Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Albiol, un político que agita con el racismo

El PP confía en el tirón electoral del alcalde de Badalona

Xavier García Albiol
Xavier García Albiol.

El Partido Popular ha elegido como candidato a la presidencia de la Generalitat a un político que, a golpe de polémica, se ha convertido en algo parecido a una estrella mediática. Desde que definió a los gitanos rumanos de su ciudad, Badalona, como “una plaga” —expresión por la que afrontó un proceso penal del que salió absuelto— Albiol (47 años) ha permanecido, voluntariamente, en el ojo del huracán. Provocador, directo y con amplios dotes para la comunicación política (lee con voracidad libros de esa materia), el flamante candidato del PP catalán es un agitador profesional que ha sabido ganarse a una parte del electorado. Lo ha hecho, además, hablando el lenguaje de la calle —los rivales admiten su desenvoltura en las distancias cortas— y, sobre todo, con un discurso contrario a la inmigración.

Albiol se reivindicó ayer como caballo ganador —“llevo en política muchos años y no he perdido nunca”— aunque lo cierto es que tuvo que gastar muchas “suelas de zapato” —suele emplear esa expresión para demostrar que conoce la calle y sus códigos— antes de convertirse, en 2011, en alcalde de Badalona, una ciudad que hasta entonces siempre había mirado a la izquierda. Su ascenso (empezó como único concejal del PP, a los 24 años) lo cimentó en ataques contundentes, sin contemplaciones. Más tarde aprovechó los problemas de convivencia en barrios de Badalona para explotar el filón de la xenofobia, que le permitió convertirse en primera fuerza política y ser alcalde. Revalidó victoria en las últimas elecciones, pero un pacto de la izquierda le desbancó del poder. “Es un hueso duro de roer, pero se le puede vencer. Ahora os toca a vosotros. Os pasamos el marrón con cariño”, dijo ayer Guanyem, la formación que gobierna Badalona, en un comunicado irónico.

Está por ver si el mensaje de Albiol, que ha calado en Badalona, lo hará también en el conjunto de Cataluña. Pese a que la agresividad verbal ha marcado sus campañas —en la última recibió nuevas críticas de racismo por usar el lema “limpiando Badalona”— en su día a día como alcalde ha rehuido el enfrentamiento y se ha centrado en la gestión de la crisis. Aunque mantuvo su línea dura con los extranjeros —en especial con los musulmanes, a quienes prohibió rezar en la calle— se mostró cauto en otros asuntos, como la inmersión lingüística. A diferencia de otros cargos del PP, no se ha destacado especialmente por su beligerancia con, por ejemplo, el uso del catalán en las escuelas. El candidato a presidir la Generalitat ha reivindicado su españolidad —instaló una pantalla gigante en Badalona para ver la final de la Eurocopa de 2012, que ganó la selección— pero intentando no abrir heridas en materia identitaria. Según el escenario en el que se encuentre, lo mismo puede hacerse llamar Javi que Xavi. Los adversarios le reconocen capacidad de seducción barnizada de populismo, pero le reprochan sobre todo dos cosas: que fuera incapaz de tejer complicidades como alcalde y que aprovechara las dificultades de convivencia en los barrios para ganar votos a costa de la inmigración. En 2010, junto a la ahora relevada Alicia Sánchez Camacho, distribuyó los panfletos xenófobos en los que definía a los gitanos rumanos como “plaga” que había llegado a Badalona “exclusivamente para delinquir”. Pero Albiol se toma las acusaciones de racismo con indiferencia, consciente de que su discurso “sin complejos” le ha hecho ganar votos. “O aceptan nuestros valores o que se vuelvan por donde han venido”, dijo durante un reciente congreso del PP catalán.

Nacido en un barrio de la periferia de Badalona, Albiol (2,01 metros) jugó en los juveniles de la Penya y es aficionado del Espanyol. Su padre, almeriense, fue trabajador de la brigada municipal; su madre, catalana, peluquera. Hizo cursos de dirección de empresas y empezó la carrera de Derecho. Desde entonces se ha dedicado a la carrera política, marcada siempre por la polémica. Como cuando, en 2006, dio un tortazo a un independentista que abucheaba al ministro Ángel Acebes. Casado y padre de dos hijos gemelos, el exalcalde ha demostrado capacidad para marcar la agenda política y, hasta ahora, había apostado más por cultivar su marca propia (Albiol) que la del partido.

Más información