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Las tiendas de Libreros protestan por la venta ambulante en sus puertas

El problema se agrava porque una furgoneta repleta de libros nuevos también hace negocio

Venta de libros de segunda mano en Libreros, en 2013. Ampliar foto
Venta de libros de segunda mano en Libreros, en 2013.

Varios propietarios de las librerías de la calle de los Libreros, una arteria pegada a la Gran Vía en la que seis locales trabajan en la venta de libros de texto, han protestado a este diario por la venta ambulante de este tipo de obras delante de sus establecimientos. Desde hace 30 años, algunos estudiantes se deshacen en esta calle de ejemplares que ya no les sirven por un precio más bajo que el oficial. El problema se agrava porque ahora una furgoneta repleta de libros también hace negocio. Las multas pueden superar los 6.000 euros.

Entre las colas que se forman en la entrada de cada una de las seis librerías de la calle de los Libreros, en pleno centro de Madrid, aparece un chico con una mochila enfundada en la espalda que se para en el soportal de una de ellas. El joven abre la bolsa, que está repleta de libros de texto: los saca, los muestra y los ofrece. El precio de sus obras es más barato que el importe de las del local, y un cliente, que está a punto de entrar en el establecimiento después de media hora de espera, se gira y comienza a ojearlas. “A veces solo falta que en vez de vender los ejemplares fuera entren en la tienda y lo hagan dentro. Me parece increíble que esto se haga en la puerta de mi local”, dice un responsable de la librería La Casa de la Troya, donde venden libros de Bachillerato, de carreras —desde Medicina hasta Derecho— o enciclopedias.

Su negocio, cuenta este librero, lleva sufriendo este tipo de competencia varios lustros. Con el inicio del año lectivo llegan estudiantes que revenden a un precio más barato ejemplares de cursos anteriores: una suerte de jóvenes vendedores ambulantes que quieren ganar un dinero extra, una tradición en esta calle de Madrid desde hace más de treinta años, con los libros de texto que ya no les sirven. “En septiembre hemos tenido este problema varias semanas, pero este tipo de competencia ha sido menor que en años anteriores porque con la nueva ley educativa muchos libros han cambiado”, relata la librera de La Merced, un local que se ha visto menos afectado porque solo trabaja obras literarias, universitarias y de texto nuevas —muchos establecimientos también comercializan ejemplares usados—.

Multas en la calle

Los comerciantes de este gremio cuentan desde hace tiempo en Libreros con un aliado: la Policía Municipal. Agentes de este cuerpo se acercan a esta calle para evitar la venta ambulante de ejemplares. Las multas pueden ascender hasta los 6.000 euros.

Pío Baroja puso nombre a la calle

Ya en septiembre de 1987, EL PAÍS publicaba: “Alrededor de un centenar de jóvenes de entre 14 y 20 años improvisa desde hace tres años en la calle de los Libreros todo un mercadillo de libros de texto usados”. Han pasado tres décadas y el interés por este negocio no ha cesado. Algunos se animan a ojear en los puestos por las lentas colas en las tiendas de la zona.

La calle de los Libreros se denomina así porque tradicionalmente albergó librerías de viejo. José del Corral, en su libro La Gran Vía. Historia de una calle, relata que ese fue el nombre que propuso al Ayuntamiento de Madrid Pío Baroja a principios de los años cuarenta puesto que ya entonces proliferaban los negocios de libreros anticuarios.

Sin embargo, los estudiantes no son la única competencia de los libreros. De vez en cuando, cuentan dos propietarios que prefieren no identificarse, aparece una furgoneta cargada de libros nuevos. Una persona se baja del vehículo y comienza a ofrecer los ejemplares a un precio más barato que el de las librerías. “Hace unas semanas que la furgoneta no pasa por aquí, pero cada cierto tiempo, un mes sí y otro no, se acerca a vender libros. De momento, la policía nunca ha cogido a los responsables. Hasta cierto punto entendemos que haya estudiantes que quieran sacarse un dinerillo vendiendo libros que ya no quieren, pero lo de esta furgoneta no tiene ningún pase”, cuenta una de las propietarias.

Este tipo de venta ambulante se lleva realizando en Libreros casi 30 años. A raíz de las denuncias de los comerciantes, el Ayuntamiento instaló por primera vez en septiembre de 1992 una guardia permanente para evitar la venta de los jóvenes. El importe habitual está entre los 5 y los 15 euros, en función del estado en el que se encuentren los libros de texto. Las primeras multas que puso la Policía Municipal a los vendedores ambulantes, también en el año 1992, eran de 25.000 pesetas. 23 años después, el conflicto continúa vivo.

Conflicto con el 'top manta' desde el año 1992

1992. El Ayuntamiento instaló por primera vez en septiembre de 1992 una guardia permanente para evitar la venta de libros de texto de los jóvenes.

25.000 pesetas. Las primeras multas que puso la Policía Municipal a los vendedores ambulantes, también en 1992, eran de 25.000 pesetas.

Agentes de policía. Agentes de este cuerpo se acercan a Libreros para evitar la venta ambulante de ejemplares. Las multas pueden ascender hasta los 6.000 euros.

Furgoneta ambulante. Dos propietarias han protestado por una furgoneta que vende libros nuevos más baratos que en las librerías.

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