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Borja-Villel defiende que el técnico debe dirigir el museo, no el político

El responsable del Reina Sofía certifica en Claustre Obert el fin del predominio del museo de autor

Manuel Borja-Villel, el viernes, en la Nau.
Manuel Borja-Villel, el viernes, en la Nau.

El director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, sostiene que es fundamental la autonomía de gestión de instituciones como los museos "respecto a los avatares políticos y a cualquier tipo de presión de posibles patrocinadores". Lo dijo este viernes en el seno de Claustre Obert, el espacio de debate creado por la Universitat de València y EL PAÍS, minutos antes de impartir la conferencia El futuro de los museos, ante un aula magna abarrotada. El castellonense (Burriana, 1957) defendió en la Nau Centre de Cultura la necesidad de que los "directores de los museos no sean cargos políticos sino cargos técnicos" e hizo hincapié en la existencia del manual de las buenas prácticas que posibilita esa elección.

Así fue elegido Borja-Villel director del Reina, tras llevar las riendas del Macba y la Fundació Tàpies. Tres experiencias que utilizó para ilustrar los cambios acometidos desde la década de los ochenta en los museos. Desde la fundación, por ejemplo, del ilusionante IVAM, hasta la actualidad, marcada por la crisis que afecta a la supervivencia del modelo, pasando por la etapa de "la arquitectura de autor" de los noventa que han llegado a su fin. Una evolución que refleja también los cambios en la cultura del país.

"Está claro que el IVAM tenía una presencia que ya no tiene"

Sobre la evolución del IVAM, el historiador del arte se pronunció a propósito de una pregunta formulada por José Luis Pérez Pont, presidente de la Asociación Valenciana de Críticos de Arte, colaboradora en la organización de la conferencia. "Está claro que el IVAM tenía una presencia que ya no tiene", respondió. Y abundó en la importancia de que un museo tenga un "discurso, un relato", con el establecimiento de asociaciones temporales, transversales o temáticas, que lo identifique.

En su intervención, incidió precisamente "en el relato de lo que se cuenta, en los dispositivos de mediación  y en la idea de público" que definen su propuesta en el Reina Sofía. Criticó el discurso jerárquico, elitista, vertical, del que sabe mucho al que no sabe nada, así como las relaciones imperantes entre centro y periferia. Abogó por mostrar otras realidades que la visión óptica hegemónica en un momento histórico, como el arte latinoamericano, por ejemplo, junto a la al arte estadounidense. "Realidades que tienen idéntico valor", afirmó. 

Mostró diapositivas de la colección permanente del Reina Sofía, de la sala en que junto a un Rothko se proyecta la película La ventana indiscreta, de Hichtcock, o aquella en que se proyecta Bienvenido Mr. Marshall, junto a arte norteamericano. Postuló la creación de "comunidades de afectos". Reivindicó, además, "las exposiciones pequeñas que dan visibilidad a las minorías". 

Ante la brutal crisis, Borja-Villel concluyó que son necesarias nuevas fórmulas eficaces de colaboración público y privadas, en las que la propiedad ya no es el factor determinante, para seguir ofreciendo un servicio público. 

El director del Reina fue presentado por el catedrático de Estética de la Universitat de València, Roman de la Calle, que fue, precisamente, profesor suyo. De la Calle destacó la capacidad de Borja-Villel de vincular la gestión con su mirada histórica y su capacidad crítica y de contextualizar. El vicerrector de Cultura, Antonio Ariño, ejerció de moderador en el posterior turno de preguntas e intervenciones del público.

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