Penurias en la cuna del saber

Los recortes de la Xunta acorralan al rector en la Universidad de Santiago El claustro rechazó los presupuestos y cinco vicerrectores dimitieron

El rector, Juan Casares Long, de negro, durante la apertura de curso de 2011 en la Universidad de Santiago.
El rector, Juan Casares Long, de negro, durante la apertura de curso de 2011 en la Universidad de Santiago.ANXO IGLESIAS

Los recortes ya han mordido en la Universidad de Santiago de Compostela (USC) y el rector, Juan Casares Long, se enfrenta a un mandato presidido por la crispación. La estricta austeridad impuesta por la Xunta y acatada por él sobrevuela un mandato polémico: el claustro le ha dado la espalda rechazando por segundo año consecutivo los presupuestos. “Está solo, arrinconado y asume un gobierno que no tiene”, resume la situación del catedrático de Ingeniería Química responsable de la dirección de la USC el portavoz en el claustro del colectivo nacionalista de Personal de Administración y Servicios (PAS), A Trabe, Antonio Pérez Casas.

Pérez atribuye la “soledad” del rector a su “empecinamiento” por “plegarse a los dictámenes” de la Xunta. “No puede gobernar por falta de apoyo, pero se niega a dimitir, como le pedimos, alegando que fue elegido en un proceso democrático”, explica el portavoz de A Trabe.

El personal al que representa este colectivo no es el único que echa en cara a Casares su “debilidad” por aceptar “sin discutir” los recortes que impone el gobierno autonómico. El catedrático de Historia Contemporánea Lorenzo Fernández Prieto (rival del candidato independiente Casares al rectorado en 2010, en unas reñidas elecciones en las que Fernández tenía el apoyo del colectivo nacionalista de profesorado Universidade Aberta) dibuja también un panorama de descomposición de la emblemática universidad compostelana. “Es cierto que hay que apoyar a quien gobierna, pero a la falta de criterio del rector se suma ahora la falta de respeto académico”, reprueba Fernández Prieto, miembro también del claustro, la actitud y gestión de Casares.

El historiador asegura que el claustro ofreció colaboración al rector para que pudiera plantar cara a los recortes impuestos por la Xunta. “Le pedimos que nos dijera lo que necesitaba con la intención de ayudarle, pero hasta ahora”. Fernández Prieto sostiene, como el representante de A Trabe, que los integrantes del claustro desconocen incluso los criterios para la reducción del gasto. El catedrático de Historia es contundente en su denuncia del momento que atraviesa la universidad compostelana. Así, tilda de “auténtico destrozo” la situación toda vez que “el rector no cumple lo que le dicen los órganos” competentes.

“No hay gobierno”, coincide también en este caso con Pérez Casas al enumerar las dimisiones de cinco vicerrectores del equipo de Casares. El exoponente de Casares se muestra convencido de que “tardaremos muchos años en recomponer la situación de esta universidad”. “¿Por qué el gobierno no cumple lo que le dicen los órganos?”, se pregunta el representante del colectivo nacionalista. “Es cierto que el rector fue elegido por sufragio universal y en ese sentido tiene legitimidad para gobernar”, argumenta, pero advierte de la situación a la que está llevando a la Universidad.

Pero el rector Casares Long cuenta con apoyos. Frente a las críticas de estos dos representantes del claustro la también integrante de este organismo y exconselleira socialista de Educación, Laura Sánchez Piñón, expresa su “total respaldo al rector” de la Universidad de Santiago. Sánchez Piñón, que pugnó también con Fernández y Casares por el Rectorado, disculpa a este último. “No tiene capacidad de maniobra frente a los fondos finalistas que le ofrece la Xunta”, lo exonera de responsabilidad.

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En su opinión, acuciada como está por los recortes y con la mitad del gobierno (el claustro) dando la espalda a la otra mitad (el rector), la USC puede trabajar como lo ha hecho hasta ahora y cubriendo por su cuenta las carencias económicas que impone la Administración autonómica.

Sánchez Piñón cree que, por una parte, el rector debe buscar consensos —“y estoy segura de que los logrará”, precisa— y por otra, debe buscar financiación “en fondos de investigación europeos y en empresas de países pujantes iberoamericanos” que necesitan desarrollo de I+D, además de en las empresas españolas. “Todos deberíamos de apoyar tanto al rector como al equipo porque lo contrario supone un desgaste innecesario que no nos lleva a ningún lado”, razona la exconselleira.

“Yo creo que ni siquiera él tenía interés en aprobar” las cuentas de 2013, destaca sin embargo el representante de A Trabe, advirtiendo de que Casares “ni siquiera se molestó en consensuarlo con un número de personas del claustro suficiente para aprobarlo”.

Pero Casares Long no se siente ni solo, ni cuestionado, ni con dificultades para llevar a buen puerto a la Universidad de Santiago. El rector compostelano quita hierro a la situación actual de su gobierno y a las peticiones de dimisión que ha recibido. “Todos los claustros de todas las universidades piden la insumisión o la dimisión” de los rectores, sentencia.

"Somos los rectores de la crisis"

Casares no siente la soledad del gobernante sin apoyos. El claustro le tumbó los presupuestos de dos años consecutivos (2012 y 2013) pero él sostiene que cuenta con respaldos suficientes y, sobre todo, la “responsabilidad necesaria” para gestionar en época de vacas flacas con un presupuesto prorrogado correspondiente a 2011. El rector reconoce la flaqueza de la USC en este momento, pero advierte de que es la misma que afecta a las demás universidades gallegas. No en vano, asegura, él y sus colegas de Vigo y A Coruña se autodenominan “los rectores de la crisis”.

A Casares Long no le parece preocupante que le hayan dimitido cinco vicerrectores. “Esto es algo habitual en todos los equipos”, resta hierro al asunto para precisar que “al del mandato anterior al mío le presentaron también cinco la dimisión y al anterior a este, tres”, zanja la cuestión de la ruptura de las fidelidades.

Casares reconoce la dificultad de gestionar en una época de “crisis estresante” como esta y asegura que, lejos de las críticas de la mayoría del claustro, él no se ha plegado nunca a las decisiones de la Xunta.

“Denuncie judicialmente o presente la dimisión”, le pidió la mayoría del claustro cuando presentó los presupuestos de los recortes de la Xunta. Él no hizo ni una cosa ni la otra. “Naturalmente que estoy en contra de los recortes a a la educación en general y a la educación universitaria en particular”, sostiene mientras apunta que ha manifestado en varias ocasiones su malestar a la Xunta. “Claro que no estoy de acuerdo con los recortes, pero estoy obligado a gobernar y a cumplir la ley”, sentencia.

En su opinión, la situación de la carismática Univesidad de Santiago no difiere de las demás, “solo que aquí se concentra el poder político y actúa como caja de resonancia”.

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