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El fotolibro tiene dueño

La feria Fiebre Photobook reivindica un formato que pasa por un momento de gran creatividad

Un momento de Fiebre Photobook de 2014.
Un momento de Fiebre Photobook de 2014.

La escuela de fotografía Blank Paper creó en 2013 un festival llamado Fiebre Fotolibro. En 2015, van por la tercera edición, pero recibió un burofax de la empresa Fotoprix prohibiendo el uso de la palabra “fotolibro”. Está registrada y si la utilizaban les amenazaban con demandarles. Como Blank Paper es una empresa pequeña y frágil prefirió no meterse en camisas judiciales de once varas y tiraron de la siempre moderna y eficaz lengua inglesa: Fiebre PhotoBookse celebra del 10 al 13 de diciembre en Casa del Lector, Centro Centro y la propia escuela. Habrá exposiciones, charlas, talleres, visionados, feria, todo ello relacionado con este género en auge.

 

Porque ahí está el quid de la cuestión: ¿puede registrarse una palabra que define a un género artístico? Imagínense que se registrasen las palabras novela o cuadro. Algo así es el fotolibro, término que ha sido utilizado, por ejemplo, en varias exposiciones en el Reina Sofía e infinidad de veces en este mismo diario. España es saludada en festivales, premios y revistas extranjeras como tierra propicia al fotolibro, con nombres como Ricardo Cases, Cristina de Middel, Daniel Mayrit, Aleix Plademunt, Óscar Monzón, Fosi Vegué, Juan Valbuena o Julián Barón, entre muchos otros. “Cada vez se han ido generando piezas más interesantes. Todo esto ha suscitado mucho interés en el mundo de la fotografía y muchos lo han visto como un movimiento”, explica Olmo González, miembro de BlankPaper y del colectivo MOB, que comisaria el evento.

La palabra tiene matices, según se entiende en el mundo artístico: no es solo un catálogo o álbum de fotos, digamos, puestas una detrás de otra, sino algo más. El fotolibro está editado y diseñado de tal forma que tiene un relato subyacente o un concepto detrás. Así el formato del libro, el papel, las tintas o el orden de las fotos responden a una estética que pide el tema. Algo así como un libro de artista.

“El término se está popularizando, por eso Fotoprix, que tiene registrado el término desde 2005, cuando era desconocido, inicia acciones legales contra quienes lo utilicen”, dice Jordi Solans, abogado de la empresa que, por cierto, no pasa por un buen momento financiero: trata de salir de un concurso de acreedores por una deuda de 12 millones de euros y el año pasado aplicó un ERE a 197 trabajadores. “La empresa entiende que dio a conocer el término, aplicándolo a lo que era un álbum digital, y ahora otros se aprovechan de eso”, afirma Solans. Aquí también hay un matiz: el fotolibro de Fotoprix no es ese objeto artístico del que hablamos, sino ese “álbum digital” que sus usuarios pueden imprimir con sus fotos privadas mediante una aplicación informática.

“Este término se compone de dos genéricos, como son 'foto' y 'libro”, y es descriptivo del producto, así que a priori no se podría registra”, dice Alejandro Falcón, de Falcón Abogados, especialistas en Propiedad Industrial e Intelectual. “Por alguna razón el funcionario de la Oficina Española de Patentes y Marcas en aquel tiempo consideró que no incurría en una prohibición absoluta y no hubo alegación de terceros al respecto. De todas formas también hay casos de vulgarización de la marca, como cuando nailon dejó de ser una marca para ser un producto de uso común”.

 

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