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Porcel y el detective Josep Pla

Edicions 62 rescata un ‘thriller a lo Camilleri’ del escritor mallorquín

Baltasar Porcel, en 2001.
Baltasar Porcel, en 2001.

Baltasar Porcel se temía, con fundamento, que era más conocido que leído, así por el público como por la crítica. La última prueba, y por partida doble, es la aparición ahora de su nouvelle Josep Pla investiga un crim al delta de l’Ebre (Edicions 62). Por un lado, no es una novedad: empezó como relato, del que se planteó hacer una gran historia pero que acabó ampliando e incluyendo en Cada castell i totes les ombres (2008), su última y ambiciosa novela, disección del catalanismo y la Barcelona actuales. Por otro, está la trama, buscando el halo popular y con aires de thriller: su admirado Pla hace de sabueso en un crimen cometido en la fiesta prematrimonial del hijo de un poderoso empresario el 19 de noviembre de 1975, víspera de la muerte de Franco. Entre los invitados en una finca del Delta del Ebro, todo personajes reales, como Laureano López Rodó, Emilio Botín, el escritor ampurdanés, las fuerzas armadas… los que temían la agonía del régimen y los que querían tomar las riendas al día siguiente.

 “Entre los 60 y 70 Porcel funcionaba bien, pero en los 80 y 90 no estaba ya entre los best sellers y eso le incomodaba, si bien era consciente de que era fruto de su lenguaje, muy literario, y del uso de construcciones complejas”, apunta el periodista y escritor Sergio Vila-Sanjuán, que desde hace dos años trabaja en los ordenados archivos que el autor mallorquín dejó en su casa de Valldoreix y con los depositados en el Arxiu Nacional de Catalunya para pergeñar una biografía del creador de El cor del senglar.

Conocedor de los grandes clásicos folletinescos como Dumas o los coetáneos Forsyth o Le Carré, Porcel intentó aventurarse en la senda popular (quizá El divorci de Berta Barca, en 1989, ya iba en esa línea) hasta que, cree Vila-Sanjuán, “encontró en Camilleri un modelo entre la reflexión histórica, la calidad literaria y un público amplio, por eso creo que éste es un thriller a la Camilleri”.

“Al ejercicio de ventrílocuo que hace con Pla, la exuberancia de su lenguaje y la capacidad de generar suspense añade aquí el perfecto retrato del tardofranquismo, que culmina en el cóctel donde disecciona a los personajes con gran precisión y una profundidad referencial sobre política o pintura impresionantes”, fija Àlex Susanna, director del Institut Ramon Llull y conocedor de la obra de Porcel. “Como intelectual es de los pocos que se interesa por cómo funciona el poder”, añade Vila-Sanjuán. Y, de algún modo, estar cerca de él, como su etapa de presidente del Instituto Catalán del Mediterráneo (1988-2000).

A los cinco años de su muerte, el 1 de julio, el escritor, de gran peso específico en la vida sociopolítica y literaria hasta bien entrados los 90, parece haberse diluido en el imaginario colectivo catalán, según defiende Susanna. “Era demasiado grande, exuberante, directo e incómodo para un país tan pequeño como Cataluña: la progresía izquierdosa le ignoró porque estaba con Pujol y en Convergència nunca se lo hicieron suyo”, sostiene.

“Era Porcelista y en su filosofía de vida pesaban los presocráticos y el pensamiento chino de la integración de contrarios; toda su vida está llena de enfrentamientos”, contextualiza su futuro biógrafo, que no cree que Porcel acabara tan desencantado con la política española y con la monarquía, con la que se relacionó desde que en 1977 conociera y asesorara al Rey Juan Carlos. “Eso funcionó hasta los 80, después fue a menos y acabó distanciado y muy decepcionado por el encaje entre Cataluña y España por el que tanto trabajó”, piensa en cambio Susanna, que cree que Porcel “vio que la cultura catalana no estaba bien interpretada y consolidada en España; él mismo, con un papel importante en el mundo intelectual español entre los 60 y 70, fue lentamente ignorado”. Para que quizá no pase también en su casa, se ultima una exposición para 2015 en Barcelona.