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La obra más cara de la Ciudad de las Artes cuadruplicó los costes

El PP cambió una torre de comunicaciones de 97 millones por un Palau de 434

Santiago Calatrava, el día de la presentación del Palau de les Arts, dos días antes de su inauguración el 9 de octubre de 2005
Santiago Calatrava, el día de la presentación del Palau de les Arts, dos días antes de su inauguración el 9 de octubre de 2005

La decisión del Gobierno de Eduardo Zaplana, cuando el PP llegó a la Generalitat Valenciana, de modificar el proyecto de la Ciudad de las Ciencias que había impulsado el socialista Joan Lerma desde la presidencia del Consell disparó los costes de construcción del complejo de ocio. Los populares transformaron en Ciudad de la Artes y las Ciencias el proyecto y sustituyeron una torre de telecomunicaciones prevista inicialmente por lo que es actualmente el Palau de les Arts, es decir, una ópera. La maniobra ha hecho que el principal edificio del complejo haya más que cuadruplicado sus costes, al pasar de cerca de 97 millones de euros (84,3 más IVA) a 434,2 millones, a los que hay que sumar los 44,3 cobrados por Santiago Calatrava.

Los contratos a los que ha tenido acceso el diputado Ignacio Blanco, de Esquerra Unida del País Valencià, en la sede la empresa pública Ciudad de las Artes y las Ciencias, SA (Cacsa) revelan que el cambio se resolvió mediante una novación del contrato inicial, de manera que la misma adjudicataria de la torre, una unión temporal de empresas formada por Cubiertas y Mozv y Dragados y Construcciones, asumió la modificación del objeto del contrato sin que se produjera un nuevo concurso.

Concretamente, el contrato para la ejecución de la Torre de Telecomunicaciones de Valencia fue firmado en febrero de 1995 por el entonces consejero de la Generalitat y presidente de la empresa pública València, Ciència i Comunicació, SA (Vacico), Aurelio Martínez, con un presupuesto de 14.026 millones de pesetas (84,3 millones de euros) a los que había que sumar el IVA, lo que elevaba la cifra a unos 97 millones de euros.

En noviembre de 1996, Miguel Navarro, como responsable de la nueva empresa pública Ciudad de las Artes y las Ciencias, SA (Cacsa) suscribió una “novación modificativa del contrato” con la UTE de manera que la adjudicataria, que ya había ejecutado trabajos de cimentación, se comprometía a adaptar esa cimentación a los nuevos usos y a ejecutar “las obras de construcción del Palacio de las Artes, según anteproyecto redactado por Calatrava Valls, SL y los demás documentos que, a medida que se vayan redactando, pasarán a formar parte integrante del presente contrato”.

No se licitó de nuevo la obra ni se fijó un nuevo presupuesto”, destacó ayer Ignacio Blanco

Fue el inicio de un proceso que culminó en octubre de 2005, ya con Francisco Camps en la presidencia de la Generalitat, con la inauguración del edificio. El Palau de les Arts se convirtió en la más cara de las obras del complejo de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, ya que su construcción ha costado 478,5 millones de euros, incluyendo los sustanciosos honorarios del arquitecto.

“No se licitó de nuevo la obra ni se fijó un nuevo presupuesto”, destacó ayer Ignacio Blanco, en cuya opinión el procedimiento fue manifiestamente irregular y tuvo consecuencias económicas de envergadura. “Los sobrecostes exceden todo lo aceptable”, señaló el parlamentario, para quien la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia ha sido “un pozo sin fondo por dos razones fundamentales: la falta de definición de los proyectos de Santiago Calatrava, que hace poco fiables los presupuestos, y la improvisación y los caprichos durante las obras”.

Según Blanco, que ha levantado una gran polvareda al dar a conocer los contratos de la Generalitat Valenciana con Calatrava, —por los que el arquitecto obtiene hasta un 12% de los costes finales de las obras, una práctica que se ha traducido en ganancias de más de 94 millones de euros en la Ciudad de las Artes—, “la culpa fundamental no es de Calatrava sino de quien lo ha permitido”.

La documentación que ha conseguido consultar el diputado evidencia que los sobrecostes fueron notables en la ejecución de todo el complejo, hasta el extremo de que prácticamente ninguno de sus edificios se ha librado de duplicar los costes previstos en los contratos de adjudicación de las obras. Blanco destacó especialmente el caso del Ágora, un elemento de la Ciudad de las Artes y las Ciencias que todavía está inacabado pero que ya alcanza los 93 millones de euros de coste (sin incluir los 9,3 millones de honorarios de Calatrava), cuando fue adjudicado a una UTE de Lubasa, Cyes y Rover Alcisa en 2006 por 41,3 millones de euros más IVA.

Las denuncias de Esquerra Unida por el “derroche” en el emblemático complejo de ocio de Valencia han suscitado la reacción del propio Calatrava, que salió a defender su obra hace unos días, y de la Generalitat. También del PP valenciano. Ayer mismo, el portavoz parlamentario popular, Rafael Blasco, reiteró las cifras con las que justificó la semana pasada el vicepresidente del Consell, José Ciscar, la inversión de más de 1.102 millones de euros en el complejo: 47 millones de visitantes desde su inauguración, 342 millones de euros de ingresos y 40.000 puestos de trabajo generados. A Esquerra Unida no le parece de recibo lo que ha ocurrido con el más llamativo de los “grandes proyectos” de la Generalitat y su diputado Blanco asegura que exigirá “responsabilidades a quien dio manga ancha a Calatrava de forma injustificable”.

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