Valdemingómez ampliará el vertedero y duplicará su capacidad para incinerar

El basurero se extenderá por el área limítrofe antes de verse colmado en 2018

Una excavadora apila residuos orgánicos en Valdemingómez.
Una excavadora apila residuos orgánicos en Valdemingómez. carlos rosillo

En las ciudades, los tomates parecen crecer en los supermercados, y las bolsas de basura se volatilizan en los camiones que las recogen a medianoche. Y si bien es cierto que en la capital no abundan los campos de cultivo, lo que sí hay es un gigantesco vertedero al que llegan todos los residuos. Casi de la mitad, para quedarse. Otros, el 30%, para ser reciclados. Y el 23% restante, para ser incinerados a 800 grados.

El vertedero de Valdemingómez abrió en 1978. Merced a una inversión de 143 millones de euros entre 2005 y 2011, con Alberto Ruiz-Gallardón (PP) en la alcaldía y Ana Botella en la Concejalía de Medio Ambiente, se reconvirtió en un parque tecnológico que permite el aprovechamiento energético de la basura. Se ha transformado así en el principal productor de renovables de Madrid.

Pero cada día siguen llegando allí 4.000 toneladas de residuos, generados por 4,8 millones de personas en la capital, Rivas y Arganda. Y pronto no habrá hueco para más. Valdemingómez ocupa 300 hectáreas, de las que 210 corresponden al vertedero. De estas, 110 están rellenadas, selladas y cubiertas por un parque. El Ayuntamiento calcula que, al ritmo actual, la capacidad del vertedero se habrá colmado en 2018.

El desarrollo tecnológico ha permitido ganar un año, y podría alargar aún la vida útil más allá de 2018, pero se están buscando ya soluciones, que pasan por duplicar la capacidad de incineración de la planta, y por ampliar la superficie del vertedero.

Valdemingómez está encajonado entre la M-50, el límite municipal de Rivas y de Getafe, y los desarrollos urbanísticos de Villa de Vallecas. El Partido Popular ya reconocía en su programa electoral de mayo de 2011 que agrandar el vertedero sería difícil: “Las infraestructuras necesarias ocupan mucho espacio. El actual Plan General de Ordenación Urbana recoge que solo queda un 39% del suelo del municipio como no urbanizable. El 88% pertenece a El Pardo y cuenta con la máxima protección medioambiental. La posibilidad de ocupar nuevos espacios en un futuro próximo para ubicar un nuevo basurero, que se beneficie además de la proximidad de Valdemingómez para minimizar costes económicos y ambientales, es muy escasa. Por ello, es absolutamente necesario ampliar al máximo la vida útil del vertedero actual”. Pese a ello, los responsables de Valdemingómez han realizado estudios de evaluación para marcar la senda de esa ampliación. Influirá además el plan de recuperación de la Cañada Real, cuyos terrenos próximos al parque se quieren aprovechar para usos industriales ligados a éste.

El área de Urbanismo no tiene en cualquier caso ningún proyecto cerrado a día de hoy, aunque el futuro de Valdemingómez deberá aparecer reflejado en el nuevo Plan General de Ordenación Urbana, cuyo primer avance se presentará en breve y que debería estar aprobado definitivamente en 2015 o 2016 a más tardar.

Pero, además de ampliar el vertedero, el Ayuntamiento quiere aumentar el aprovechamiento energético de la basura, tal y como avanzaba el PP en su programa electoral. La directora de Valdemingómez, Miriam Sánchez, señaló ayer en la Comisión Municipal de Medio Ambiente y Movilidad que la razón hay que buscarla en el agotamiento del espacio para almacenar residuos.

Desde el inicio de la crisis, y gracias también al incremento del reciclado, se ha reducido un 23% la acumulación de basura, pero eso no evitará que el vertedero se colme en 2018. Para alargar su vida, se plantea duplicar la capacidad de incineración, aunque el proyecto está en el aire por las restricciones presupuestarias, según Sánchez.

En la actualidad, se producen 280.000 megavatios por hora (el 23% por el biogás del vertedero). El objetivo es ampliar la producción en 260.000 megavatios por hora. Al mismo tiempo, se reduciría la entrada de residuos en 350.000 toneladas; es decir, una cuarta parte del ritmo actual. De esta manera, podría ganarse uno o dos años de vida. Y se ahorrarían 250.000 toneladas de emisiones de dióxido de carbono al aire.

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La calidad del aire es lo que más preocupa precisamente a la oposición. La concejal socialista Ruth Porta denunció ayer que la incineración “es obsoleta y provoca riesgos para la salud”. El Partido Socialista, que lidera Jaime Lissavetzky, propone clausurar progresivamente la incineradora y apostar en su lugar por el reciclado de residuos sólidos urbanos. Ante estas críticas, la directora de Valdemingómez arguyó que “está suficientemente acreditado que la incineración produce menos emisiones”.

La concejal de Izquierda Unida Raquel López criticó ayer al Gobierno municipal por permitir la construcción de 28.000 viviendas en el ensanche de Vallecas, cuyos ocupantes sufren ahora los malos olores de Valdemingómez. Mencionó, además, un reciente estudio encargado por los propios vecinos para denunciar su situación, que refuerza las críticas del Defensor del Pueblo. El Ayuntamiento restó validez a ese estudio por la metodología empleada y aseguró que la concentración de olores se ha reducido más de un 80% desde la denuncia del Defensor, una vez que el tratamiento de materia orgánica ya no se hace al aire libre.

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