas una imagen de la ciudad mucho menos convencional de lo que imaginaban... También se exhibirán fotos de las obras en el Metro, en el Espai Mercè Sala de la Fundación TMB (1 de febrero al 24 de marzo). Y está previsto que su galería, Miguel Marcos, le lleve una obra a Arco.

Ayer, en la visita al estudio de Soler Arpa fue posible contemplar varias de las piezas que se expondrán en El Prat. Ahí estaban Antrílope (sic), esqueleto de un animal fabuloso con tres patas de avestruz y un combinado de huesos de cerdo, caballo, vaca, cabra y búfalo africano, y Fauno, un ser no menos estrambótico, de 4 metros de largo y compuesto por un cráneo de ñú, cuello de vértebras de cerdo, tronco de caballo y patas de vaca y avestruz. El creador deberá modificar otra de las obras seleccionadas, Animal marino, al incluir un cráneo de cocodrilo que carece de permiso.
Todas las criaturas están ensambladas con alambres y adornadas y rellenas de basura, básicamente elementos plásticos y latas. El artista juega con la idea de que sus fabulosos animales son mutantes producidos por la contaminación del planeta. Este hecho ha propiciado la alianza de Soler Arpa con la ONG californiana Internacional Plastic Pollution Coalition (PPC) que denuncia la amenaza que la polución plástica supone para la naturaleza. PPC encabeza una campaña contra el uso de plástico bajo el lema "la naturaleza no puede digerirlo".
Ayer, durante la visita al estudio-laboratorio de Soler Arpa, la directora y cofundadora de PPC, Diane Cohen, se hizo presente mediante videoconferencia desde EE UU para explicar la terrible muerte de los albatros que engullen plástico y se les bloquean los intestinos, lo que contribuyó a aumentar la atmósfera surreal. Lo primero que hizo la activista, que conoció la obra de Soler Arpa en una exposición en Azul Tierra y le pareció la imagen perfecta para ilustrar las preocupaciones de su organización, fue pedir que se retiraran las botellas de agua de plástico dispuestas para la visita. Afortunadamente Cohen no pudo ver (por la disposición de la pantalla del ordenador) el contundente cráneo de elefante que adorna el estudio del artista y que éste matizó luego que es un regalo de un cazador al que conoció en una boda (no, recalcó, no es Juan Carlos I) y que aún no ha decidido si lo integrará en una de sus obras.
En el estudio se desplegaban, entre dibujos preparatorios y objetos muy variados, entre ellos un arpa (!), otras muchas piezas, incluida una serie de cráneos de toros revestidos de diferentes materiales y una cabeza de caballo adornada con un cuerno de oryx como si fuera un unicornio.
Soler Arpa explicó ricas anécdotas sobre la procedencia de sus materiales. Dijo que algunos son regalo de restaurantes, otros de cazadores y otros más verdaderos objects trouvées o más bien déterrées. El artista relató —y solo por eso ya valió la pena conocerlo— cómo una vez la Guardia Civil le detuvo cuando portaba varias bolsas sangrantes cargadas con avestruces muertas procedentes de un matadero de Valencia…
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