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La CUP deja ahora el futuro de Mas en manos de cien asambleas

La dirección asumirá lo que decidan las bases a través de reuniones en toda Cataluña

La portavoz de la CUP, Anna Gabriel, y su homólogo de Junts pel Si, Jordi Turull
La portavoz de la CUP, Anna Gabriel, y su homólogo de Junts pel Si, Jordi Turull, durante la reunión de la Mesa y la Junta de Portavoces del Parlament. EFE

El proceso de decisión dentro de la CUP sobre la investidura de Artur Mas vuelve a empezar. Y esta vez tendrá que completarse en apenas cinco días. El partido anticapitalista, que el pasado domingo se mostró incapaz de decidir en una multitudinaria asamblea si inviste al actual presidente en funciones, puso ayer en marcha una nueva ronda de consultas a sus bases que derivará en un centenar de asambleas locales. Unos setenta delegados de estas asambleas —que hace un mes ya rechazaron a Mas— se pronunciarán definitivamente este sábado.

La CUP no se cansó ayer de pedir respeto para su sistema de toma de decisiones, que a ojos del resto de partidos resulta paralizante y que ha dejado muy debilitado a Artur Mas. Sus militantes defendieron en las redes sociales que el sistema asambleario es el más democrático y que si aún no ha habido acuerdo es porque el líder de Convergència y presidente de la Generalitat en funciones no ha querido dar un paso atrás como le han pedido reiteradamente.

El insólito empate a 1.515 votos registrado en la asamblea del domingo entre partidarios y contrarios a la investidura de Mas tendrá que dirimirse ahora en el seno del consejo político de la formación. Este organismo, que sería el equivalente al comité federal del PSOE, lo forman los diputados de la CUP (que no tienen derecho a voto), los 15 miembros del secretariado y entre tres y seis representantes de cada una de las 13 asambleas territoriales que tiene la formación. En este caso, el consejo político del próximo sábado se ampliará a una docena de representantes de organizaciones políticas que apoyaron a la CUP en los comicios del 27-S.

La singular organización de la formación anticapitalista provocará que entre estos dirigentes que decidirán sobre la investidura del presidente de Cataluña haya delegados de asambleas territoriales de fuera de esa comunidad autónoma, concretamente de los otros territorios de los llamados por los nacionalistas Países Catalanes, como Valencia y Perpiñán.

Los representantes territoriales se limitarán a transmitir con su voto el resultado de las asambleas previas que habrán hecho en su zona. El voto de cada una de las 13 asambleas territoriales se dirimirá en un centenar de cónclaves a nivel municipal. En el caso de la ciudad de Barcelona la militancia se pronunciará entre el martes y el miércoles.

Rechazado hace semanas

 Este intrincado sistema de toma de decisiones vuelve a dejar el futuro de Mas en manos de unas asambleas territoriales que ya le han rechazado una vez, hace cuatro semanas. Entonces, en una primera ronda de votaciones, seis de las 13 asambleas se opusieron abiertamente a la investidura, otras cuatro la apoyaron con matices y al menos una no se pronunció. Los representantes de Valencia se contaron entre los más partidarios de investir a Artur Mas.

El secretariado de la CUP, el órgano que toma las decisiones del día a día, se reunió ayer para decidir cómo organizar la votación del sábado. Entre las dudas que existen está la de si se votará o no a mano alzada y si los delegados que representen a un territorio tendrán que votar todos en el mismo sentido o podrán repartir los votos en función del nivel de apoyo que haya tenido Mas en sus respectivas asambleas.

Si no hay cambios de última hora, algo que no es descartable con el sistema de funcionamiento de la CUP, la votación no plantea un escenario favorable para los intereses de Artur Mas. No solo las asambleas territoriales son contrarias mayoritariamente a la investidura; también lo son casi todas las organizaciones externas que ayudaron a articular la campaña del 27-S. La esperanza de los defensores de la investidura es que alguna asamblea territorial se decante ahora por la investidura tras haber analizado el escenario que puede abrirse si hay nuevas elecciones con el independentismo desmovilizado.

Cuatro líderes tienen la última palabra

La CUP se caracteriza por tener una estructura asamblearia que intenta diluir al máximo los liderazgos y fomenta la renovación de caras cada legislatura. Sin embargo, algunos de los diputados y exdiputados ostentan una posición no solo de liderazgo orgánico, sino que se han convertido en referente de la izquierda anticapitalista en Cataluña.

Anna Gabriel. Diputada del Parlament. Considerada como una de las más firmes detractoras de Mas como presidente de la Generalitat. Milita en Endavant, la facción del partido más reacia a cualquier acercamiento a Junts pel Sí.

Antonio Baños. Encabezó la lista de la CUP a las elecciones del 27-S y es considerado próximo a los defensores de alcanzar un pacto de legislatura con Junts pel Sí. Periodista y miembro de la organización independentista Súmate, Baños aseguró el domingo que todavía hay margen para el acuerdo.

Josep Manel Busqueta. Panadero de profesión, fue asesor de los gobiernos de Hugo Chávez, a los que recomendó nacionalizar más empresas privadas. Las últimas semanas este diputado ha hecho una dura campaña contra la investidura de Mas.

David Fernàndez. Encabezó en 2012 la primera candidatura de la CUP que consiguió representación parlamentaria. Este periodista ha sido la principal cara visible del partido y disparó su popularidad entre los sectores alternativos cuando se dirigió a Rodrigo Rato golpeando con una sandalia la mesa durante una comisión parlamentaria. Ha defendido la investidura de Artur Mas.

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