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OPINIÓN

Error contumaz

A estas alturas todo el mundo (incluso el independentismo) tendría que tener claro que el referéndum no se celebrará

Ya basta con confundir, aburrir y agotar a la ciudadanía con el proceso catalán. ¿A quién le interesa mantener la presión por una votación que desde el principio se sabía que no se produciría? El Gobierno catalán (CiU-ERC) y el español (PP) han apostado de manera indigna por obtener réditos electorales manteniendo una tensión en un proceso que se podría solucionar con diálogo e inteligencia. Características propias de buenos estadistas que alzan el vuelo para ver no solo el presente, sino el futuro más inmediato bajo la premisa de solucionar y no causar problemas. Los actuales no pasan del vuelo gallináceo creando dolor y frustración.

El nacionalismo catalán reitera errores históricos impidiendo constantemente que la ciudadanía de Cataluña pueda ejercer su derecho a la autodeterminación. Macià se precipitó al declarar la República Catalana en el 1931, poniendo en jaque a la débil República. Tuvo que dar marcha atrás e inició una confrontación con el Gobierno central que no desapareció hasta 1939. Se volvió a errar en el 1934, cuando de manera absurda, solo y sin apoyos, Companys declaró la República Catalana, que terminó con el Govern en la cárcel, la autonomía suspendida y casi 100 muertos.

Y en la actualidad, otro error: mantener hasta el 9 de noviembre la incertidumbre y la confrontación con el Gobierno central a sabiendas que la respuesta de Rajoy será la misma: imponer la ley y negar el diálogo.

A estas alturas todo el mundo (incluso los independentistas) tendría que tener claro que el referéndum no se celebrará. También deberían saber que tampoco tendría sentido celebrar una consulta tipo vodevil porque no sería válido ni legal (como afirma el catedrático Joaquim Brugué, que ha dimitido de la comisión de control) y nos convertiríamos en el hazmerreír del mundo. Continuar promulgando decretos después de la suspensión cautelar de la ley de consultas y del decreto de convocatoria, me parece un despropósito que no construye nada.

Otro error: mantener hasta el 9-N la incertidumbre y la confrontación con el Gobierno central a sabiendas que la respuesta de Rajoy será la misma,  imponer la ley y negar el diálogo

Aún así, Mas está en su salsa. De profeta que tenía una misión en el 2012 ha pasado a salvador de la patria. No se atrevió a salir al balcón de los errores pero bajó a la calle con los brazos extendidos a punto del martirio político, saludando a los acólitos y con Junqueras de lazarillo esperando poder aprovecharse de la ceguera del president.

Ahora busca la unidad para poder ejecutar la consulta. Lo hace con secretismo para evitar dar pistas al enemigo (el Gobierno del PP) y bajo la atenta mirada de control y tutela de este organismo privado llamado ANC. No olvidemos que la señora Forcadell ya dejó claro en una entrevista en El PAÍS que toda decisión del Gobierno tenía que ser consensuada con ellos. Por cierto, la ACN está haciendo encuestas a la ciudadanía de Cataluña mediante voluntarios —entre los cuales, para mayor esperpento, se encuentra la consejera de Enseñanza, Irene Rigau—, que, sin asomo de vergüenza, basan sus preguntas en una Cataluña independiente que tendrá más dinero y ninguna dificultad para formar parte de la UE. Los de la ANC aprovechan las preguntas-propaganda para pedir a los consultados sus datos, supongo que para completar las listas de adeptos y desafectos a la independencia.

Ante esta panorama, tengo una propuesta por si interesa a los del vuelo gallináceo español y catalán: se para el proceso siguiendo lo que marca el ordenamiento jurídico; el Gobierno catalán y los partidos que apoyan la consulta anuncian que se volverá a proponer más adelante un referéndum sobre la autodeterminación de Cataluña siguiendo las premisas básicas de que sea legal, consensuado y pactado; ante la negativa contumaz del Gobierno central solo quedará la esperanza de las urnas, que serán prolijas en el 2015 y podrían dar el poder a aquellos partidos que quieren cambiar la Constitución no solo para que Cataluña u otras zonas de España puedan ejercer sus derechos nacionales, sino para cambiar cuestiones de tipo social y de democracia y transparencia.

La solución vuelve a estar en manos de la ciudadanía, ya que sus votos provocarían la caída de los actuales Gobiernos ciegos y cegados de España y Cataluña y darían la posibilidad de constituir un gobierno que luchara con decisión contra las políticas de destrucción del Estado del bienestar, de privatización de servicios, de pérdida de derechos sociales, culturales y ambientales y contra la lacra de la corrupción. Un nuevo gobierno capaz de proponer un modelo económico que hiciera frente al capitalismo deshumanizado creador de desigualdades y pobreza.

Está en nuestras manos depositar la confianza en aquellas formaciones políticas que sean capaces de solucionar y no crear problemas, que sean capaces de dialogar y no esconderse bajo la ley, que sean valientes y que no se envuelvan con las banderas para esconder sus errores. La ciudadanía, usando la inteligencia y la virtud, es capaz de generar voluntades e ilusión para impulsar acciones y ejercer un control sobre los políticos para que construyan una sociedad más justa.

 

Joan Boada Masoliver es profesor de Historia