Tribuna
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Un error todavía evitable

La desmembración de la biblioteca del Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia López Piñero de Valencia

En 1968, la histórica universidad de Lovaina, creada a finales de la Edad Media, se dividió en dos mitades como consecuencia de las disputas irreconciliables entre flamencos y valones. Se creó una nueva universidad en Ottinges y fue necesario dividir el patrimonio universitario: muebles, equipos, material de oficina y también los fondos bibliográficos En este último aspecto se adoptó una decisión salomónica: una moneda al aire decidió que los libros con signatura par fueran para los flamencos y los de número impar para los valones. El episodio de los “pairs et impairs” se transformó en un asunto de burla y escarnio por parte de la comunidad universitaria mundial. Uno de los bibliotecarios que participó en el “splitsing” sigue recibiendo todavía preguntas de académicos escépticos que se escandalizan cuando les confirma que el hecho es “bien real”. El bibliotecario, posteriormente responsable de uno de los fondos divididos, señala que la leyenda ha producido sus particulares exageraciones: “Cada libro no tenía nada que ver con su vecino, por lo que la obra de historia par se podía fácilmente separar de su volumen impar, dedicado al derecho o a la geología”. También puntualiza con firmeza: “No, las colecciones de revistas y fuentes no fueron nunca disociadas” porque, como supieron ver los responsables de tan singular partición, la ruptura de publicaciones seriadas habría dañado a las dos instituciones en su conjunto e hicieron lo posible para evitarla.

Como en otras ocasiones, la historia se ha repetido dos veces, la primera como tragedia, la segunda como farsa. Los responsables del segundo “splitsing”, quizá desconocedores de la famosa anécdota de la universidad belga, han conseguido perfeccionar el arte del absurdo hasta sus máximas consecuencias: la división se ha realizado sobre una colección de libros de una misma área temática y, lo que todavía es peor, sobre series de revistas completas. Estos hechos han tenido lugar en el Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia López Piñero de Valencia. Era una institución mixta del CSIC y de la Universidad de Valencia que ha cesado de existir por la denuncia del contrato realizada por los responsables del CSIC. Una vez cancelado el centro mixto ha sido necesario dividir muebles, equipos informáticos, material de oficina y también los fondos bibliográficos. La propuesta de separación, incluye la partición del material bibliográfico según criterios estrictamente contables, sin tener en cuenta la pérdida de continuidad de las series ni la homogeneidad inicial de la colección. De este modo, por ejemplo, las revistas se dividirán entre las dos instituciones por la fecha mágica del año 2000. La medida fue impuesta por los representantes del CSIC, en contra de los informes formulados por los expertos de ambas instituciones. Tal y como han apuntado recientemente un grupo de conocidos investigadores del CSIC del área de historia de la ciencia, la partición de estos fondos no “significará una mejora considerable para la biblioteca de destino” porque dará lugar a ”una enorme cantidad de duplicados” en los libros y “un aumento de la discontinuidad, fragmentación y duplicación de las series en lo que se refiere a las publicaciones periódicas”.

 Nuevo 'ex libris' propuesto en la Universidad de Lovaina tras la partición de la biblioteca. En los dos lados de la imagen central se evocan incendios devastadores producidos durante  las dos guerras mundiales. En la parte superior el libro partido por la mitad evoca el famoso splitsing de 1971. El lema latino indica: “La sede de la sabiduría no debe ser expoliada.”
Nuevo 'ex libris' propuesto en la Universidad de Lovaina tras la partición de la biblioteca. En los dos lados de la imagen central se evocan incendios devastadores producidos durante las dos guerras mundiales. En la parte superior el libro partido por la mitad evoca el famoso splitsing de 1971. El lema latino indica: “La sede de la sabiduría no debe ser expoliada.”

Ante despropósito tan grande, resulta inevitable preguntarse cómo ha podido tomarse una decisión tan negativa en contra de la opinión experta. Los responsables deben dar explicaciones urgentes porque, si nada lo remedia, sus actuaciones perdurarán mucho más que sus cargos, sometidos a los vaivenes de una política científica carente de grandes miras y largos plazos. Cuando los responsables hayan sido olvidados, la destrucción del patrimonio bibliográfico permanecerá y se transformará en otro escollo añadido que deberán salvar las personas que dediquen su tiempo a la investigación en un entorno de recursos menguantes. Si resulta ya indignante presenciar el malbaratamiento de recursos públicos en momentos de escasez y penuria, todavía lo es más cuando se comprueba la absoluta falta de predisposición para el diálogo con el fin de buscar las mejores soluciones basadas en el conocimiento experto. No ha habido la más mínima intención de explorar esta vía, como tampoco hubo respuesta a las numerosas peticiones para mantener reuniones con los responsables de estas medidas y pensar soluciones beneficiosas para el bien público que constituye la biblioteca. La dirección del CSIC debe explicar por qué optó por este camino. Por nuestra parte, los ciudadanos, y particularmente los investigadores en ciencias y humanidades, estamos obligados a denunciar los actos pagados con dinero público que destruyen bienes comunes. No es posible ni el silencio ni mucho menos la complicidad con este tipo de prácticas. En el caso de la biblioteca de Lovaina fueron muchas las voces que se alzaron y consiguieron paliar algunas de las consecuencias, al menos en el terreno de las revistas y en la continuidad de las colecciones. No pudieron evitar, sin embargo, que la palabra “splitsing” acabara evocando en francés una partición bibliográfica que, según cuenta uno de sus protagonistas, “escandalizó todavía más de lo que hizo reír”. Lo que está ocurriendo actualmente con la biblioteca del Instituto “López Piñero” de Valencia no tiene nombre. Todavía. Si finalmente se debe acuñar un neologismo mi preferencia son los epónimos, un recurso ampliamente empleado para homenajear como se merecen a los inventores. Sería mucho mejor que no fuera necesario neologismo alguno y que se retome la cordura y el diálogo para encontrar la mejor solución que permita salvaguardar estos recursos bibliográficos de primer orden, de modo que sigan cumpliendo la importante función de servicio público para el que fueron creados. No es difícil conseguir este objetivo, los informes de los expertos así lo indican. Basta con un poco de buena voluntad.

José Ramón Bertomeu Sánchez es miembro del  Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia López Piñero de Valencia

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