Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El inglés enfrenta a la Generalitat con las universidades públicas

Los rectores rechazan que el nivel B2 sea obligatorio para licenciarse

Los campus piden un plan que incluya a todo el sistema educativo

La intención de la Generalitat de que todos los universitarios deban acreditar un nivel de inglés medio —un B2, según la escala del Consejo Europeo, equivalente al First Certificate o al quinto curso de la Escuela Oficial de Idiomas— para licenciarse ha abierto una brecha entre el Gobierno catalán y las universidades. Los rectores comparten la necesidad de mejorar el nivel de inglés, pero rechazan que esta responsabilidad recaiga sobre ellos y reclaman un plan transversal en todo el sistema educativo. “Es el país el que tiene una carencia de inglés y esto la universidad sola no lo puede solucionar. Es un problema de país que necesita una solución de país”, defiende Ferran Sancho, rector de la Autónoma (UAB).

La Generalitat quiere que la medida se aplique de forma obligatoria a los estudiantes que empiecen las carreras este septiembre, de modo que deberán conseguir el nivel B2 antes de terminar sus estudios. Pero la normativa que lo regulará aún no se ha aprobado. La Secretaría de Universidades asegura que “en los próximos meses” se llevará al Parlament.

Las evaluaciones de la Generalitat revelan que el 25% de los alumnos de Primaria y el 20% de Secundaria suspende inglés. Los discretos resultados se mantienen en la Selectividad. La nota media en esta materia fue en junio un 6,04, la más baja de todas las materias comunes de la Selectividad.

El 43% de los alumnos que

entra a la UAB carece del

nivel de bachillerato

El nivel actual de inglés de los universitarios tampoco es mucho mejor. Aunque no existen estadísticas oficiales globales, algunas universidades sí evalúan a sus alumnos. Según las encuestas realizadas el curso pasado, el 23% de los alumnos de primero de la Universidad Autónoma (UAB) ya tienen un nivel igual o superior al B2. El porcentaje cae al 16% en la Pompeu Fabra (UPF). No obstante, el 43% en la UAB y el 27% en la UPF no llega ni al B1, el listón que en principio deben alcanzar al final del bachillerato.

Con este panorama, los rectores consideran que el trabajo que queda por hacer es ingente. Pero, ¿cómo se mejorará el nivel inglés? ¿Quién lo va a financiar? El rector de la Rovira i Virgili, Francesc Xavier Grau, aplaude la acreditación del inglés, pero con reservas. “Hay que ser realista y en cuatro años los estudiantes no pueden conseguir lo que no han hecho en doce”. La Secretaría de Universidades deja la mejora en manos de los estudiantes y solo ha apuntado la posibilidad de crear cursos a distancia. Los campus piden becas para que este requisito idiomático no se convierta en un elemento de desigualdad y en un obstáculo para que no puedan licenciarse los alumnos que no puedan pagarse academias de idiomas.

La idea de implantar la acreditación de inglés en los universitarios no es nueva. Todos los intentos se han quedado en agua de borrajas

La idea de implantar la acreditación de inglés en los universitarios no es nueva. En 2008 ya lo intentó el tripartito. Cinco año antes, el mismo Andreu Mas-Colell, entonces consejero de Universidades, también lo anunció. Todos estos intentos se han quedado en agua de borrajas. Xavier Colom, vicerrector de Estudiantes de la UPC, apremia a la Generalitat para que lo implante. “Si esperamos más, habrá una generación de estudiantes que perderá este tren”.

No obstante, algunas universidades han tomado la iniciativa. La Rovira i Virgili o la Pompeu obligan a tener el B2 para titularse en algunos grados. Pero en la Universidad Politécnica (UPC) el requisito se extiende a todas las carreras desde el curso 2009-10. El nivel requerido se puede demostrar de cuatro maneras diferentes: o presentando un título oficial, elaborando y defendiendo en proyecto final de carrera en inglés, cursando un mínimo de nueve créditos de asignaturas en este idioma o realizando un Erasmus durante al menos un cuatrimestre. “Tener un buen nivel no debe ser un mérito, sino un requisito imprescindible. Muchos licenciados saben que tendrán que trabajar fuera”, apunta Colom.